24 prelados padecieron la enfermedad Los obispos mexicanos que la pandemia se llevó

Los obispos mexicanos  que la pandemia se llevó
Los obispos mexicanos que la pandemia se llevó

19 Reporte del CCM destaca que en México 251 clérigos y religiosas han perdido la vida por covid-19.

Un saldo duro para la Iglesia de México. Tras la publicación del último reporte del Centro Católico Multimedial relativo a los clérigos y religiosas fallecidos por covid-19, se da cuenta del duro golpe que la pandemia inflige en más del 60 por ciento de las circunscripciones eclesiásticas que han perdido, al menos, a un clérigo, religiosa o agente de pastoral.

Al 30 de abril, 251 clérigos y religiosas dejaron este mundo por haber sido contagiados. Entre ellos, 5 obispos de 24 que sufrieron la enfermedad y no pudieron remontar a la ansiada salud. A la vez, un problema nuevo aparece en quienes han sobrevivido después de haber sido hospitalizados y, en grado extremo, intubados, ese es el doloroso proceso de convalecencia para recuperar las capacidades mermadas por ese cruel enemigo invisible.

En su mayoría, los obispos fallecidos ejercían su ministerio bajo la condición de eméritos, salvo dos: José María De la Torre Martín, obispo de Aguascalientes y Francisco Daniel Rivera auxiliar de México.

José María de la Torre Martín (1952-2020) nació en Jalisco. Ordenado sacerdote para la diócesis de san Juan de Los Lagos en 1980. En 2002 fue nombrado obispo auxiliar de Guadalajara siendo consagrado al orden episcopal por el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, arzobispo de Guadalajara; el nuncio apostólico Giuseppe Bertello y Javier Navarro Rodríguez, obispo de San Juan de Los Lagos.

El 31 de enero de 2008 fue nombrado VII obispo de Aguascalientes sucediendo al desaparecido obispo Ramón Godínez Flores quien murió por un cáncer de páncreas.

Mons. De la Torre Martín fue ingresado a los servicios hospitalarios por complicaciones derivadas del covid-19 en noviembre. Las noticias habían augurado una pronta recuperación e incluso se habló de avances sorprendentes; sin embargo, ya había trascendido que Mons. De la Torre estaba intubado e inducido en coma, además de haber sufrido daños en sus órganos vitales. Su muerte se reportó el 14 de diciembre de 2020.

El 18 de enero de 2021, Francisco Daniel Rivera Sánchez, obispo auxiliar de México y religioso Misionero del Espíritu Santo, falleció por las complicaciones del virus. Nació en Guadalajara en 1955. Estudió una carrera técnica en contabilidad previo a su ingreso a la congregación de los Misioneros del Espíritu Santo. Realizó su formación religiosa y sacerdotal en las casas de esa congregación en Guadalajara y fue ordenado en 1988 en esa misma ciudad. Licenciado en teología pastoral por la Universidad de Salamanca, ha tenido diversas responsabilidades congregacionales en Madrid e Italia y como vicario provincial y ecónomo de la Provincia Félix de Jesús de los Misioneros del Espíritu Santo en Guadalajara. En el XVI capítulo general fue electo Superior de esa congregación fundada por el venerable Félix de Jesús Rougier.

El 25 de enero se recordó el aniversario de su designación al episcopado que se inauguró el 19 de marzo al ser ordenado en una celebración a puerta cerrada en Basílica de Guadalupe, junto con Luis Manuel Pérez Raygoza y Héctor Mario Pérez Villarreal. Ese momento de expansión del virus obligó a la aplicación de las medidas de confinamiento con una asistencia limitada. De hecho, esos tres auxiliares fueron conocidos como los “obispos covid”. Francisco Daniel Rivera Sánchez era, junto con el arzobispo Aguiar Retes de 71 años, de los prelados con más edad entre los obispos de la arquidiócesis de México, a diferencia de los otros auxiliares quienes están en un promedio de 47 a 50 años. 

Entre los eméritos están Arturo Lona Reyes de Tehuantepec, Gonzalo Galván Castillo de Autlán y Benjamín Jiménez Hernández de Culiacán.

De esos, la muerte más sensible fue la del llamado obispo de los pobres Arturo Lona Reyes quien había apostado a adoptar una actitud positiva ante la pandemia: “hay que ser optimistas, hay que tener ánimo para Juchitán y Salina Cruz en donde más muertes ha habido; en las misas he insistido que como creyentes nuestro papel es orar, pedir sabiduría para los científicos que están partiéndose el alma para una vacuna”. Nacido en Aguascalientes, Lona fue ordenado en 1952 cuando tenía 26 años. Su llamado al episcopado fue gracias a Pablo VI quien lo nombró obispo de Tehuantepec para suceder a José de Jesús Clemens Alba Palacios. Su llegada a ese obispado marcó un tono distinto. No era común verlo con las características indumentarias del episcopado. De playera blanca y mezclilla, siempre con la sencilla cruz pectoral de madera que usó hasta su muerte, Lona rompió con el arquetipo impuesto de la autoridad para hacerse padre-obispo con los indígenas de los chimalapas en Oaxaca. El obispo Arturo Lona continuaba con un tremendo trabajo en favor de los más perjudicados por los sismos de 2017. Nunca dejó el Istmo. Siguió viviendo en esa zona y alternó su vida entre su natal Aguascalientes y la diócesis a la cual amó. Vivió fiel e incluso la sabiduría popular lo inmortalizó en corridos que narraron su vida.

De acuerdo con el 19 reporte del CCM, no se tuvo conocimiento de caso alguno de nueva infección en el episcopado mexicano. El último caso fue el de José Manuel Garza Madero, auxiliar de Monterrey, contagiado desde el 14 de febrero, quien continúa en recuperación.

http://ccm.org.mx/2021/05/los-obispos-mexicanos-que-la-pandemia-se-llevo/

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