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Entrevista a Phyllis Zagano sobre el diaconado de las mujeres en la revista Polaca

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No existe ningún argumento teológico, histórico ni siquiera antropológico que excluya a las mujeres de la ordenación diaconal.

#traslashuellasdesophía (2)
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Phyllis Zagano
12 oct 2026 - 22:51

1. Su nuevo libro documenta cincuenta años de comisiones vaticanas sobre el diaconado de las mujeres. ¿Qué encontró específicamente en los archivos que no se conociera previamente? Existe una creencia generalizada de que, aunque hubo diaconisas en la antigüedad, su ministerio no constituía un diaconado sacramental vinculado a la ordenación, sino simplemente un ministerio auxiliar. ¿Qué sabemos realmente sobre esto?

Tendría que leer mi nuevo libro, The Vatican and Women Deacons (El Vaticano y las diaconisas, Orbis, 2026), para comprender toda la trayectoria del trabajo secreto de las comisiones vaticanas sobre la cuestión de las mujeres diáconas, que fueron ordenadas sacramentalmente en la Iglesia.

Uno de los apéndices del libro reproduce, en latín original, una liturgia de ordenación del siglo VIII para ordenar a un diácono. Las instrucciones de la liturgia indican que deben utilizarse los pronombres correctos al ordenar a un hombre o a una mujer.

2. Un argumento contra el diaconado de las mujeres sostiene que el diaconado, el presbiterado y el episcopado constituyen un único sacramento del orden, de modo que, si el sacerdocio sacramental está reservado a los hombres, lo mismo debería aplicarse al diaconado. ¿Por qué, en su opinión, este argumento no resuelve la cuestión?

No existe ningún argumento teológico, histórico ni siquiera antropológico que excluya a las mujeres de la ordenación diaconal.

A partir del siglo XII, el derecho estableció que nadie podía ser ordenado diácono a menos que pudiera ser ordenado sacerdote, y únicamente los hombres podían serlo.

Con su Motu Proprio Omnium in Mentem (2009), el papa Benedicto XVI reforzó las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que claramente distingue los distintos grados del orden (Lumen Gentium 29), y se hizo eco de lo que ya había sido publicado en el Catecismo de la Iglesia Católica: el diaconado y el presbiterado son órdenes distintos.

3. Usted sostiene que el obstáculo al diaconado de las mujeres hoy no es teológico, sino cultural. ¿Podría explicar exactamente en qué consiste esta barrera cultural? ¿Y cómo puede superarse si la teología misma no constituye el obstáculo?

En su respuesta de octubre 2025 a la solicitud del responsable del Equipo del Sínodo Europeo,, el papa León afirmó que la barrera para que las mujeres ocupen puestos de liderazgo y para restaurar a las mujeres en el diaconado ordenado era cultural.

Señaló que determinadas culturas no podían aceptar a las mujeres en esas posiciones.

Aunque no especificó qué cultura o culturas no pueden aceptar a las mujeres diáconas, sabemos que muchas culturas seculares en todo el mundo impiden a las mujeres participar en actividades significativas.

Sin embargo, también debemos reconocer que la conocida cultura del clericalismo constituye un problema importante en la Iglesia a nivel mundial.

4. Usted describe un episodio en el que el cardenal Ratzinger se negó a promulgar un documento de una subcomisión de la Comisión Teológica Internacional favorable al diaconado de las mujeres. ¿Qué nos dice esto sobre cómo se toman realmente las decisiones en el Vaticano?

Discernir y decidir son acontecimientos diferentes.

No importa qué sea lo que una comisión discierna: son los funcionarios del Vaticano quienes formulan las recomendaciones al papa, que es quien toma la decisión última.

Incluso el Sínodo sobre los Laicos de 1987 planteó la cuestión de las mujeres en la Iglesia, pero cuando el proceso llegó a su final, la afirmación sobre la discriminación contra las mujeres había sido modificada para decir «discriminación injustificada contra las mujeres».

¿Significaba esto que existía una «discriminación justificada contra las mujeres»?

5. Usted formó parte de la primera comisión del papa Francisco (2016–2018). ¿Cómo cambió esa experiencia su comprensión de por qué a la Iglesia le resulta tan difícil decidir sobre esta cuestión?

La Iglesia —el pueblo de Dios— ha decidido que las mujeres pueden y deben ser reincorporadas al diaconado ordenado.

Muchas personas dentro de la jerarquía no parecen estar todavía de acuerdo con ello, y quienes se oponen amenazan con un cisma.

Al parecer, no ven el cisma que ya está ocurriendo: las mujeres están abandonando la Iglesia, junto con sus esposos y sus hijos.

6. Usted propone el principio de subsidiariedad —permitir que los obispos locales decidan de acuerdo con las necesidades de sus diócesis—. ¿No corre esta solución el riesgo de crear «dos Iglesias»: una en la que las mujeres son diáconas y otra en la que no lo son?

