#8MPascuaFeminista
ESPERANZA XXVIII edición de ‘Las Edades del Hombre’ (Zamora)
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ESPERANZA
XXVIII edición de ‘Las Edades del Hombre’ (Zamora)[1]
23-24 abril 2026
Mª Luisa Paret
No es azaroso que la esperanza y Zamora se den hoy la mano. No es accidental que esta exposición se desarrolle en esta tierra hoy de nuevo quemada, despoblada y herida. Una tierra, como muchas otras, que experimenta un horizonte de incertidumbre. Es aquí, asumiendo la fragilidad, la vulnerabilidad y el sufrimiento, donde tiene sentido hablar de esperanza.
Los tres Momentos de la exposición y los tres Movimientos de cada uno de ellos[2] en la Catedral -junto con el Preludio en la iglesia de San Cipriano- predisponen al visitante como ‘Peregrino de la Esperanza’, en una dinámica que supera todo miedo y alienta al ser humano ante las dificultades con la certeza de que Dios está y estará siempre con nosotros.
Preludio
La esperanza germina, especialmente, donde la vida toca fondo, donde la cruz nos traspasa para recordarnos, una y otra vez, que ni el sufrimiento ni el dolor tienen valor definitivo. La esperanza recuerda nuestra fragilidad como criaturas de barro y nuestra fuerza como hijos e hijas de Dios. Esperamos porque tenemos la certeza de que “nada nos separará de su amor” (Rom 8,31)
“Nuestra gloria es la cruz de Jesucristo” (Gal 6,14). La exposición pone en el centro de este Preludio la cruz. Es una cruz vacía porque la cruz no lo es todo. La cruz vacía expresa la esperanza en que la carne herida, la llaga abierta y el mal infligido no tienen la última palabra. En esa cruz podemos ver clavado/a a cualquiera. La cruz sin crucificado, en el comienzo de la exposición, simboliza que el crucificado ha resucitado. Este es el centro de nuestra fe y la fuente de nuestra esperanza. Si la muerte ha sido vencida, el miedo perdido, también su aguijón (1 Cor 15,55).
María experimentó en su vida la experiencia de una esperanza sostenida por una confianza absoluta en que “lo que te ha dicho el Señor, se cumplirá” (Lc 1,45). La esperanza que disipa el miedo está sostenida por la certeza de que el Señor estará siempre con nosotros/as.
Momento Pasión. Primer movimiento
La desesperanza
Una mirada a nuestro mundo parecería ser el mejor argumento para desistir de la esperanza. Guerras, crímenes, injusticias, enfermedades, catástrofes… ¿Por qué deberíamos seguir esperando? El sinsentido se ha apoderado de nuestras gentes. Es como si todo lo humano hubiera dado ya todo de sí. ¿Cabe, entonces, alguna esperanza?
La tierra despoblada y abandonada, la indiferencia propia de una convivencia individualista, la apabullante imagen de una pirámide de población que ve mermadas sus cifras de natalidad… en suma, la angustia ante el miedo omnipresente y absoluto, constituye la atmósfera que intenta oscurecer cualquier aliento esperanzador. Es aquí donde los cristianos vemos la cruz de Jesucristo; donde el sufrimiento hace mella y la vida queda dañada, nace lo que salva. La finitud y el dolor han sido redimidos. El mal no es la única ni la última palabra.
El primer movimiento termina así, en el vacío del sinsentido más profundo y del silencio más atronador. Del silencio que se hace cargo de todos los silencios del mundo. Del vacío de la nada que nunca llegó a llenarse. Del sinsentido que expresa el profundo desequilibrio entre tristezas y alegrías, entre víctimas y verdugos, entre el logro y el fracaso, ante el que la razón parece claudicar.
