#AdvientoFeminista2025 El silencio de Zacarías
| Susana Pasqualini
Si las figuras de Zacarías e Isabel simbolizan en el evangelio de Lucas el Antiguo Testamento, se podría decir que son ellos los protagonistas del primer Adviento histórico. Por eso quiero pedirle a él, sacerdote del templo judío, descendiente de Aarón, que nos hable desde su mudez.
Pienso que si Zacarías no se hubiera quedado mudo, no hubiera resonado tan fuerte en esa casa el canto de María ni el saludo de su prima.
Me pregunto qué pasó con Zacarías en esos meses en que no pudo hablar...¿siguió ejerciendo su servicio sacerdotal o se tuvo que tomar una licencia?
Era necesario ese silencio para que pudiera resonar la Palabra.
Era necesario ese silencio para poder abrirse a una tan grande novedad como que el Mesías resultara ser un pequeño bebé nazareno.
Era necesario ese silencio en aquel primer Adviento.
¿Y en la actualidad? En este Adviento que comenzamos como preparación a esta navidad 2025, y en este tiempo de espera de la reforma de la Iglesia que se inició hace varios años y sigue...¿cómo sería?
Sin pedir que los presbíteros de nuestra Iglesia se tomen licencia, porque además, con la falta de sacerdotes que hay, ¿qué haríamos?, se me ocurre pensar qué sucedería si por algunos meses, o días, al menos, los curitas se callaran la boca. Quizás podrían oírse otras voces que son silenciadas, no por ellos, sino por el clericalismo que todos llevamos dentro. Se escucharían melodías sonantes y disonantes que no alcanzan a desplegarse porque siempre está la palabra autorizada "iluminando" la realidad.
Estas no son palabras en contra de los sacerdotes, porque quizás sería mejor decirlo así: todos los que tenemos alguna responsabilidad/poder en la Iglesia podríamos callar por un tiempo, para que de verdad pueda darse eso que anhelamos: Escuchar.
Por ello me permito corregir al Sínodo de la sinodalidad, o sumarle: no es sólo escuchar, es también, a ejemplo de Zacarías enmudecer por un tiempito, para que luego sí, Isabel exprese qué nombre le van a poner al niño, y él pueda corroborarlo con su autoridad de padre.