Un año del Papa Francisco

Lo que más me sorprende de Francisco, al cumplir su primer año como Papa, es lo mucho que ha recorrido en tan corto espacio de tiempo. Como se dice de los santos muy jóvenes -Estanislao de Kostka, Juan Berchman, Luis Gonzaga, entre los jesuitas-, "en poco tiempo hizo muchas cosas". Tanto ha hecho que, a la inicial curiosidad por todos sus gestos e intervenciones, ha sucedido un como hartazgo o imposibilidad de seguir todo lo que dice o escribe, pues ya me resulta imposible recoger -como hacía al principio- todo lo que se publicaba sobre su figura.

En la crónica sobre el aniversario publicada en EL PAÍS por Pablo Ordaz, se decía que este Papa "ha derribado el blindaje de incomprensión mutua que separa a la Iglesia oficial de los católicos de a pie", fenómeno dimanante del hecho de que antes los católicos pretendían averiguar qué pensaba el Papa y ahora es el Papa el que intenta conocer lo que piensa y opina el Pueblo de Dios sobre los temas más importantes. Efectivamente, resulta insólito el comportamiento papal de lanzar a toda la Iglesia un bien pensado conjunto de 38 preguntas, para recoger la opinión ambiente sobre los temas más espinosos de la familia: relaciones prematrimoniales, divorcios y segundo matrimonio de los divorciados, acercamiento a los sacramentos de los que se encuentran en situaciones irregulares, etc. Sorprende que el Papa no vaya, de entrada, a dar doctrina, a sentar cátedra, sino a escuchar y conocer lo que toda la Iglesia piensa sobre estos delicados temas.

También sorprende mucho constatar que el Papa anteponga el carácter misionero de la Iglesia, su obligación prioritaria de transmitir los contenidos positivos del evangelio tanto dentro como fuera de la Iglesia, en lugar de estar en una constante ofensiva contra los aspectos más críticos del comportamiento humano y católico. "No podemos seguir insistiendo -ha dicho literalmente el Papa- solo en cuestiones referentes al aborto, el matrimonio homosexual o el uso de anticonceptivos. Es imposible. Yo he hablado mucho de estas cuestiones y he recibido reproches por ello. Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar". Como certeramente ha dicho el arzobispo de Tarragona, la ortodoxia no es suficiente.

Me maravilla mucho del Papa que, sin ocultar su apoyo a las doctrinas más severas de la Iglesia, haya conseguido el grado increíble de popularidad que le han concedido los periódicos y revistas de todo el mundo y el apoyo prácticamente unánime incluso de los no católicos. No recuerdo haber visto ataques directos ni contra su persona ni contra sus actuaciones. De ciertos ambientes o movimientos se sospecha que pueden estar a disgusto, pero no he llegado a ver críticas directas provenientes de estos sectores. Lo más que he llegado a oír es que opiniones "verbales y espontáneas" del Papa -¿quién soy yo para juzgar a un homosexual?- hay que situarlas en su contexto, acercándolas a las opiniones más tradicionales y separándolas de pareceres más novedosos. Pero la defensa formal del Papa se mantiene incluso entre los medios y personas más tradicionales.

¿Qué pasará en el segundo año del Papa Francisco? En el primer año ha conseguido mucho más de lo que nadie podría haber esperado. El Espíritu seguirá aleteando para que los tiempos futuros sean aún mejores.
Volver arriba