Parecía que los canonistas, después de la “tarascada” que les dio hace unos años el Papa Francisco, se habían reconvertido, pero me da la impresión que están volviendo a las andadas y quieren ganar posiciones.
De entrada no me gusta el inicio de las sentencias, aunque sea una fórmula establecida. “In Dei Domine. Amen”. Esto es un uso en vano, como se decía desde siempre, e indebido del nombre de Dios, que desde luego no justifica lo que a continuación se va a decir bajo ningún punto de vista.
Las sentencias hablan que “La Iglesia como mera administradora de los sacramentos debe velar para que se reciban lo mejor posible”. Me pregunto si realmente la Iglesia es simplemente “mera” garante o, más bien tiene que ser pro-activa y protagonista de cualificar la preparación y celebración de todos los sacramentos.
Si el Derecho en la Iglesia no está impregnado de amor y misericordia, su justicia es peor que la humana. ya que se ejerce en nombre de Dios. Revisen, corrijan y rectifiquen su lenguaje y sus formas.