Nos sentimos aludidos al escuchar en el Deuteronomio: “Mi padre fue un arameo errante…”
Erráticos
Verano del año de gracia de 1963 después de Cristo y antes del Concilio. Avisos de la superiora a la comunidad de 60 hermanas de la que yo formaba parte al acabar el juniorado:
“A partir de mañana comenzamos las vacaciones, tiempo de descanso; por eso la campana para levantarnos sonará a las 6,30h en vez de a las 6h (!).
Las Vísperas y el recreo de la noche serán en el jardín: las hermanas jóvenes se encargarán de sacar las sillas, los reclinatorios, las luces y los altavoces. Como casi todas ellas, después de limpiar y poner orden, tienen que preparar sus exámenes de Septiembre, conviene no interrumpirlas demasiado en su estudio.
El Padre X, SJ, nos dará los Ejercicios en Agosto. Las pláticas serán en la capilla y, aunque haga calor, solo se abrirán las ventanas de un lado: el año pasado se abrieron todas y algunas hermanas se resfriaron por la corriente.
Hay permiso para beber agua entre horas de los botijos que habrá en los pasillos”.
Puedo imaginar la cara de asombro de quienes no vivieron nada de esto y lo comparan con la manera actual de organizar las vacaciones; por eso me he preguntado si hay algo “rescatable” de aquellas costumbres, o si hay que mandarlas, sin más, al museo de antiguallas. Y esta es mi propia experiencia de lo aprendido entonces que me sigue siendo válido:
(Vida Religiosa, Julio 2023)
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