Mensaje de los obispos al pueblo mexicano. Seis abrazos en el dolor para suscitar esperanza

Seis abrazos en el dolor para suscitar esperanza
Seis abrazos en el dolor para suscitar esperanza

“A lo largo de la historia nuestro pueblo ha sabido sobreponerse a momentos difíciles de donde ha salido fortalecido…”

La alegoría del abrazo como gesto de empatía, cercanía, encuentro, calidez y apoyo, es ahora el principal ingrediente de un especial mensaje de los obispos de México justo en una fecha de especial significado para la Iglesia universal, la solemnidad de los apóstoles Pedro y Pablo.

En tiempos de pandemia, lo más ausente es la cercanía entre quienes hacemos una comunidad, la ausencia de saludos y la prohibición de los gestos de afecto en un sencillo y cálido abrazo por temor al contagio ha sido en este tiempo la política cotidiana para vencer al virus. El mensaje de los obispos pretende ir al encuentro de quienes sufren y hacen posible que la sociedad marche a pesar de los factores de desencuentro y polarización política. Los seis abrazos enfermos y vulnerables, desamparados, sufrientes y pobres, las víctimas de las violencias, para extender un gesto a la cultura democrática, a quienes son responsables de la comunidad educativa y, en general, a todo el pueblo de Dios, a hombres y mujeres de buena voluntad.

El mensaje “Abrazar a nuestro pueblo en su dolor” llega justo en una coyuntura muy difícil, no sólo provocada por los efectos de la pandemia. Sin entrar en una confrontación directa con las autoridades, la calidez de las palabras pretende una advertencia de los evidentes signos que están descomponiendo a la sociedad cuando millones están en la carestía, la desesperación, y falta de recursos.

“Podremos superar los actuales desafíos globales y nacionales” a través de ver los unos a los otros. Pero el mensaje no peca de ingenuo ni es una lista de buenos deseos que quedan al aire. El episcopado pretende dar la mano en señal de apoyo para decir además que la actual forma de hacer las cosas puede ser revisado y rectificado. Citando el documento rector de la evangelización que recordará el tercer milenio de nuestra redención y los 500 años del hecho guadalupano, el PGP 2031-2033, además de apuntar las palabras del Papa Francisco de quien los actuales políticos en el poder han echado mano, el diagnóstico pesa espacialmente en los vacíos, los errores, contradicciones y posibles desatinos de las autoridades sanitarias, laborales, de seguridad y justicia, de bienestar social, responsables de la organización de las elecciones, de la justicia electoral, empresarios,  a quienes forman parte del proceso educativo y a todos quienes, de alguna u otra forma, tienen alguna responsabilidad en la sociedad mexicana.

Para los obispos, el discurso debe tildarse especialmente en quienes padecen, pero el pronunciamiento advierte de los actores con un papel o “actividad esencial” para el futuro. Justo en esta coyuntura de caída de la economía, de descompesación sanitaria, polarizaciones e incetidumbre, aparecen estas tareas que no deben aplazarse como antídotos contra la discordia y amalgamar los procesos más urgentes para salir de este atolladero: transparencia, derecho a la información, fortalecimiento y relaboración del sistema de salud y educativo, acceso a servicios educativos y sanitarios, creación de empleos, promoción de la economía solidaria y subsidiaria, de promoción de la libertad de expresión crítica y responsable –“una prensa libre es señal de una sociedad libre”-, de organización de elecciones libres e imparciales y de la autonomía de las instituciones –“la larga historia de imposición y manipulación de procesos democráticos que caracterizaron en el pasado a nuestro país es un doloroso recuerdo que por ningún motivo debe repetirse”- y la promoción del proceso educativo responsable del cual el Estado es principal rector, pero con agentes indispensables para su consolidación: padres, familias, maestros.

El mensaje es un llamado de atención que nos pega a todos. En su experiencia, la Iglesia llama a un pacto para “generar espacios de encuentro, diálogo, y consensos sociales, económicos y políticos”. Seis abrazos que muestran un gesto para reconciliar, pero a la vez son llamado al “compromiso común por la vida, la justicia, la solidaridad, la subsidiariedad, y el cuidado de nuestra "casa común". ¿La clave? El diálogo para un país urgido de auténticos alfareros que modelen la paz.

El mensaje completo puede leerse aquí

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