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Salmo 23
El Señor es mi pastor
El Señor es mi pastor,
Nada me faltará.
En lugares de verdes pastos me hace descansar;
Junto a aguas de reposo me conduce.
Él restaura mi alma;
Me guía por senderos de justicia
Por amor de Su nombre.
Aunque pase por el valle de sombra de muerte,
No temeré mal alguno, porque Tú estás conmigo;
Tu vara y Tu cayado me infunden aliento.
Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos;
Has ungido mi cabeza con aceite;
Mi copa está rebosando.
Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida,
Y en la casa del Señor moraré por largos días.
Tenía 33 años cuando escuché este salmo por primera vez. En el contexto en que me encontraba era de inestabilidad emocional y siendo una mujer razonadora, analítica y lógica por naturaleza al escucharlo, fue romper con mucho de lo que creía y vivía con firmeza. Ahora 36 años después sigue siendo uno de mis salmos preferidos.
A través de él he aprendido muchas cosas, así como acciones vitales necesarias de hacer, convirtiéndose en guía de mi vida.
El contexto del pueblo judío desde muchos años atrás era la de ser un pueblo agrícola y pastoril, por eso este salmo le permitió sentirse identificados con su contenido, pero a mí, mujer citadina del siglo XX tuve que esforzarme mucho para irlo sintiendo antes que pensarlo, situación altamente difícil, pues mi naturaleza me lleva primero a pensar y luego a sentir.
Las ovejas son animales casi ciegos, con una peculiaridad, tienen un oído muy sensible, escuchan muy bien. Así que el pastor que las conduce, va golpeando constantemente su cayado sobre las piedras para que aquellas oyéndolo lo sigan. Aunque con una singularidad, cada persona tiene un ritmo único, por lo que se adaptan al sonido que emite su pastor y es al único que siguen porque conocen, sabiéndose y sintiéndose protegidas.
Este salmo es uno que habla de la confianza en el Señor, pero especialmente de aquella o aquel que sabiéndose o estando desprotegido, sabe y siente que como el Señor va a su lado, pues independiente de como resulten las cosas, tiene su protección y cuidado. Donde no es un “no importa que pase”, al contrario, todo lo que pase es sostenido por el amor divino, por lo tanto, aunque haya problemas, el que soporta y acompaña es Dios mismo en tanto yo como oveja, confío en que voy cuidada y resguardada por mi pastor.
A lo largo de mi vida, he pasado varias veces por el valle de sombra de muerte, en donde solamente confiando en la protección y guía divinas es como he podido superar esos estados, aun contracorriente, aun contra toda lógica.
Se de mis posibilidades y de mis carencias, no obstante, al lado del Señor me esfuerzo en seguir su voz reconociendo su misericordia y guía.
Hay un ejemplo muy claro de su amor y misericordia derramado en mí.
El Señor: — ¿Martha Eugenia te gustan las matemáticas?
Martha Eugenia: —Claro Señor, tú lo sabes, pues tú me creaste.
El Señor: —¿Cuánto es uno más uno?
Martha Eugenia: —Pues dos
El Señor: Mas todo lo que te doy.
Así que ahora, que tengo ya 69 años, y 36 desde que empecé a reconocer su voz, escucharlo y confiar en Él ha sido arduo, a veces muy doloroso, pero en todas, he tenido la experiencia gloriosa que me da lo que necesito en el momento justo, pues Él es mi pastor y nada me falta.
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