No era el "diesel", era el hermano. ¿El combustible se ha encarecido o nuestro espíritu arrugado?

sfdsafa
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El sufrimiento del otro jamás deberá aventurarse en prender una sonrisa. Felicitarse por el dolor ajeno es la negación de nuestra más elemental humanidad. En el caso de que, por pura defensa propia, sea inevitable matar, sólo podrá ser con pesar. Bajo ningún concepto podremos congratularnos al segar una vida ajena. Tristemente, Trump y sus correligionarios no han parado de hacerlo. Se sienten “honrados”. ¿Se puede concebir más trágica “honra” en el corazón del poderoso?

Por más que semeje un conflicto remoto, se tratará siempre de nuestros hermanos cercanos. La guerra lejana nos devuelve la conciencia de una sola humanidad, pero no debiera ser el bolsillo lastimado el que nos presente esa evidencia. No es al parar el coche y meter la manguera en nuestro depósito cuando habremos de reparar que todos a la postre éramos uno. No era la gasolina cara, sino el hermano aterrorizado la razón para abrazar la paz con toda nuestra alma.

¿El "diesel" se ha encarecido o nuestro espíritu arrugado? La carestía de la vida no sea origen de antimilitarismo. No es cuando el precio del combustible se pone por los aires que debíamos de recordar que todos éramos hijos del mismo Eterno. Sea más bien, cuando se alza el misil, cuando no sabemos dónde caerá y qué vidas destrozará; sea cuando la vasta explosión en la pantalla. El terrible conflicto aviste ya su final, no por nuestra cartera enfadada y depósito sediento, sino por nuestra alma anhelante de cielos limpios y azules, sin vislumbre de terror y muerte.

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¡El dolor traiga su debida recompensa de Luz y de Amor!

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