Alivio sin suicidio. ¡Dios acoja en su seno a Noelia!

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El corazón de la joven parapléjica ya no late y nos hacemos de alguna forma responsables de ese corazón silenciado. Noelia encarna nuestra limitación a la hora de contagiar vida y esperanza, aún con el dolor desmesurado dentro de su cuerpo.

Duele la muerte de esa piel tan reciente, tan prematura, tan aún por estirarse y arrugarse. Es dura la entera historia de Noelia. Acumulaba veinticinco años de exceso de desventura. Es difícil al tiempo que imprescindible hablar de la ley del Karma o consecuencia al referirnos a su caso. Noelia está llenando mucho espacio de opinión en los medios de comunicación y sin embargo no podemos afrontar esas cuestiones tan interpelantes sin las “Leyes divinas” en la mano. Sólo ellas pueden acoger nuestros mayúsculos interrogantes, sugerirnos explicación y razón.

La hora del último aliento ya la habíamos elegido antes de hacernos con la vestidura corporal. A la vista de nuestro “historial” encarnatorio, al otro lado del velo programamos, en compañía de seres celestiales, nuestra siguiente existencia. Diseñamos los parámetros principales por los que va a discurrir. Ajustamos igualmente cuánto alivio necesitaremos, con cuánta dureza deseamos cargar en la siguiente inmersión en la carne. Frecuentemente ocurre que nos sentimos fuertes y aceptamos días difíciles y nos lanzamos. No defendemos la eutanasia, por supuesto sí la entera libertad para llevarla a cabo, pero rotundamente no estamos por ella. La vida es necesaria apurarla hasta el último sorbo, pues nosotros preparamos “la bebida”.

Lo más progresista y emancipador no es la eutanasia, sino el conocimiento y aplicación de la Ley. Este tipo de afirmaciones no son populares, pero tampoco buscamos la popularidad, sino la Luz. El Amor y la Luz hacen brotar la Ley. Los tiempos cambian, las modas transcurren, pero no así los principios superiores: el final no se precipita, se permite que llegue a su hora exacta. Si la Ley lo concede nos permitiremos tiempo para recapitular, enseñar, agradecer, saldar deuda...

“Dura lex, sed lex”¿Por qué a ella todo ese fatalismo? ¿por qué a Noelia y no a otra persona? Que alguien nos lo explique por favor, a sabiendas de que el Misterio no juega a los dados. Toca asumir lo que hemos sembrado. El Dios todo amor no condena, tan sólo permite que vivamos las consecuencias de nuestros propios actos, para poder hacernos cargo del error.

Nos quieren hacer creer que la muerta es más digna cuando se precipita en condiciones de salud extremas. No es necesariamente así. La suprema aceptación de nuestro sino, la asunción y ofrenda del dolor puede ser encomiable. Si se nos apura, también santa. La eutanasia es una opción que merece todos los respetos, pero no es necesariamente una salida más digna. Tienen razón los obispos: “su verdadero alivio no era el suicidio”. Hay otra suerte de infinitamente superior alivio que no le hemos logrado contagiar, que una sociedad sin noción trascendente no ha sabido transmitir. Tomemos cumplida nota.¡Dios acoja en su seno a Noelia!

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