Pentecostés de Antonio Palomino

#PentecostésFeminista

Porque si el Espíritu Santo descendió sobre “todos los que estaban reunidos”, entonces sí, también descendió sobre nosotras. Es tiempo que el arte lo diga.

Pentecostés 2026 (9)
Pentecostés 2026 (9)
Bárbara Paulina Martínez Santana “La Barbarie”
22 may 2026 - 18:31

Contemplemos Pentecostés de Antonio Palomino, es una obra con una composición dinámica basada en el contraste de los claroscuros, cuyas luces dirigen la mirada por toda la escena según su grado de importancia, de acuerdo con el artista. No es casualidad comenzar en el centro viendo a María de Nazareth, identificada por el icónico manto azul. La posición de María, inclusive su mirada, guían al segundo personaje, Juan, que se confirma su identidad al observar su pie que dirige a su evangelio, continuando con Pedro, pues cerca de él se encuentran las llaves del cielo. De este modo se pueden percatar los doce apóstoles, seis a la derecha y seis a la izquierda, todos con barba, excepto uno, el apóstol más joven, Juan.

Pero la escena no termina ahí, porque, ¿quiénes son las que se encuentran acompañando a María? María está junto a tres mujeres, están en el fondo, relegadas pero cercanas, porque a diferencia de los apóstoles, casi no están iluminadas y, aun así, Palomino las representó en el centro, justo por debajo de la paloma del Espíritu Santo.

Me confronta esta herida histórica, de que Pentecostés fuese un acontecimiento exclusivamente masculino, aun cuando la presencia femenina fue una parte esencial en la comunidad cristiana primitiva. La obra fue realizada aproximadamente entre 1696 y 1705, como lo dije al principio, es una obra cuya composición responde al canon barroco que no solo ordena jerarquías visuales, sino espirituales. Los hombres ocupan el primer plano, la palabra o la autoridad, las mujeres, en cambio, aunque estaban presentes, quedan en la penumbra simbólica, siendo testigos silenciosas de un milagro que también les correspondía.

Desde mi mirada como artista contemporánea, este tipo de composiciones tenían un fin, el de evangelizar con el arte, así mismo, funcionaban como un mecanismo de borramiento y exclusión, pues las imágenes sacras no solo narran lo divino, también construyen imaginarios de poder. Es en este imaginario, donde las mujeres fueron, han sido y siguen siendo desplazadas del centro, incluso en momentos donde su presencia fue fundamental para la historia del cristianismo.

Hoy, al volver a ver esta obra, me pregunto, ¿qué sucedería sí la escena se reescribiera desde la experiencia de las mujeres que sostuvieron la comunidad, que nombraron, que también recibieron el fuego del Espíritu Santo? Mi práctica artística me motiva a releer esta pintura. En la obra de Palomino, María está en una actitud de oración, serena, contenida, con la mirada hacia abajo. Pero yo la imagino respirando hondo, llena de gozo, mirando arriba y dándose su lugar como pilar espiritual y político, no solo como acompañante u objeto decorativo. Imagino también a las otras mujeres avanzando desde el fondo hacia la luz, ocupando el espacio que se les ha negado, recibiendo al Espíritu como una fuerza transformadora.

Reinterpretar a Pentecostés desde un enfoque feminista no es ningún sacrilegio, es justicia, es amor. Es reconocer que la espiritualidad cristiana también es femenina, que la Iglesia ha sido sostenida por cuerpos que no aparecen en los lienzos y que la revelación no es cosa de un solo género.

Como artista contemporánea, mi gesto es resignificar, mi lectura busca permitir que entren otras voces entren, que la escena deje de ser relato de exclusión y, al contrario, se convierta en una invitación a imaginar y hacer realidad una Iglesia donde las mujeres no solo estemos presentes, sino seamos protagonistas del fuego, de la palabra y del milagro. Porque si el Espíritu Santo descendió sobre “todos los que estaban reunidos”, entonces sí, también descendió sobre nosotras. Es tiempo que el arte lo diga.

*Bárbara Paulina Martínez Santana. Artista visual multidisciplinaria con especialidad en artes plásticas por la Facultad de Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro. Es también curadora, museógrafa y docente de artes visuales. Su práctica se despliega entre Comonfort, Guanajuato, y diversas comunidades rurales donde desarrolla procesos de creación colectiva, pedagogías sensibles y proyectos que entrelazan arte, territorio y justicia social. Su obra dialoga con la memoria, el cuerpo y los rituales cotidianos, explorando la potencia simbólica de los materiales y la dimensión afectiva de los espacios que habita.

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