Encuentro de la Familia Ignaciana en Marsella Mar adentro con Ignacio de Loyola

Mar adentro con Ignacio de Loyola
Mar adentro con Ignacio de Loyola

"Me alegra que se encuentren para sentirse hermanos, compartiendo un camino y responsables de un tesoro que la Iglesia les dio: la espiritualidad Ignaciana. Sigan trabajando con audacia. No tengan miedo y cuiden el corazón. Dios les bendiga”. (Papa Francisco)

“Una conversión que nos compromete a participar en la compleja tarea de transformar el mundo, contribuyendo a la reconciliación y la justicia que hacen posible una vida digna para todos los seres humanos.” (P. Arturo Sosa)

“¡Jesús proclama bienaventurados a quienes asumen esta debilidad, su vulnerabilidad! Bienaventurados los pobres, los que claman, los mansos, los hambrientos y sedientos de justicia, los que buscan la paz…. porque serán consolados, verán a Dios, serán llamados hijos e hijas de Dios”. (Hna. Christine Danel)

“Me alegra que se encuentren para sentirse hermanos, compartiendo un camino y responsables de un tesoro que la Iglesia les dio: la espiritualidad Ignaciana. Sigan trabajando con audacia. No tengan miedo y cuiden el corazón. Dios les bendiga”. Con estas palabras saludaba el Papa Francisco a la familia ignaciana que se reunía en Marsella del 30 de octubre al 1 de noviembre.

Es en la ciudad más antigua de Francia, fundada por los fenicios, donde la Familia Ignaciana celebró como cuerpo en misión su medio milenio de existencia, es decir, 500 años desde que su fundador San Ignacio de Loyola fue herido por una bala de cañón en la batalla de Pamplona. Fue el 20 de mayo de 1521 cuando se puso en marcha un camino de conversión que más tarde llevaría a la fundación de la Compañía de Jesús.

Durante tres días, en torno a la fiesta de Todos los Santos, más de 7.000 miembros de la familia ignaciana -religiosos, laicos, miembros de movimientos, familias, antiguos alumnos de colegios jesuitas-, entre ellos 3.000 jóvenes, recibimos la invitación a salir de nuestra zona de confort y llegar a Marsella para descubrir los signos de fraternidad en nuestro mundo, para celebrar juntos y descubrir los diferentes rostros de la familia ignaciana. Todo ello bajo el lema: "¡Mar adentro con Ignacio! Todos los santos".

Este encuentro se enmarca en el Año Ignaciano anunciado por el Padre Arturo Sosa SJ, Superior General de la Compañía de Jesús, que comenzó el 20 de mayo de 2021 y finalizará el 31 de julio de 2022. Este año, cuyo lema es "Ver todas las cosas nuevas en Cristo", celebra el inicio de la conversión de Ignacio hace 500 años, pero también el 400º aniversario de su canonización por el Papa Gregorio XV, junto a San Francisco Javier, el 12 de marzo de 1622 en la Basílica de San Pedro de Roma.

"En Pamplona, hace 500 años, todos los sueños mundanos de Ignacio se rompieron en un instante. La bala de cañón que le hirió cambió el curso de su vida, y el curso del mundo. Las cosas aparentemente insignificantes pueden ser importantes", dijo el Papa Francisco el pasado mes de mayo en la misma apertura de este Año Ignaciano.

Caminando con Ignacio

El primer día del encuentro, el sábado 30 de octubre por la tarde, realizamos paseos guiados por la ciudad de Marsella al encuentro de la "Marsella ignaciana". Ni la lluvia pudo detener a los miles de personas que siguieron su camino para conocer más de cerca temas como el diálogo interreligioso, la integración y la acogida de personas migrantes y refugiadas o la lucha contra la pobreza.

Ese mismo días por la noche, participamos en 14 vigilias animadas en diversas iglesias de forma simultánea. En mi caso, participé en una vigilia "Hacia un nosotros cada vez mayor", organizada por las oficinas nacionales del Servicio Jesuita a Migrantes (JRS) de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Grecia en la Iglesia de San Carlos. Una celebración interreligiosa en recuerdo por nuestros difunto, en particular los que murieron a causa de la pandemia y por aquellas personas que se ven obligadas a dejar su tierra y pierden su vida buscando un mundo mejor.

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Al encuentro de la Vida

El domingo 31 de octubre la familia ignaciana fuimos enviados a 30 comunidades parroquiales de Marsella. Con ellas celebramos la eucaristía y nos invitaron a comer y compartir juntos. Tiempo para conocer de primera mano la realidad de las comunidades en Marsella.

En la tarde nos esperaba la gran Fiesta de la Familia Ignaciana, un punto de encuentro abierto a todos para descubrir las múltiples caras y misiones de la familia ignaciana con cerca de 50 stands, 20 conferencias, 15 talleres y 2 espectáculos.

