Sin misioneros no hay misión, este es el recurso fundamental, mucho más decisivo y difícil de encontrar que la plata. Misioneros auténticos, como los clásicos, que vengan a enterrarse a la selva, sin retorno.
Porque es una cuestión de pasión, una marea que te arrastra, un fuego que te consume, algo tan grande que te ves dentro de eso, no puedes manejarlo, como cuando estás enamorado. No es una función o un trabajo que podrías cumplir igualito en tu país que en el lugar de misión, es la entrega de tu propia vida entera, sin condiciones, pase lo que pase y para siempre.