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El 2 de febrero se celebra el día de la Vida Consagrada, una buena ocasión para preguntarnos “por dónde andamos” el colectivo aún numeroso de mujeres y hombres conocidos como religiosos/as, frailes, monjas, hermanos/as y otras especies. Y mi impresión es que en estos momentos y usando la metáfora del río, estamos en otra orilla muy distinta de la que solíamos estar.
Cuenta la Leyenda Áurea que en el siglo IV, un hombre de estatura gigantesca se dedicaba a pasar gente de una orilla a otra y un día tuvo la suerte de trasportar al mismísimo Niño Jesús. No sé si ha sido obra de san Cristóbal, pero pienso que también nosotros hemos sido llevados “a otra orilla” y que, más que decidirnos a cruzarla o no, de lo que se trata es de reconocerla como tierra sagrada como suelo bendito que ahora nos toca habitar.
¿En qué la reconocemos?
Pero en este colectivo de llevados-a-otra-orilla coexistimos diversas especies:
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