El principio de subsidiariedad constituye un fundamento esencial de la eclesiología de la Iglesia.

Algunas conferencias episcopales y diócesis fueron más lentas que otras en restaurar, después del Vaticano II, el diaconado como vocación permanente para los hombres.

Algunas han ignorado los cambios introducidos por el papa Francisco en el derecho canónico, que permiten la institución de personas laicas como lectores y acólitos aunque no estén preparándose para la ordenación.

Otras ignoran el nuevo ministerio laical instituido de catequista.

«Dos Iglesias» es una forma abreviada de referirse a las muchas Iglesias que existen en todo el mundo, algunas de las cuales tardan más que otras en aceptar lo que presenta el Vaticano.

7. Usted habla directamente de la misoginia y de los tabúes en torno al cuerpo de las mujeres como el verdadero núcleo de la disputa, y no simplemente de una cuestión teológica. ¿Cree que esta dimensión se aborda con suficiente apertura en la Iglesia, incluso en Europa Central y Oriental?

No puedo hacer comentarios sobre la misoginia actual en Europa, pero existe una considerable evidencia de ella en la Iglesia medieval.

En Occidente, el papa Gelasio I se escandalizó de que las mujeres estuvieran en el altar, cerca de lo sagrado.

En Oriente, Mateo Blastares, un monje griego bizantino del siglo XIV en Tesalónica, escribió que las mujeres ciertamente eran ordenadas como diáconas, pero que se les prohibía acercarse al altar debido a su menstruación.

Todavía está vigente el documento Musicam Sacram, de 1967, del Vaticano II, que prohíbe a las mujeres cantoras estar en el presbiterio

8. Usted señala a la Iglesia ortodoxa, incluida la reciente ordenación de una diaconisa en África con el permiso del Patriarca Ortodoxo Griego de Alejandría, como un posible camino a seguir. ¿Puede el diálogo ecuménico acelerar el cambio en la Iglesia católica?

Creo que sería importante que el Vaticano reconociera la ordenación de la diaconisa Angelique en Harare, Zimbabue, en 2024, que el Sínodo de Alejandría y de toda África ha afirmado que es sacramental.

La Iglesia católica reconoce que las órdenes ortodoxas son lícitas y válidas.

Reconocer la restauración de la antigua tradición de las mujeres diáconas ordenadas en la Ortodoxia sería un gran paso adelante para la Iglesia católica.

9. Usted ha dicho que le diría al papa León XIV que no existe ningún obstáculo doctrinal que prohíba la ordenación de mujeres como diáconas. ¿Cómo lo convencería de dar pasos concretos? ¿Ve señales de que este pontificado pueda avanzar más en esa dirección que el del papa Francisco?

Dado que no existe ningún obstáculo doctrinal para restaurar a las mujeres en el diaconado ordenado, y puesto que el papa León ha presentado la «cultura» como la barrera para ordenar mujeres como diáconas, corresponde al pueblo de Dios —

(incluida la jerarquía) pedirle que restaure la reputación de la Iglesia de ser contracultural y que afirme la verdadera humanidad de las mujeres. Él debe «decir» con sus acciones que las mujeres están hechas a imagen y semejanza de Dios, y que, de hecho, pueden ser imagen de Cristo en la plenitud de su —y de su-- propia humanidad.

10. Ha trabajado en este tema durante décadas —como académica, pero también como participante en los mismos procesos que describe—. Después de todos estos años de investigación, ¿cuál considera que es su descubrimiento más importante, algo que incluso a usted la haya sorprendido? ¿Y qué te impide caer en la resignación o la frustración?

Mi reconocimiento más importante es que, si bien el papa Benedicto era un teólogo elegante y estaba más que calificado para redactar una declaración doctrinal en contra de la ordenación de mujeres como diáconas, no lo hizo. Hace muchos años, me dijeron que una actitud en contra de las mujeres arraigada en el clero sería el obstáculo más difícil para restituir a las mujeres al servicio diaconal ordenado. Prefiero ayudar a la Iglesia a educar a su pueblo sobre las posibilidades para el futuro que quejarme de sus fracasos en el pasado.

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Phyllis Zagano, Ph.D., experta mundial en el tema de las diaconisas, es investigadora asociada sénior residente en la Universidad de Hofstra, en Hempstead, Nueva York. Algunos de sus escritos académicos se han publicado traducidos en español, incluyendo Sábado Santo: Un argumento a favor de la restauración del diaconado femenino en la Iglesia Católica (Editorial Verbo Divino, 2018). Su libro más reciente es The Vatican and Women Deacons (Orbis, 2026), disponible en Amazon en formato impreso y como libro electrónico.

Ppublicado originalmente en Tygodnik Powszechny, 30:6 (septiembre 9, 2026)

https://www.tygodnikpowszechny.pl/teolozka-phyllis-zagano-o-diakonacie-kobiet-nie-ma-argumentu-teologicznego

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