La herencia del hombre es la muerte
El cielo es el amor de Dios / Mons. Carlos Quintero Arce. CEM. 19 de septiembre
‹‹La muerte no es un punto final, es un tránsito. Al acabar nuestro viaje en el tiempo, viene el paso a la eternidad›› (San Cipriano; tratado sobre la muerte, 22)
1.- La herencia del hombre es la muerte (cf. Romanos 6,23). Yo quiero recordar hoy esto porque en este tiempo se quiere eliminar su herencia natural, porque vivimos en una sociedad del bienestar. Alejamos de nuestras casas a los moribundos y hablamos de la eutanasia que en el fondo es un rechazo desesperado de la muerte, con un intento vano y desesperado de controlarla.
Es cierto que Cristo anulo el poder de la muerte y nosotros confesamos en el credo la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro por eso hablamos del cielo y no solamente de la salvación del alma en un impreciso más allá. No, porque Dios es nuestro amigo y no nos abandona ni siquiera en la muerte y mas allá de ella, sino que nos tiene reservado un lugar, como nos dijo Jesús en el Evangelio, esto es lo importante y es realmente una esperanza que nos permite vivir con confianza. Es el amor, que Jesús tiene, lo que venció la muerte y nos da la eternidad, y es ese amor lo que llamamos cielo.
2.- Quiero seguir el pensamiento del Papa Benedicto XVI, quien celebró la misa de la Asunción de María el pasado 15 de agosto en la parroquia de santo Tomas de Villanueva, en Castelgandolfo. El Papa afirmo entonces "la vida de la resurrección ya está presente en nosotros". Por eso nos atrevemos a decir que nuestro cristianismo no anuncia solo "una cierta salvación del alma en un impreciso más allá" sino que promete la vida eterna.
En este sentido, todos nosotros cristianos estamos llamados a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta en el mundo de Dios un mundo que sobrepasara todo lo que nosotros mismos podríamos construir y soñar. Si leemos a San Pablo veremos que hemos sido inmersos en el misterio pascual de Cristo, por tanto hemos participado de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.
San Pablo nos dice que todos fuimos incorporados en Adán el primer hombre (cf. Romanos 5,12), el hombre viejo y por consiguiente estamos sometidos al sufrimiento, a la muerte y al pecado. Pero, sin embargo, también fuimos incorporados en el hombre nuevo, en Cristo resucitado porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia, luego los de Cristo en su venid. (cf. 1Corintios 15, 21-23)
3.- Todos somos bien conscientes de que con el término cielo no nos referimos a un lugar cualquiera del universo, nos referimos a algo mucho mejor y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con el término cielo queremos afirmar que Dios no nos abandonara ni siquiera en la muerte, sino que nos tiene reservado un lugar, queremos afirmar que en Dios hay un lugar para nosotros. De hecho si existimos, es porque Dios nos ama y nos ha llamado a la vida. Existimos pues, en los pensamientos de Dios y en el amor de Dios. También es su amor el que venció la muerte y nos abrió la eternidad y es ese amor lo que llamamos cielo.
"No te turbe el oír de muerte, antes bien, deléitate en los dones que te aporta este transito feliz. ¿Qué significa en realidad para ti la muerte sino la sepultura de los vicios y la resurrección de las virtudes?" (cf. San Ambrosio; Tratado sobre el bien de la muerte).
Jesucristo verdadero Dios es quién nos ama y nos acoge en su eternidad. Por eso anunciamos y creemos en una vida eterna "la vida del mundo futuro" en la que todo lo que nos es valioso y querido encontrará su plenitud en Dios. Por eso tenemos una fuerte esperanza en un futuro luminoso y buscamos abrir el camino hacia la realización de este futuro. Así en María llevada al cielo, plenamente participe de la resurrección de su hijo contemplamos la realización de nuestro futuro.
