Respeto sí, imposición no

#sentipensaresblog

El camino monástico se sostiene por votos, formación y disciplina; no por la proclamación de un monopolio revelado.

#traslashuellasdesophía (83)
#traslashuellasdesophía (83)
Merche Saiz
20 jul 2026 - 21:17

Respuesta a la entrevista de la monja de clausura Marta González en el periódico La Vanguardia titulado: Marta González, monja de clausura de 29 años: “Veo a las chicas de mi edad con novio, de fiesta y no puedo evitar pensar que son ellas las que se están perdiendo su estabilidad espiritual” https://share.google/MltYa0KIYgb59LXdq (04-02-26).

Respeto sí, imposición no:

Usted tiene derecho a elegir la vida contemplativa; yo tengo derecho a elegir otra. Ese enunciado, simple y elemental, es la piedra angular de cualquier sociedad pluralista y de una ética que respete la dignidad humana. Respetar la vida de las monjas de clausura no equivale a aceptar que el camino religioso concreto de una persona sea la única vía legítima para acceder a la libertad espiritual. La pretensión de universalidad ,cuando una o figura pública reclama su experiencia como norma absoluta, no es humildad religiosa, es hegemonía moral disfrazada de devoción.

Juzgar a jóvenes por salir, tener novio/a o divertirse desde la cátedra de la autoridad espiritual implica tres errores graves, Primero: reduce la complejidad humana a una única métrica: la conformidad con un ideal ascético. Segundo, ignora las condiciones de posibilidad de otras prácticas espirituales: la amistad, la corporalidad, la creatividad o el compromiso social pueden ser también caminos legítimos hacia la trascendencia. Tercero, vulnera la autonomía moral de las personas jóvenes al ubicarlas en una posición de inferioridad moral sin evidencia razonada. Todo proyecto ético serio exige justificaciones públicas y argumentos, no consignas dogmáticas. Una monja que comunica desde el púlpito virtual debería exhibir, cuando menos, humildad epistémica y voluntad de diálogo, en lugar de sentencias.

La experiencia espiritual no es monolítica. Diversos enfoques, místicos, rituales, humanistas, seculares, pueden conducir a estados de integridad, paz interior y sentido. La antropología religiosa y la psicología moral muestran que las prácticas que nutren la vida interior varían según el contexto social, la edad, la historia personal y las necesidades emocionales. Por eso dar a entender que existe un único camino válido, que es el que usted sigue, es una conclusión pobre en argumento y pobre en sentido humano. La libertad espiritual implica precisamente la posibilidad de elegir, errar, corregir y encontrar sentido fuera de patrones prescritos.

Ingresar a un monasterio a los dieciocho, años, ser figura pública y afirmar desde esa posición que su elección es la vía superior exige responsabilidad: sus palabras son erróneas porque para usted puede que esta “esta es la única forma de liberarse”, sin matices equivale a imponer un estándar moral sobre personas que no comparten la misma autoridad confesional. Una voz religiosa respetable, en vez de condenar, puede ofrecer testimonio de su camino, explicar por qué le funciona y, sobre todo, reconocer su contingencia. El camino monástico se sostiene por votos, formación y disciplina; no por la proclamación de un monopolio revelado.

Ver a las/os jóvenes en pareja, en fiestas o en redes sociales y suponer que están perdiendo su estabilidad espiritual es una visión paternalista que subestima su capacidad de sentido crítico y de construcción ética. La juventud no es ausencia de espiritualidad; es un tiempo de experimentación donde se tejen relaciones afectivas, compromisos y proyectos de vida. Muchas de esas experiencias nutren la dimensión espiritual: el amor responsable, la amistad profunda, la entrega a causas justas y la búsqueda estética pueden ser vías tan serias como la contemplación monástica para desarrollar carácter y libertad interior.

Si su intención es orientar, hágalo con argumentos y respeto, no con sentencias. La verdad espiritual no se proclama desde la altura; se ofrece como testimonio y se somete a la crítica racional y moral. La sociedad democrática y la ética adulta exigen reconocer la pluralidad de caminos hacia la libertad interior y defender el derecho de las personas a elegir sin ser menospreciadas. Exigir ese reconocimiento no es irreverencia: es una petición de justicia moral frente al tono autoritario y de creerse con el monopolio de la verdad.

También te puede interesar

Lo último

stats