El Adviento de la oportunidad, también para Belorado Exclarisas, un poco de prudencia por favor
Cuando parecía que ya las aguas volvían a su cauce nos encontramos de nuevo con noticias inquietantes como venta de patrimonio artístico a anticuarios en guardia, lotes de oro, algo que jamás yo había oído como patrimonio de una comunidad o congregación y la detención de dos monjas que han pasado algunas horas en la cárcel y al salir con esa sonrisa Profiden declaraban “ya estamos litres como los pajaritos”
Que las hermanas clarisas de Belorado se salgan de la Iglesia católica hacia el abismo que ellas mismas han elegido me duele en el alma porque hay detrás mucha ingenuidad y manipulación, pero lo respeto porque son mujeres adultas y ellas verán lo que quieren hacer con sus vidas, después de tantos años de consagración en una orden religiosa tan benemérita como son las clarisas, con las que he tenido la dicha de compartir muchos momentos y con las que tengo una profunda amistad.
Pero este espectáculo de las monjas exclarisas de Belorado está superando todo lo previsto y está haciendo un daño reputacional a toda la vida consagrada de la que tardará años en recuperarse. ¡Y no hay derecho! Cuando pienso en tantas clarisas que conozco, en el silencio de sus monasterios, trabajando y orando día a día, durante siglos, por la Iglesia y por el mundo, sin propagandas ni aspavientos, sin deseo alguno de ocupar titulares ni salir en la prensa ni en la televisión y tienen que soportar este vodevil. Monjas vendiendo obras de arte, traficando con oro...
En la vida consagrada encontramos todo tipo de opciones, como en todas las realidades humanas, de amor y desamor, de acierto y de desacierto, de autenticidad y de incoherencia, de santidad y de vulgaridad, ¡Qué no habré visto yo en más de cuarenta años de vida consagrada personal y después de haber recorrido casi medio mundo, de congregación en congregación y tiro porque me toca! He vivido con santos y también con incoherentes, porque he sido yo mismo lo uno y lo otro en no pocas ocasiones. Por eso nos da la Iglesia una oportunidad, ahora que llega el Adviento, para purificarnos y esperar al Señor que llega -llega siempre- con dignidad y con las lámparas encendidas. Nada humano queda fuera de esa dicha de poder parecernos a Él. “Dichosa la culpa que mereció tal Redentor”.
Pero nuestras hermanas Clarisas de Belorado -exclarisas, perdón- hacen bueno aquel refrán tan castellano y sabio como todos los refranes: “¿A dónde va la lengua? A la muela picada”. Cuando parecía que ya las aguas volvían a su cauce nos encontramos de nuevo con noticias inquietantes como venta de patrimonio artístico a anticuarios en guardia, lotes de oro, algo que jamás yo había oído como patrimonio de una comunidad o congregación y la detención de dos monjas que han pasado algunas horas en la cárcel y al salir con esa sonrisa Profiden declaraban “ya estamos litres como los pajaritos”.
Cuando lo normal en unas monjas es no haber estado en la cárcel por motivo alguno sino en la soledad y dichoso silencio del convento, alabando a Dios y trabajando por su subsistencia y para sus obras de caridad. Confieso que estoy impresionado por el mal ejemplo que están dando para su Federación, para la vida consagrada y para toda la Iglesia.
No, no es eso lo que esperábamos de vosotras, hermanas. He tenido la dicha de conocer a muchas monjas clarisas de varios lugares de España. Tuve la dicha de dirigir un curso de formación para clarisas de toda la zona de Madrid, conozco a las clarisas cercanas a mi pueblo en Villarrubia de los Ojos y siempre encontré en ellas mujeres fuertes, firmes, maduras y con la cabeza bien amueblada. Por eso este espectáculo de las ex de Belorado me tiene sumido en la perplejidad.
¿Pero qué ha sucedido aquí? Esto es digno de un estudio profundo. Las cosas no encajan como era de esperar. Siempre queda la esperanza de que el Adviento las haga recapacitar y del mismo modo que se marcharon con mucha pena y poca gloria puedan volver con gozo y alegría y descubrir cómo la iglesia es madre capaz de perdonar y acoger. Solo necesitan tomar la actitud del hijo de la Parábola del Dios misericordioso. “Me levantaré, iré junto a mi padre y le diré… ( Lc 15, 18 ) Yo rezaré en este Adviento para que sea posible este tránsito y estoy seguro de que mis hermanas clarisas también lo harán.
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