Es el momento de descubrir el vacío que acontece cuando la razón descubre la falta de sentido y comienza a vislumbrar el misterio. El vacío de la pregunta que parte del alma del sufriente (que todos/as nos hemos hecho en algún momento de nuestra vida), tal y como lo vivió Cristo en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Es el momento del misterio que nos envuelve, ante el que solo caben preguntas sin respuesta sin dejar en paz al ser humano. Es el espacio sin nada donde surgen esas preguntas radicales de las que depende la hondura de lo que significa ser justamente persona.
Segundo momento
Pasión del ser humano hombre-mujer
La esperanza que nos sostiene se cruza con experiencias reales muy duras. San Pablo recuerda que la fe cristiana tiene que vérselas con adversidades y sufrimientos que, continuamente, ponen al creyente en la perspectiva de una promesa de luz definitiva a pesar de las tinieblas del presente. La vida cristiana es, en ese sentido, la experiencia del sacrificio.
Este movimiento recorre la historia del sufrimiento por la entrega a la causa de Cristo. Pero no una historia cronológica, sino cualitativa, que culmina en el sacrificio: el del propio Hijo, santas mujeres, apóstoles, discípulos/as, Juan Bautista, Abraham y María, conforman este trayecto de las experiencias reales de quienes esperan a pesar de que ello conlleve la entrega real y cruenta de la vida.
Tercer movimiento
Pasión de Cristo
Cuanto más conscientes somos de las pasiones, de los dolores y de los sufrimientos del mundo, más comprendemos la Pasión de Cristo. El calvario que atraviesa nuestro existir hace memoria y reproduce aquel Gólgota donde estuvo clavada la salvación del mundo. Por eso, cada Viernes Santo reconocemos que la Pasión de Cristo está incompleta. En la cruz, la encarnación ha llegado a su culmen. La carne ha tocado el extremo de la finitud. En Jesús crucificado se hace verdad que Dios toma consigo el dolor del mundo.
El Cristo de las Injurias representa cómo se concentra toda la belleza en el mayor dolor. “Enraizados y cimentados en ese amor, podréis comprender cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayáis llenando hasta la total plenitud de Dios” (Ef 3,17-19).
Momento Resurrección. Primer movimiento
Un cielo nuevo y una tierra nueva
Jesús, al que han visto crucificar, ha resucitado. Dios ha cumplido su promesa. Jesús es el Señor. Esta es la confesión de fe que proclama que el cordero inmolado es la víctima de la Pascua. Pero la reconciliación con el mal y con el sufrimiento no implica la desaparición de las heridas. El Salvador del mundo sigue con sus llagas abiertas porque el dolor sigue instalado en el mundo.
La resurrección abre la vida a una nueva vida. Y esa patria celestial que esperamos proyecta sobre el mundo la necesidad de iluminar las sombras y ofrecer un nuevo sentido a la realidad. Lo incompleto y fragmentario de nuestro ahora apunta a un mañana en el que todo será eterno y perfecto.
Segundo movimiento
La salvación en los gestos y en las palabras. Los sacramentos
Los sacramentos son el anticipo de la vida nueva que esperamos, son experiencia real del acontecimiento especial en el que Dios se hace presente entre nosotros. El presente resulta así impregnado del misterio de lo divino. La promesa se adelanta mediante los gestos y las palabras de la liturgia. Algo que está pidiendo con urgencia su actualización.
La vida nueva en el Espíritu, por el bautismo; el amor de Dios inagotable y perpetuo, en el matrimonio; la asistencia de Dios en la debilidad y en el dolor, en la unción de los enfermos; y la presencia real del Señor, en la eucaristía, fuente y culmen de la vida cristiana, son testimonio evidente de que Dios no abandona a su pueblo, que siempre está con nosotros/as.
Tercer movimiento
Bienaventurados/as seréis
La esperanza mantiene el corazón en vilo y la lámpara encendida. Esperamos el paraíso prometido, donde sólo hay amor. El paraíso estuvo cuando no había pecado y estará cuando el pecado encuentre su redención definitiva. El paraíso llegará como esperamos, pero ya está entre nosotros cuando reina el amor que sostiene toda esperanza.
