"Casita" también para los feos. No somos "fans" del pontífice, pero en su casita cabemos también los feos.
En su "casita", dice hoy miércoles “El País", que sólo entran “las mujeres exuberantes con mucho maquillaje, vestimenta corta y el pelo alisado”. Sin embargo, hoy tocaba ya inaugurar casas de anchos aleros, moradas sin tantas restricciones. En la otra gran celebración madrileña no cabe limitación alguna, menos por el físico. Hay lugar para todos y todas, incluso para quienes no gozamos de cuerpo "exhuberante", ni comulgamos plenamente con los postulados.
Me quedo con la geografía templada y equilibrada; con esa suerte de "seducción" menos hormonada y más interior. No sé qué es eso del "perreo", pero no suena bien, celebrar lo hace mejor, celebrar la vida, la comunión, la música, no necesariamente el canto de la carne, la invitación sensual. La industria de la música promueve sus iconos planetarios y establece selectivas tarifas; "la industria de la fe y la esperanza", al día de hoy, mantiene las puertas abiertas de par en par y no pide nada a cambio.
¿Perreo o celebro? En realidad, nada nos aboca a la disyuntiva, debiéramos evitarla, pero es curiosa esa coincidencia de los máximos iconos de los dos mundos, el de la cultura del hedonismo y el de la vida interior y la entrega al prójimo. Comparten momento y gran asfalto. Las comparaciones son odiosas, pero entre Bud Bunny y León XIV me quedo con el segundo. No somos “fans” del pontífice romano, pero en su “casita” cabemos también los feos; invitan igualmente a los últimos, a los que no tienen ni para la entrada. Su estancia no goza de trópico, ni de palmeras que llaman a sus ventanas, pero es más ancha y elevada. En esta geografía más personal e íntima, armonizan "salsa" y gregoriano, por más que la religión de ayer sigue superando a la del Movistar Arena.