"Donde hay consagrados, hay alegría"

El próximo día 2 de febrero celebramos como cada año el día de la vida Consagrada. Este año con el lema “¿Para quién eres?” Sin duda, es un día especial para todas las personas consagradas que vivimos tiempos de zozobra, no el derrotismo como piensan y desean algunos

Los consagrados españoles, esperando para ingresar a la asamblea de Confer
Los consagrados españoles, esperando para ingresar a la asamblea de Confer | JL/RD

El próximo día 2 de febrero, fiesta de la presentación de Señor, fiesta de la Candelaria, celebramos como cada año el día de la vida Consagrada. Este año con el lema “¿Para quién eres?” Sin duda, es un día especial para todas las personas consagradas que vivimos tiempos de zozobra, no el derrotismo como piensan y desean algunos.

La Vida Consagrada en su pobreza numérica presenta signos de una vitalidad increíble y de una alegría desbordante, yo la tengo. Decía el Papa Francisco: “¿Y qué deciros a los consagrados? Donde hay consagrados hay alegría”. Os invito a hablar con consagrados y consagradas mayores, veréis cómo en general tienen una sonrisa especial y una paz que se contagia.

Es verdad que en los últimos tiempos la vida consagrada ha bajado en números, sí, pero no ha bajado en ilusión y entrega. Nadie nos dijo en nuestra profesión que nuestro objetivo era ser muchos y fuertes. No contábamos con ello. Nos invitaron los hermanos, eso sí, a ser fieles a un carisma que el Espíritu Santo regaló a nuestros fundadores para adornar la belleza de la Iglesia y del mundo con nuestro arco iris de carismas tan variado y tan hermoso. Y en ello estamos. Con el peligro de dedicarnos más a cuidar nuestras instituciones, al ver reducido nuestro número, en un proceso de autoconservación que en servir más y mejor a la causa carismática para la que fuimos fundados, ¡Cuidado, hermanos!

Vulnerables
Vulnerables

El lema de este año es: ¿Para quién eres? Y tal vez deberíamos responder, antes de nada, para qué y para quién no somos. Y no somos para nosotros mismos ni para nuestras instituciones por muy históricas que sean -mi orden tiene más de ochocientos años- pero su carisma es más actual que nunca. No somos para quien crea polarización ni rechaza a los migrantes, nuestros hermanos, somos para los pequeños y vulnerables por los que nuestros fundadores gastaron su vida, somos para ser un “piso piloto” del reino, sin profecía no interesamos ni a nosotros mismos, somos para no escondernos debajo del celemín de la falsa humildad sino para encendernos y colocarnos en lo alto de la mesa y alumbrar a todos los de casa, en las redes sociales, en medio de las plazas, en las esquinas donde duermen los sin techo, en las cárceles donde nadie quiere ir -perdonad que barra para casa-, en las esquinas y polígonos donde se prostituyen las inmigrantes engañadas a cambio de una vida mejor que nunca llega, en los puertos del Mediterráneo donde llegan las pateras de los migrantes que algunos desean que no hubieran llegado nunca. En los lugares de frontera y cada día menos en los escaparates eclesiales donde en ocasiones nos quieren domesticar. -y yo he sido testigo-. Somos para aquellos en los que pensaron nuestros fundadores porque se les rompió el corazón y lo dejaron todo por ellos (Ahí están también ellas).

Tenemos que cambiar los moldes, las mentalidades, las incoherencias, las formas obsoletas que ya nadie entiende, el lenguaje trasnochado, mirar bien a quién y a qué somos fieles, no sea que ésa sea la causa de nuestra infidelidad

Tenemos claro para quienes somos porque nuestras Constituciones lo gritan en todas sus páginas y si no lo vemos es que estamos ciegos y solo nos salvaremos si, como Bartimeo, nos dejamos tocar los ojos por Jesús o acudimos arrastrándonos, cojos, al estanque de Betesda. Lo que parece claro es que tenemos que echar las redes al otro lado de la barca para evitar el fracaso de los discípulos después de estar pescando toda la noche. ¿Y esto qué significa? Significa que tenemos que cambiar los moldes, las mentalidades, las incoherencias, las formas obsoletas que ya nadie entiende, el lenguaje trasnochado, mirar bien a quién y a qué somos fieles, no sea que ésa sea la causa de nuestra infidelidad.

Las personas consagradas somos y hemos sido siempre inconformistas con los moldes y estructuras de los tiempos que nos han tocado vivir. Ese incorformismo supone no dejarnos atar por las modas, las tecnologías y los “infuencer”. Nuestra libertad es el mejor hábito de nuestra consagración.

Vida Consagrada
Vida Consagrada

¡Feliz día de la vida consagrada! Está llegando el momento -ha llegado ya- de ser simplemente lo que somos, allí donde la vida o la necesidad nos ha colocado. Y si ladran es que cabalgamos.

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