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Satanás: Proviene del hebreo ha-satán, que significa «el adversario» o «el opositor». En sus orígenes, describía más un cargo que un nombre propio, funcionando como una figura encargada de poner a prueba la fe humana.
Diablo: Proviene del griego diábolos, que significa «el calumniador», «el acusador» o «el que divide». Este término se empezó a utilizar en el Nuevo Testamento para traducir la palabra hebrea Satanás al griego
Job 1. 9 Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? 10 ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. 11 Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia.
El relato de Job es uno de los más conocidos, un hombre de quien Dios refería ser un varón perfecto, recto, temeroso de Dios y apartado del mal, alguien que lo tenía todo, bienestar en plenitud, riquezas y familia; Job pierde todo, atraviesa grandes pruebas (de acuerdo al relato) y al final recibe el doble de lo que tenía, como una especie de premio por haber superado las pruebas. Hasta allí la parte más compartida en predicas, reflexiones y sermones; pero, hay una parte en la que podemos reflexionar un poco más; en el relato aparece un personaje llamado satanás, quien pone en tela de juicio la integridad de Job, de hecho le dice a Dios que pruebe quitarle todo lo que tiene a ver si no pierde su integridad.
Del relato también sabemos que Dios accede a que sea satanás tome todo de Job, solo pide que no ponga su mano sobre él, es decir, Dios pide que se proteja la integridad física de Job, sabemos también que satanás no deja piedra sobre piedra, le quita a Job todo, una cosa tras otra repentinamente, satanás deja provoca un desastre, Job pasa de tener todo a tener nada. Pero satanás no contaba con que a pesar de perderlo todo Job sigue en pie, fiel a Dios.
Podemos ver que satanás es un ser insaciable, pues no conforme con dejar en las ruinas a Job vuelve a presentarse ante Dios, Dios vuelve a referirse a Job con elogios por su integridad Job 2.4 Respondiendo Satanás, dijo a Jehová: Piel por piel, todo lo que el hombre tiene dará por su vida. 5 Pero extiende ahora tu mano, y toca su hueso y su carne, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. 6 Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano; mas guarda su vida. Dios vuelve a dejar a Job en manos de satanás, pide que no le quite la vida y el resto del relato, repito, lo recordamos bien.
Por muchos años, de hecho, siglos, se ha pensado en satanás como ese ángel (expulsado del paraíso) que vino a la tierra a propiciar toda maldad, la misma maldad que propició para Job, un ángel que constantemente está susurrando al oído de la humanidad para hacer esto o aquello, un ángel que induce al humano, el causante y responsable de lo que cada persona hace mal.
No nos llama la atención la parte en la que dice Job 1.6 Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás. No nos preguntamos ¿Quiénes se presentaban ante Dios? claramente dice que son sus hijos, ¿Acaso no somos nosotros también sus hijos? y por ende ¿Acaso no estamos también en presencia de Él? Bien podríamos decir que de satanás podríamos esperarlo todo lo malo, su naturaleza es maldad, pero lo que siempre le dolerá al humano es y será que las acusaciones, juicios, condenaciones, prejuicios y señalamientos vengan de aquellos a quienes se ama, aquellos que se supone, son cercanos y a Job lamentablemente le sucede, al momento en que son sus amigos los que incluso lo acusan de que seguramente Job cometía pecados en secreto y que esa era la razón de su tragedia fueron sus amigos quienes se constituyen en sus jueces y verdugos en contra, en un momento tan sensible y vulnerable para Job.
Cuando comprendemos a detalle el origen y la definición de la palabra satanás o diablo, podemos concluir con certeza que la comunidad de fe muchas veces es ese acusador, adversario, calumniador y el que divide, contrario a Dios quien siempre confía en la humanidad y apuesta por ella; es la comunidad que se toma el papel de juez y verdugo de su prójimo, Es común que nos coloquemos en el lugar de aquel que quiere emitir un juicio sobre el otro, esto nos puede suceder consciente o inconscientemente, muchas veces somos igual de insaciables que satanás, hacemos lo que dice el dicho “Hacemos leña del árbol caído” en vez de propiciar su rescate le hundimos más con nuestras conjeturas, con emitir un juicio condenatorio.
Es fácil olvidar que incluso cuando un prójimo comete un error no es papel de la comunidad juzgar y condenar, más bien, es un principio de amor el acompañamiento en solidaridad y consideración, consideración por el prójimo y por uno mismo Gálatas 6.1 Hermanos, aun si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.
Es muy triste que en vez de reflexionar en que quien se equivoca ya tiene cargas emocionales con las que debe luchar, apostamos primero con aires de superioridad, pretendiendo ser mejor que el otro y con base a ese entender condenemos. Ahora, cuando pensemos en satanás, veámonos en el espejo de relación con nuestro prójimo ¿Cómo le tratamos? ¿Cómo lo consideramos? ¿Lo hemos condenado ya? intentemos seguir el camino del amor y confianza que nos fue mostrado a través de la vida de Jesús y no el patrón equivoco de satanás.
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