¿Nos quieren cambiar el paradigma de valores? La ley “Trans” y otras lindezas.

Estamos atravesando parajes esperpénticos

La última noticia sobre el retraso de la  tramitación de la “Ley Trans” y otras leyes, promulgadas a fuerza de decreto y sin oír a los profesionales correspondientes, está levantando la alarma en la sociedad y entre los profesionales porque nos estamos deslizando hacia un abismo muy peligroso.

No seré yo quien niegue los derechos de nadie, ya sean homosexuales que quieren casarse, ya de trans que no sienten a gusto en su propio sexo.  Eso sí, que esas decisiones solo se tomen con mayoría de edad para que cada uno piense con madurez y con su cerebro bien amueblado para discernir lo que quiere hacer con su vida.

 Si no dejamos a los niños votar, tomar decisiones  transcendentes sin el permiso de sus padres, y no es un capricho sino una decisión que los gobernantes han plasmado en las leyes, después de escuchar a los científicos, acerca de cuándo se va produciendo la madurez humana, ¿por qué dejarlos tomar una decisión tan importante como poder cambiar su propio sexo?  Si los protegemos de los pedófilos, con igual motivo tenemos que protegerlos de esta ley perniciosa. No se trata de imponer ni de prohibir sino de proteger a los niños. Porque no estamos ya maduros cuando nacemos sino que eso supone un proceso largo y complejo. Los hombres somos los seres más indefensos e inmaduros cuando nacemos. Un pato sale del cascarón y ya está nadando. Hay humanos con muchos años que aún no saben nadar. Sería una temeridad que los niños tomen decisiones sin consultar a sus padres, ni disponer de la autorización de un  juez a la hora de tomar opciones transcendentes para sus vidas: abortar con doce años, cambiar su sexo biológico con hormonas o cirugía. ¡Yo diría que es de locos o de mal informados! Esta ley no es una ley necesaria ni demandada, es una ley peligrosa.

Dicen los psiquiatras expertos que esto puede traer mucho dolor y arrepentimiento en muchas personas porque no se trata de ponerse o quitarse una camisa. Hay decisiones que pueden tomarse desde la inmadurez, que son ya irreversibles. Y con la nueva ley no hace falta presentar ningún informe médico o psicológico para proceder al cambio de sexo e inscribirse en el Registro Civil de manera legal.

La ministra Montero que ha destacado, sobre todo, por su incoherencia personal y la ausencia de aportaciones importantes en su inflado Ministerio de Igualdad, por cierto, gastando mucho dinero en campañas institucionales (electorales), se empeña en que esta ley se tramite por urgencia porque presiente que  se acaba su chollo y no ha hecho nada importante en la legislatura a parte de pedir que la Guardia Civil proteja su mansión palaciega para impedir escraches. Esos mismos que ella practicaba con soltura cuando no era conocida.

 Que los profesionales no estén de acuerdo con la ley le trae al pairo. La ideología y el fanatismo son malos consejeros. Aunque no haya consenso en este tema tan  grave esto tiene que salir adelante para sentirse protagonista de algo en esta legislatura, a pesar de los informes de los expertos que están diciendo que hay que modificar el proceso con los menores de edad porque los riesgos son manifiestos. El Consejo General del Poder Judicial, que no es cualquier cosa, pedía que solo pudiera aplicarse a los que tengan al menos 18 años. Pero la Ministra obsesionada con “su” ley y su fanatismo dice que hay que sacarla adelante, cuanto antes y así como está. ¡ Y lo conseguirá porque tiene como rehén al propio gobierno! Sabe que no puede ser cesada, haga lo que haga porque forma parte del acuerdo de coalición para que Sánchez se mantenga en el silón que es lo más sagrado. El Gobierno, que tampoco es en estos temas un modelo en valores, véase eutanasia y aborto, ha parado momentáneamente la tramitación de la ley. Pero, me temo, que será por poco tiempo, porque está en juego la estabilidad del presidente del gobierno, si entra en conflicto con los socios,  y eso es lo único que ahora no se puede cuestionar. Se están pagando precios muy caros y preocupantes para que eso nadie lo cuestione. Así sucede en los populismos.

Esto supondrá que las personas trans podrán usar los aseos femeninos, los vestuarios y los equipos deportivos, sea cual sea su aspecto.  ¿Esto será viable? Sin entrar en la política, que es actualmente un coro de gallos, y nunca ha estado tan desprestigiada como en estos momentos de tantos tics autoritarios, me atrevo a decir –porque soy muy libre de opinar en democracia-  que esta ley es una tomadura de pelo, una propuesta indecente e injusta, dañina y perjudicial para nuestra sociedad, una amenaza a nuestros valores y a nuestra estabilidad social.

En el fondo lo que quieren, y cada día lo veo con más claridad, es invertir el paradigma de valores de nuestra sociedad, ésta que ha sido capaz de sostener y levantar  a nuestro pueblo en momentos de crisis muy agudas.

Que la familia ha sido un pilar básico de nuestra sociedad, pues ¡A por ella! Con iniciativas como el aborto, a pesar de la situación dramática de la baja natalidad que padecemos y que en el futuro hará peligrar nuestro Estado de bienestar y el de nuestros hijos por la falta de cotizaciones a la Seguridad Social. Lo último ha sido retirar las ayudas a las familias numerosas. En fin, de locos.

Que los valores cristianos han sido, desde hace siglos,  baluarte y sostén de nuestra civilización. ¡A por ellos! Bajo el paraguas de libertad de opinión insultamos, blasfemamos, profanamos capillas, imágenes y hostias consagradas, pintamos en las fachadas de las iglesias y dentro de ellas… y aquí no pasa nada. La última frase insultante que he visto escrita en una pared muy cerca del obispado de Córdoba fue: ¡Los curas a la basura! Le hice foto por si alguien necesita alguna prueba.

Que la corrupción ha sido un contravalor siempre condenado por la sociedad y la ética, que nos impide avanzar en transparencia y democracia, pues indultamos a los corruptos condenados por los jueces y aquí no ha pasado nada. Estamos en manos de políticos caprichosos.

Que la vida ha sido, y sigue siendo, el valor primero para la vida cristiana desde siempre pues… ¡A por ella ¡ Aborto, eutanasia, ausencia de cuidados paliativos, pensiones indignas para los ancianos…  Y ante estas injusticias como el bajo salario de las pensiones los sindicatos callan por si peligran sus subvenciones millonarias. Ésas que sacarían a muchas empresas de la crisis que atraviesan Aquí seguimos  viviendo en el país de los chiringuitos ideológicos subvencionados. Y lo digo con este gobierno y lo diré con el próximo, sea cual sea,  si se mantiene en la misma cuerda.

En fin, una serie de opciones  que van más en contra que a favor de la humanidad y del progreso, aunque se llamen “progresistas”, y pretenden lograr un cambio de paradigma a la medida de su ideología. ¡Que Dios nos coja confesados! Menos mal que la democracia es muy sabia y pondrá a cada uno en su lugar en el momento oportuno. Es la única esperanza que nos queda.

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