Bienaventurados/as, pues, aquellos/as que tengan sus pies en el suelo y su mirada más allá del tiempo. Bienaventurados/as los que se saben salvados en la esperanza, a pesar de la experiencia real de la tribulación. Bienaventurados/as los que sientan que la alegría solo es definitiva si pone su causa en la vida nueva que se derrama y se despliega a cada paso.
Momento Misión. Primer movimiento
No tengas miedo
El amor es el único camino. El único antídoto contra el miedo. Porque el/la que ama no agota su amor en el ahora amante, sino que lo proyecta para siempre. La experiencia de los buscadores de Dios está constituida por una llamada a la confianza. No tengas miedo, resuena una y otra vez en el camino de la fe. No tengas miedo porque el Señor está contigo.
Es la experiencia de los/as profetas, de los que tienen que abandonar su tierra y su comodidad por salir al encuentro del Señor en el mundo. Y es también la experiencia de María ante el arcángel Gabriel: él no temas que inaugura la encarnación y funda toda esperanza.
Segundo movimiento
No tengáis miedo
La vida cristiana no lo es nunca a título individual. Por eso, la llamada a la comunidad está también constituida por él no temáis. Es el tiempo de la misión. Es el tiempo por excelencia de la comunidad. Pentecostés pone a la Iglesia en salida. El Espíritu sostiene las primeras comunidades para fortalecer la inseguridad, la debilidad y la tempestad del mundo.
La esperanza debe ser predicada hasta los confines del mundo. El miedo y las puertas cerradas no pertenecen a la lógica de la misión. El Espíritu anima a convertirse a la esperanza y a la apertura de todo horizonte. El Señor ha resucitado y se ha aparecido a los suyos. Su ausencia abre el tiempo de la Iglesia con una presencia sacramental nueva. La misión ha comenzado y el camino de la fe no es el del ‘yo’, sino el del ‘nosotros’. Es el lugar de la comunidad.
Tercer movimiento
Amén
Esperamos un cielo nuevo y una tierra nueva (2 Pe 3,13) porque esperamos en Dios. Esperamos en el Señor. Él es nuestra fortaleza, nuestro alcázar, nuestro escudo. Como el niño/a que nada teme cuando está en brazos de su madre, como el ser humano que aprieta su mano al refugio que supone el amor del otro, como el perdido que en su deriva encuentra una leve señal de orientación, una luz en la oscuridad, como el cansado que, a punto de colapsar, atisba un pequeño remanso… así es el Señor para los que lo aman.
Amén es nuestra palabra para su Palabra. Amén es la verdad que habla de confianza, de abandono, de entrega. Y por eso la esperanza solo lo es en quien, al final y cada día, nos repite venid a mí los cansados y agobiados. Nuestra esperanza está en su regazo, en su mesa. La espera culmina en la esperanza cumplida.
Final
Esta edición de Las Edades del Hombre quiere ser portadora de esperanza. Desde Zamora (Castilla y León). La cruz se erige como camino para la salvación. La redención solo puede venir de nuestro Señor muerto y resucitado que pone en nuestras manos la fuerza para cambiar el mundo. Hombres y mujeres de esperanza para dar esperanza. Hombres y mujeres del mundo para ofrecer un camino distinto al mundo. Hombres y mujeres de esta vida que anuncien con valentía la búsqueda de una nueva Jerusalén, un cielo nuevo y una tierra nueva en la que tristezas y lágrimas sean enjugadas, nuestras alegrías llevadas a plenitud, nuestros agobios encuentren su remanso y nuestros cansancios, su descanso.
[1] Las Edades del Hombre, ‘Esperanza’, Guía de mano, Zamora, 2025
[2] Momento Pasión: primer, segundo y tercer movimiento. Momento Resurrección: primer, segundo y tercer movimiento. Momento Misión: primer, segundo y tercer movimiento.
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