La crisis galopante la pagan los pobres, sobre todo. A los pobres los tendréis siempre con vosotros

Hay otra crisis de valores que no es menos importante.

La crisis, tan traída y tan llevada, se está dejando notar en muchos paisajes de la vida social. La guerra de Ucrania nos está llegando a nosotros si no en misiles en forma de facturas. La crisis económica se nota, sobre todo, en el aumento de pobres que deambulan por nuestras calles. Las esquinas, los bancos del parque, las entradas de las iglesias se van poblando cada día más de pobres anónimos que dependen de una limosna para poder comer. Cáritas está multiplicando su labor en estos tiempos, junto  las Hermanas de la Caridad o el P. Ángel. ¡Y menos mal que hay organizaciones así porque si los pobres tuvieran que ir a los sindicatos o sedes de los partidos políticos, que son los que tienen suculentas subvenciones, se quedaban sin comer! Siempre sucede igual; son los pobres los que pagan las consecuencias de las crisis y los que las sufren en propia carne. ¡Y no hay derecho!

  Cuando se oía que iban a ser los más pudientes los que pagarían más para salir de la crisis, los pobres no se sintieron aliviados porque ellos saben bien que eso nunca ha sido así. Decían que no se iba  a quedar nadie atrás pero otra vez se han quedado. Han subido los impuestos, la luz, los carburantes, el butano, las bebidas…  Se ha disparado la cesta de la compra y los pobres no están exentos. Esta crisis de la que ya están saliendo la mayoría de los países, excepto España, la van a pagar sobre todo los pobres; así ha sido siempre y así va a ser también en esta ocasión.

 ¡Qué razón tenía Jesús cuando nos dijo: “A los pobres los tendréis siempre con vosotros”! Cada rincón, cada portal está ya ocupado por alguien que duerme a la intemperie. La crisis se está notando mucho pero, sobre todo, la están notando ellos. De nuevo empieza repetirse el ambiente marginal que nos describió magistralmente Pérez Galdós en su obra “Misericordia”.

Hay otra crisis que no tiene que ver con el dinero - o tal vez sí, que también está haciendo estragos entre nosotros y que produce centenares de pobres. Se trata de la crisis de valores. Para esa crisis el gobierno no ha buscado soluciones – no las tiene- y ya estamos pagando peajes carísimos. Jóvenes entregados a la violencia y a las dependencias, muchachas dispuestas a abortar sin consentimiento paterno, mujeres muertas a manos de sus propios maridos, los botellones se extienden como un tsunami por las calles y plazas de la ciudad, las bandas latinas se apoderan de las calle de la ciudad y la violencia crece por doquier …. Esta crisis afecta sobre todo a los jóvenes que son los más indefensos en valores y a los niños que se fijan tanto en ellos. Estos son los pobres más pobres de esta crisis.

 Tenemos que preguntarnos cómo abordar esta crisis para que no haga excesivos estragos y nos derrumbe poco a poco. Seguramente la llevaríamos mejor con altas dosis de solidaridad. Si compartimos un poquito de lo que nos sobra y estamos atentos a los pobres que malviven cerca de nosotros. En fin, bendita crisis si nos hace más solidarios y nos lleva a humanizarnos un poco más. No sea que la crisis económica termine siendo también crisis de valores porque, en ese caso, lo tenemos bastante difícil. ¡En guardia!

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