Cárceles andantes
Sobre la prohibición del “niqab” y el "burka”
Reparto la comida que me ha sobrado el fin de semana. Visito de paso a los vecinos y amigos y sale el tema a relucir. Tras la conversación me repliego en el hogar. Busco un tronco gordo de encina. Necesitamos altos en nuestros días y la llama para ello siempre es amiga. Reflexiono sobre este intenso presente que compartimos. Necesito muchas horas de fuego para permanecer míninamente centrado. Circula mucha "borrasca", consumimos quizás un exceso de información que después será preciso procesar.
Ponderar sobre la prohibición del “niqab” y el "burka” que hoy se discute en el Congreso de los diputados no es fácil. Siquiera nos limitaremos a centrar el dilema. Confluyen en el debate factores de muy diverso orden. En estos casos es preferible ofrecer una serie de interrogantes que afirmaciones tajantes. La cuestión fundamental es qué ha de hacer la Administración del Estado con esta patata tan caliente, ante esas cárceles andantes.
Cuando he visto, sobre todo en Francia, esos tan tristes atuendos, me ha asaltado la pregunta de si en verdad esas mujeres no desean un ropero más amplio y colorido en su armario. En realidad se trata de una cuestión de jerarquía de principios y no es fácil observar qué principio habrá de preceder a otro. Son cuestiones muy profundas que por supuesto habría que desnudar de ideología. No se puede politizar esta cuestión, no se debería hacer batalla política con la vestimenta de estas mujeres subyugadas por una tiránica tradición.
El “niqab” y el "burka” son banderas andantes de la más férrea postración femenina. ¿Deberán las autoridades llegar a prohibirlas en Europa? Las prohibiciones seguramente no resuelven nada, generan más rechazo, pero qué hacer ante tan flagrante y extendida opresión.
Sí, la libertad por encima de todo, pero también es cierto que la mujer no puede elegir encerrarse en una cárcel de negro algodón de por vida. ¿Una Ley en el Boletín Oficial del Estado será llamada á liberarla o más bien habrá de liberarla una creciente conciencia de libertad en su ámbito? ¿Una claúsula muy occidental será llamada a sacarla de tamaña opresión o más bien será ella misma la que deberá de dar los pasos de su propia emancipación?
Una mirada crítica pueda también volcar sobre nosotros mismos. Un mundo hipersexualizado no crea puentes, no contribuye precisamente al encuentro entre civilizaciones. Un Occidente siquiera un pelín más recatado, menos libertino y promiscuo quizás ayudara a que mermaran estos atuendos que comportan una gran carga de rechazo a nuestra civilización.
Quizás dejando a un lado la prohibición, lo que proceda es una campaña institucional y popular en favor de la “hiyad” y “el chador”. De esa forma las mujeres islámicas pueden mantener una cierta identidad cultural y religiosa, pero sin llegar al extremo de absoluta ofuscación que para ellas representan el “niqab” y el "burka”. Al fin y al cabo el Corán (C 33:59), únicamente recomienda a las creyentes que se cubran con su manto cuando salen a la calle. Quizás la mesura, el punto del medio apunte aquí también a la solución.
Artaza 17 de febrero de 2025