Inspiradas en Laudato Si’, un pueblo campesino expulsa una mina

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Espiritualidad ecofeminista y resistencia comunitaria en México

Sentipensares 2026
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Luz Estela (Lucha) Castro
02 feb 2026 - 04:21

Inspiradas en Laudato Si’, un pueblo campesino expulsa una mina

Espiritualidad ecofeminista y resistencia comunitaria en México

Hay un momento en la vida de los pueblos en que decir NO se vuelve un acto sagrado.

Un NO que no nace del miedo, sino de la conciencia.

Un NO que no es negación, sino defensa de la vida.

Mina
Mina

Eso fue lo que ocurrió en el ejido Benito Juárez, en el municipio de Buenaventura, Chihuahua, México, cuando un pueblo decidió, como cuerpo colectivo, cerrar el paso a la minería. No fue una reacción improvisada: fue una respuesta nacida de la memoria, de la fe y del amor heredado de nuestras ancestras y ancestros.

Nuestra madre tierra no es un recurso: es relación, memoria y sustento. Desde nuestra cosmovisión, somos co-creadoras y co-creadores de la vida junto al Creador. En ella sembramos, parimos, enterramos, resistimos y soñamos. Nuestra historia está escrita en cada surco que sembramos

2 mina
2 mina

En 2012, la codicia patriarcal despertó ante los minerales que yacen bajo nuestro ejido: oro, plata, zinc y el preciado molibdeno. Pero mi pueblo ya conocía la historia de las minas en México: desde la Colonia hasta hoy, la minería ha significado despojo, desplazamiento y devastación. Hoy esa historia continúa bajo otros nombres: concesiones, desarrollo, inversión extranjera. Gobiernos que entregan territorios como si fueran mercancía. Empresas que prometen progreso y dejan desierto, contaminación y violencia.

3 mina
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Prometen empleo. Pero donde se instalan, se rompe el tejido social. Lo que antes eran huertos y plazas se convierte en cantinas, burdeles y miedo. La gente deja de ser dueña de su tierra para convertirse en peonaje minero.

Pero mi amado pueblo no aceptó ese destino.

Nos organizamos desde el movimiento barzonista. Escuchamos a otros pueblos de América Latina que ya vivían con minas. Aprendimos que donde entra la minería a cielo abierto se acaba el agua, se rompe la vida y se fractura la comunidad. Descubrimos, con amarga ironía, que ese tipo de minas están prohibidas en Canadá, pero sus empresas vienen a imponerlas en nuestros territorios.

Hacemos teología con los pies en el polvo , las manos en la tierra y la mirada en el cielo

Leímos los signos de los tiempos desde la experiencia concreta de los pueblos pobres.

Porque el ecofeminismo no nace en los libros, sino en la vida: en la conexión profunda entre la explotación de la tierra y la opresión de los cuerpos —especialmente los de las mujeres— y de los pueblos. Es la misma lógica la que cree que puede disponer del territorio, del agua y de la vida sin pedir permiso.

Por eso nuestro NO a la mina es un NO teológico.

Es un NO al dios del mercado que devora vidas.

Es un NO a la idolatría del dinero que se impone sobre el agua, el maíz y los cuerpos.

Es un NO al Faraón moderno que quiere esclavizar pueblos en nombre del “progreso”.

Cuando el Papa Francisco publicó Laudato Si’, nuestro pueblo se reconoció en sus palabras. Allí leímos lo que ya vivíamos: que cuidar nuestra madre tierra es una tarea espiritual, política y profundamente evangélica. Cuando el Papa visitó Ciudad Juárez, el ejido nos organizamos . Salimos en peregrinación a bordo de tractores al encuentro con nuestro hermano Francisco y llevamos mantas que rezaban palabras de vida y esperanza.

Y desde nuestra experiencia de fe, proclamamos nuevas bienaventuranzas:

Bienaventuradas y bienaventurados los que son revolucionarios como el Evangelio.

Bienaventuradas y bienaventurados los pueblos que se organizan y respetan la naturaleza.

Bienaventuradas y bienaventurados quienes acompañan a las víctimas y enjugan su rostro.

Bienaventuradas y bienaventurados quienes cuidan el agua del desierto.

La empresa no logró cooptarnos. Recurrió entonces a la violencia. En octubre de 2012 fueron asesinados la maestra Manuelita Solís y su esposo Ismael Solorio, defensores del territorio y dirigentes del movimiento. Llevamos sus cuerpos al Palacio de Gobierno y denunciamos su muerte como crimen de Estado. Hicimos de la plaza un altar y de la denuncia una oración política.

Un mes después, el 17 de noviembre de 2012, nuestro ejido convocó a asamblea general. Por unanimidad, el pueblo decidió que ninguna empresa minera entraría a nuestro territorio por cien años. Llegaron personas mayores, enfermas, en sillas de ruedas. El pueblo entero se levantó como un solo cuerpo para decir: la tierra no se vende, se ama y se defiende.

En 2013, en una acción de resistencia civil pacífica, expulsamos los restos de la mina.

Desde la fe ecofeminista afirmamos:

Nuestra madre tierra no es objeto, es sujeto.

Nuestra madre tierra no es botín, es hermana y es madre.

El Reino que Jesús anunciaba es don y es tarea, lo construimos bajo nuestro lema: Ejido Benito Juárez Comunidad que siembra conciencia cultiva esperanza y cosecha dignidad!

Si nuestra palabra toca su corazón, les pedimos que sean nuestro eco:

que esta voz de defensa, de amor y de vida se multiplique

y retumbe en todo el país y más allá de nuestras fronteras,

S.O.S.

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