El templo de la Santa Veracruz en abandno




Vladimir Alcántara / SIAME. 15 de agosto.- El Viernes Santo de 1519 Hernán Cortés desembarcaba con su expedición en lo que es hoy el puerto de Veracruz, y para conmemorar ese día y dar gracias a Dios por haberles permitido llegar con bien a tierra firme, años más tarde, tras la conquista de Tenochtitlán, fundaría una ermita construida a manera de exvoto, misma que la Archicofradía de la Cruz, años después de la muerte del conquistador, habría de convertir en la iglesia de la Santa Veracruz. Sobre este inmueble, patrimonio de los mexicanos y baluarte de nuestra historia, que se encuentra en un grave descuido por parte de las autoridades, nos habla el P. Rafael Montoya, párroco de esta iglesia.

El sacerdote comenta que la iglesia de la Santa Veracruz es la segunda más antigua de la Ciudad; si bien sus orígenes se remontan a los tiempos de Hernán Cortés, se terminó de construir en el siglo XVIII, cuando se le agregaron la portada principal y las torres, por lo que es considerado uno de los más importantes monumentos históricos nacionales, que, sin embargo, las autoridades responsables de su mantenimiento tristemente han dejado en el descuido.

“Debemos reconocer que están al pendiente del pilotaje que sostiene el recinto, ya que, debido a la inclinación que presenta, es necesario estar al tanto de su cimentación. Sin embargo, este templo, dada su antigüedad, las condiciones del subsuelo y la humedad, requiere un mantenimiento mucho mayor. Prácticamente no se le hace ninguna intervención. Hace dos años vino gente del gobierno a la junta del presbiterio de la IV Vicaría y ahí dijeron que la intervención a la Iglesia de la Santa Veracruz ya estaba dentro del presupuesto. Pero es día en que no se le ha hecho nada a este gran recinto que constituye parte de nuestra herencia histórica, cultural y religiosa”.

El P. Rafael Montoya comenta que ha estado al frente de esta iglesia durante más de seis años, y en todo este tiempo solamente una vez ha acudido personal del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) para llevar a cabo tareas de mantenimiento, en virtud de una solicitud que se hizo para que arreglaran una fisura que había en la parte del coro superior, por donde comenzaba a penetrar el agua de las lluvias, deteriorando todas las piezas del órgano.

“Últimamente vinieron, hicieron un estudio técnico en general y hablaron de ciertas tareas que deben realizar con urgencia; sin embargo, el supervisor de esta zona dijo que, si bien la partida presupuestal ya está acordada, no ha podido salir. El problema ahora es que si ese dinero no es utilizado antes de octubre, se pierde”, explicó.

“Es importante no aplazar más las tareas de mantenimiento –señala–. El recubrimiento interno de esta iglesia ya está sumamente deteriorado; la humedad ha permeado y ocasionado tan severos desprendimientos en el techo que han roto bancas al caer, pues es material muy pesado y los fragmentos se desploman de una altura de varios metros. Tenemos muchos costales del cascajo que se desprende. Ya se cayó también un pedazo de la portada que da a la Alameda, la Portada de San Blas, y existe un riesgo real de que ocurra un accidente. Lo hemos platicado ya con las autoridades, pero no hay respuesta”, señala el sacerdote.

Asegura que es necesario reparar todas las fisuras del templo, pues por más que esté sostenido con pilotes, el peso hace que se formen grietas y el agua ocasiona estragos al penetrar; “hace dos años, en el primer chubasco que se registró en la temporada de lluvias, el agua se filtró, la humedad alcanzó la tercera parte del templo y posteriormente llegó desde arriba hasta abajo. Lo reporté de inmediato a Conaculta, y ahí me explicaron que, debido a los movimientos telúricos, las salidas de agua se habían convertido en contenedores, así que le hicieron por ahí algunos arreglos para solucionarlo.

El sacerdote explica que además en la parte exterior del recinto ha crecido mucha hierba parásita que está afectando la estructura; sin embargo, cuando por parte de la iglesia se ha querido buscar una solución a este problema, las autoridades les dicen que ellos no pueden tomar por cuenta propia la tarea, ya que se trata de un monumento nacional que, si no es atendido por especialistas, al tratar de retirar las plantas se le puede causar algún daño.

Considera inconcebible que se deje a la deriva un inmueble tan hermoso y con siglos de historia, que además actualmente resguarda muchas obras de arte preciosas que los visitantes pueden admirar, como el Cristo de los Siete Velos, que es una pieza hecha en Italia alrededor del año 1400, misma que el Papa Paulo III obsequió al emperador Carlos V, y que éste a su vez envió como regalo a Hernán Cortés.

“El visitante también puede ver el altar barroco de Nuestra señora de Guadalupe, que está en la capilla lateral del templo. Asimismo, hay una pintura de gran originalidad sobre la Santísima Trinidad, en la que se representa a Dios Padre como si fuera Jesús, a Jesús como Jesús y al Espíritu Santo también como Jesús. Además hay una colección de siete enormes cuadros del pintor Miguel Cabrera, mismos que narran la vida de san Francisco Javier, considerado el evangelizador de las tierras orientales. Estas pinturas requieren de cuidados especiales y de una iluminación que no las afecte, por lo cual el espacio no siempre está abierto al público; se accede a este lugar por solicitud o cuando hay grupos que tienen un verdadero interés por visitar estas obras, como en alguna ocasión ocurrió con un grupo de asiáticos que venían a ver específicamente el cuadro de Miguel Cabrera de los primeros orientales bautizados por san Francisco Javier”.

El P. Rafael Montoya señala que tanto la Iglesia de la Santa Veracruz como las obras que este recinto resguarda son parte de nuestro patrimonio, ese patrimonio histórico cuyo principal valor es que nos da identidad como mexicanos y dota de fuerza a nuestra cultura. “Si no tenemos conciencia de quiénes somos a través de las cosas que dan testimonio de nuestra vida, de nuestro desarrollo, de nuestra historia, perdemos una parte importante de nosotros mismos. De manera que, para ser un pueblo sólido y consistente, debemos conservar en el mejor estado estas obras que nos pertenecen, y darlas a conocer a los visitantes en condiciones decorosas”.

De esta manera, el P. Rafael Montoya se suma a la iniciativa que ha hecho el P. Alfredo Ramírez Jasso, titular de la Comisión de Arte Sacro para la VI Vicaría, para que algunas instituciones de la iniciativa privada se animen a aportar recursos económicos para el rescate integral de este y otros templos del Centro Histórico, mediante el apadrinamiento de alguno de ellos, en el que el nombre de la empresa o “padrino” se colocaría en una placa a la entrada del recinto, y se harían los trámites ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para su exención de impuestos”,

“Rescatar el patrimonio cultural e histórico es en este momento una de las tareas más apremiantes de nuestro país. ¡No puede esperar más!”, finaliza el sacerdote.
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