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De Pitágoras yo solo sabía hasta hace poco lo del teorema que aprendí sin entusiasmo en mi infancia, junto con términos extraños como hipotenusa y catetos. Mi indiferencia ante el asunto, al parecer trascendental, de que el cuadrado de la primera sea igual a la suma de los cuadrados de los otros, me impidió una relación más estrecha con Pitágoras y lo he tenido arrinconado, junto al número Pi, en un rincón de mi memoria.
Vuelvo a encontrármelo, inesperadamente, en el excelente libro de Ramón Andrés “No sufrir compañía. Escritos místicos sobre el silencio”. Por lo visto, Pitágoras, antes de admitir a sus discípulos, les sometía a un periodo de silencio que podía durar cinco años y durante ese tiempo les conminaba a escuchar, solo escuchar: eran los llamados acusmáticos y después de este tiempo se suponía que ya estaban preparados para percibir otra dimensión de la realidad.
Me parece un programa fantástico de inicio de curso el vivirlo en plan acusmático, tratando de ejercitar esa clase de escucha que permite volver a contactar con las tarea cotidianas pero con un oído nuevo, dejando que las personas con las que tratamos sean como son y se expresen a su manera.
Junto con esos propósitos que solemos tener a principio de curso (aprender inglés, ir al gimnasio…), la acusmatía podría ser otra magnífica decisión.
Dolores Aleixandre
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