En el Palacio de Congresos de Marsella tuvo lugar una gran velada compuesta por un espectáculo que recreaba la experiencia de Ignacio tras su herida por una bala de cañón y su conversión. Un gran espectáculo de luces, música y arte que fluía a borbotones y que nos dejó impresionados a todos.

Concluimos con una Vigilia de oración de Todos los Santos, intentando conectar las bienaventuranzas y la santidad con nuestra vida cotidiana.  

Ser ignacianos es vivir, como pecadores perdonados, la alegría del Evangelio, y ser enviados mar adentro

Como nos invita la espiritualidad ignaciana, ayer lunes los participantes nos tomaron un tiempo de revisar, en pequeños grupos, los momentos vividos en estos días, las conversaciones, las alegrías y sorpresas, los tesoros recibidos durante los tres días en Marsella.

A continuación, el P. Antoine Kerhuel sj, secretario de la Compañía de Jesús (jesuitas), pronunció un texto del P. Arturo Sosa sj, superior general de los jesuitas. El P. Arturo Sosa había viajado a Marsella, pero inesperadamente su madre falleció y tuvo que ausentarse para visitar a su familia y celebrar el funeral en Caracas.

El P. Arturo Sosa nos invitaba a leer la conversión que vivió Ignacio como “una conversión que nos compromete a participar en la compleja tarea de transformar el mundo, contribuyendo a la reconciliación y la justicia que hacen posible una vida digna para todos los seres humanos.”

Asimismo, nos recordaba dos grandes regalos que vivimos estos días: “Durante estos días en Marsella, hemos sido tocados al menos por dos dimensiones: el sentimiento de pertenencia a una familia ignaciana rica y feliz en su diversidad, y la renovación de la alegría y la esperanza que aporta la experiencia de la Pascua, incluso en medio de grandes dificultades. ¡Lo has probado durante estos días! Ser ignacianos es vivir, como pecadores perdonados, la alegría del Evangelio, y ser enviados mar adentro.”

Como colofón al encuentro, la familia ignaciana celebró la Eucaristía de Todos los Santos, presidida por el arzobispo de Marsella, Mons. Jean-Marc Aveline y retrasmitida por varios canales de televisión.

Mons. Aveline presentó Marsella en su homilía como una ciudad de contrastes, un puerto abierto al Mediterráneo, una ciudad bajo la protección de la "Buena Madre", Nuestra Señora de la Guardia. Una ciudad acogedora con aquellas personas que se ven obligadas a dejar sus hogares, que atraviesan el Mediterráneo, habiendo sufrido muchas veces la esclavitud en sus propias carnes.  

Asimismo, Christine Danel, Superiora General de La Xavière nos ayudó a reflexiones sobre la santidad en un nuestro mundo, especialmente después de los escándalos de abusos sexuales dentro de la Iglesia que se han hecho públicos en Francia estas últimas semanas.

Bienaventurados los pobres

“Feliz, feliz, feliz… esta es la proclamación que escuchamos todos los años en el Día de Todos los Santos. ¿Todos los santos? ¿Cómo atreverse a hablar de santidad tras el descubrimiento de la magnitud de los crímenes perpetrados dentro de la Iglesia? ¿Cómo pueden engañarnos tanto la sexualidad, el poder, lo sagrado? Necesitamos mucha humildad en nuestros discursos y mucho coraje en nuestras acciones para reformarnos a nosotros mismos.”

La Hna. Danel reconocía como “la santidad no es ser perfecto, ¡con la ilusión de ser "ángeles"! La ilusión de la perfección es un ensueño que puede llevarnos a la frustración, al despecho o a la hipocresía para ocultar nuestras deficiencias.”

“Ser santo es más bien ser humano, muy humano y plenamente humano", conociendo nuestras luces y sombras, nuestras fortalezas y pequeñeces, que nos conecta con los demás y nos hace mirar más allá de nuestros ombligos.

“¡Jesús proclama bienaventurados a quienes asumen esta debilidad, su vulnerabilidad! Bienaventurados los pobres, los que claman, los mansos, los hambrientos y sedientos de justicia, los que buscan la paz…. porque serán consolados, verán a Dios, serán llamados hijos e hijas de Dios”.

Es de esa humanidad compartida, desde donde la santidad y Jesús se abren paso, para seguir invitando a la Familia Ignaciana a continuar el camino juntos. Un camino de seguimiento, el mismo que llevó a Ignacio de Loyola, después de que una bala de cañón le ayudará a descubrir el verdadero sentido de su vida, para convertirse en compañero de Jesús de por vida.  

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Agradecidos como JRS Europe de la invitación para acompañar a toda la Familia Ignaciana de Francia, Bélgica, Luxemburgo y Grecia, y especial a todos nuestros equipos y comunidades del Servicio Jesuita a Refugiados en estos países. Sin duda, este encuentro en Marsella permanecerá en nuestros corazones por mucho tiempo y nos seguirá animando a "acompañar, servir y defender" a las personas refugiadas dentro de nuestra misión compartida en Europa.

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