Solidaridad de palabra



L´Osservatore Romano / 13 de julio.- Mucha solidaridad de palabra. Pero respecto a los hechos, Europa sigue permaneciendo inerte ante el drama de la emigración en el Mediterráneo y ante las dificultades de Italia, ya sola en primera línea para afrontar la emergencia. Solo ayer fueron rescatados 4100 migrantes socorridos a lo largo de las costas líbicas en veinte operaciones. Durante los primeros meses de 2017, según los datos de Frontex, se contaron 85.000 llegadas a Italia, con un aumento del 21 por ciento respecto al mismo periodo de 2016. Nada nuevo ha surgido de la cumbre trilateral de Trieste, al margen de la reunión sobre los Balcanes, entre el presidente del Consejo de Ministros italiano, Paolo Gentiloni, el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel. Para entender el clima del encuentro son suficientes, las palabras de Gentiloni, que dirigiéndose a Macron ha dicho: «[El presidente francés] distingue entre migrantes económicos y refugiados que huyen de las guerras, pero no ve la realidad de las grandes migraciones». Gentiloni entonces ha subrayado que Italia continuará a «batirse» para que la política migratoria «no sea encargada solo a algunos países sino que sea compartida por toda la Unión Europea».

La canciller Merkel ha expresado una formal solidaridad con Italia, que «ha hecho cosas fantásticas por los migrantes», y que ha puesto de relieve la necesidad de encontrar estrategias comunes «para estabilizar la situación en Libia; es nuestro deber trabajar para hacer que los migrantes sean tratados de manera digna y detener la trata. Europa no puede ser solo unión económica, sino que debe afrontar los desafíos comunes».

Más dura ha sido la posición de Macron, que ha puesto el acento en la distinción entre migrantes económicos y refugiados. Aun reconociendo que «Francia no siempre cumplido con su parte» en materia de inmigración, el presidente ha explicado: «No podemos acoger a todos, no podemos acoger a quien viene a Francia por motivos económicos». Quien llega de lejos «desde Siria, Eritrea y otros Países donde se combate por la libertad, debe ser acogido en Europa y, sobre todo en Francia, nos asumiremos nuestra responsabilidad. Pero confundimos refugiados políticos con migrantes económicos, y si acoger a los primeros es un deber de humanidad, no podemos acoger a quien por motivos económicos intenta venir a nuestros países». Sin embargo las palabras de Merkel y de Macron chocan con los hechos concretos. Ayer el director de la agencia Frontex Fabrice Leggeri, en una audiencia en el Parlamento europeo, dijo que «no hay miembros disponibles ante la petición italiana» de hacer atracar los barcos de Triton (la misión de socorro en el Mediterráneo) también en otros puertos europeos, además de los italianos. En definitiva, no obstante los buenos propósitos y las declaraciones, ninguna solución concreta.

Para desbloquear la situación, el ministro de interior italiano, Marco Minniti, se ha dirigido hoy a Libia para reunirse con el primer ministro del gobierno de unidad nacional, Al Sarraj, y otros ministro de su gobierno. «Libia hará todo lo que puede para trabajar con Italia para derrotar a los traficantes de seres humanos y aligerar la presión sobre las costas italianas» se lee en un tuit de la embajada italiana en Trípoli sintetizando declaraciones hechas por Sarraj.
Volver arriba