+ Carlos Quintero Arce
Arzobispo Emérito de Hermosillo
Correo electrónico: arzobispoquinteroarce@gmail.com Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla
Twitter: @arzquinteroarce
Facebook: carlos quintero a
Blog: http://formagregis.blogspot.com/
‹‹La muerte no es un punto final, es un tránsito. Al acabar nuestro viaje en el tiempo, viene el paso a la eternidad›› (San Cipriano; tratado sobre la muerte, 22)
1.- La herencia del hombre es la muerte (cf. Romanos 6,23). Yo quiero recordar hoy esto porque en este tiempo se quiere eliminar su herencia natural, porque vivimos en una sociedad del bienestar. Alejamos de nuestras casas a los moribundos y hablamos de la eutanasia que en el fondo es un rechazo desesperado de la muerte, con un intento vano y desesperado de controlarla.
Es cierto que Cristo anulo el poder de la muerte y nosotros confesamos en el credo la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro por eso hablamos del cielo y no solamente de la salvación del alma en un impreciso más allá. No, porque Dios es nuestro amigo y no nos abandona ni siquiera en la muerte y mas allá de ella, sino que nos tiene reservado un lugar, como nos dijo Jesús en el Evangelio, esto es lo importante y es realmente una esperanza que nos permite vivir con confianza. Es el amor, que Jesús tiene, lo que venció la muerte y nos da la eternidad, y es ese amor lo que llamamos cielo.
2.- Quiero seguir el pensamiento del Papa Benedicto XVI, quien celebró la misa de la Asunción de María el pasado 15 de agosto en la parroquia de santo Tomas de Villanueva, en Castelgandolfo. El Papa afirmo entonces "la vida de la resurrección ya está presente en nosotros". Por eso nos atrevemos a decir que nuestro cristianismo no anuncia solo "una cierta salvación del alma en un impreciso más allá" sino que promete la vida eterna.
En este sentido, todos nosotros cristianos estamos llamados a edificar este mundo nuevo, a trabajar para que se convierta en el mundo de Dios un mundo que sobrepasara todo lo que nosotros mismos podríamos construir y soñar. Si leemos a San Pablo veremos que hemos sido inmersos en el misterio pascual de Cristo, por tanto hemos participado de su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.
San Pablo nos dice que todos fuimos incorporados en Adán el primer hombre (cf. Romanos 5,12), el hombre viejo y por consiguiente estamos sometidos al sufrimiento, a la muerte y al pecado. Pero, sin embargo, también fuimos incorporados en el hombre nuevo, en Cristo resucitado porque, habiendo venido por un hombre la muerte, también por un hombre viene la resurrección de los muertos. Pues del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos revivirán en Cristo. Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia, luego los de Cristo en su venid. (cf. 1Corintios 15, 21-23)
3.- Todos somos bien conscientes de que con el término cielo no nos referimos a un lugar cualquiera del universo, nos referimos a algo mucho mejor y difícil de definir con nuestros limitados conceptos humanos. Con el término cielo queremos afirmar que Dios no nos abandonara ni siquiera en la muerte, sino que nos tiene reservado un lugar, queremos afirmar que en Dios hay un lugar para nosotros. De hecho si existimos, es porque Dios nos ama y nos ha llamado a la vida. Existimos pues, en los pensamientos de Dios y en el amor de Dios. También es su amor el que venció la muerte y nos abrió la eternidad y es ese amor lo que llamamos cielo.
"No te turbe el oír de muerte, antes bien, deléitate en los dones que te aporta este transito feliz. ¿Qué significa en realidad para ti la muerte sino la sepultura de los vicios y la resurrección de las virtudes?" (cf. San Ambrosio; Tratado sobre el bien de la muerte).
Jesucristo verdadero Dios es quién nos ama y nos acoge en su eternidad. Por eso anunciamos y creemos en una vida eterna "la vida del mundo futuro" en la que todo lo que nos es valioso y querido encontrará su plenitud en Dios. Por eso tenemos una fuerte esperanza en un futuro luminoso y buscamos abrir el camino hacia la realización de este futuro. Así en María llevada al cielo, plenamente participe de la resurrección de su hijo contemplamos la realización de nuestro futuro.
+ Carlos Quintero Arce
Arzobispo Emérito de Hermosillo
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