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Oigo por la radio que una de las nuevas “gracias” del ChatGPT es que puedes ponerte delante - no me pregunten cómo- y ¿ella? ¿él? ¿elle?... al verte la cara, te dice lo que opina de ti. Es una versión actualizada de la respuesta del espejito a la pregunta de la madrastra de Blancanieves sobre si era la más bella del reino y el problema es que, lo mismo que ella, podemos hundirnos en desinfles, complejos y traumas si no salimos tan favorecidos como esperábamos en el dictamen del algoritmo.
En todo caso, creo que la idea es exportable y hasta provechosa porque, si nos exponemos ante la inteligencia/sabiduría del Evangelio, descubriremos con asombro que la opinión de sus big data sobre nosotros – algo atolondrados pero discípulos/as al fin y al cabo…- es más favorable de lo que pensábamos. Somos llamados “sal de la tierra y luz del mundo” (Mt 5,13), Jesús nos considera amigos suyos (Jn 15,14), nos pone el mote cariñoso de “rebañito” y, haciendo un poco la vista gorda, se aventura a afirmar: “Vosotros habéis perseverado conmigo en mis pruebas” (Lc 22,27).
Estos juicios producen resultados balsámicos y estimulantes, como comprobó Zaqueo que aparecía en las redes sociales de su tiempo con el hashtag #pecador hasta que Jesús se lo cambió por el de #hijo de Abraham. Qué lástima que, aunque esta experiencia se repite una y otra vez, hay quien sigue adicto al género regañina, sin enterarse de lo que decía la psicoanalista Anna Freud: “¿Se han fijado en lo guapos y lo listos que se vuelven los niños cuando se les quiere?”
Por fortuna Antonio López, ese genio santosabio, está convencido de ello y lo declara en una entrevista reciente : “El arte ahora trabaja mucho con la parte oscura. Todos somos un poco oscuros y es mejor no exagerarlo, no darle mucho protagonismo. Es mejor ofrecer otras cosas que son hermosas para salvarnos.”
Qué favorecidas pueden quedar nuestras oscuridades si nos decidimos a exponerlas al Sol este verano.
Dolores Aleixandre, Vida Nueva Julio 2024
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