Es esta la estación, en la que la noche cae pronto
Y siento que los días se hacen cortos
Me ciegan tantas luminarias callejeras
Y esas falsas promesas de felicidad comprada.
Pero mi corazón se llena de esperanza,
porque creo en el Misterio y la utopía.
Sé que son días de espera, y que
las esperas a veces se hacen largas.
Pero también sé que vendrás y
te espero como la ilusión con
la que se espera al primer hijo o hija.
Y añoro ver tu carita y tus manos,
prueba latente de la promesa cumplida.
Y como en un deseado embarazo,
vívo este adviento de mujer, preparando tu llegada.
Y me acercaré de puntillas al pesebre y
llegaré a sentir tus primeros latidos.
Sabiendo, que no sólo naces Jesús
para mi sola, que de nuevo te haces carne.
Para abrirnos el camino y redimirnos.
Por eso mi corazón, canta alegre con el salmista:
“Dios padre y madre nuestro espero en ti,
que nunca nos falte tu amor,
pues eso esperamos de ti”.