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Hasta hace poquísimo no sabíamos lo que era fajana ni magma telefrítico y muchos creíamos que colada se refería solo a lavar la ropa: pero esas palabras han aparecido en los medios de comunicación al hablar del volcán de La Palma y los hemos incorporado sin problemas. Algo así nos está pasando en la Iglesia con la sinodalidad que ya empieza a sernos un término familiar y reconocemos que, sin ponerle ese nombre, ya habíamos vivido algo parecido antes de que se pusiera de moda. En el documento preparatorio se nos invita a releer experiencias sinodales vividas y voy a referirme a dos de ellas dentro del colectivo “monjas” porque llevamos ya bastante tiempo “sinodaleando”, es decir, caminado en diversidad hacia una meta común en proyectos inter-congregacionales
Una experiencia: comunidades en que viven juntas varias religiosas de distintas congregaciones dentro de algún proyecto social, como los de Caritas para familias sin techo. Cuando surgió la idea, aparecieron los miedos y las preguntas: ¿Cómo armonizar carismas diferentes? ¿No se difuminará el de cada una? ¿Cómo mantener la pertenencia a la propia congregación? “De esa mezcla no puede salir nada bueno…” Pues sí ha salido “algo bueno” y las que lo hemos vivido reconocemos que los límites de la propia congregación se vuelven más porosos y flexibles y se establece una verdadera fraternidad entre las diversas Congregaciones. Además del aprendizaje de trabajar en equipo con laicos en reciprocidad y colaboración.
Otro testimonio: en 2005 nació la asociación “Puente de Esperanza” por iniciativa de un grupo de religiosas de trece congregaciones para unir fuerzas y responder a la realidad de precariedad en la que se encuentran tantos inmigrantes. Colaboramos unas cien personas, religiosas y laicas y la acogida es el eje transversal de todo el proyecto. Se promueven procesos de desarrollo y crecimiento humano, capacitación laboral y un clima que favorece la convivencia, las relaciones y el intercambio con una gran riqueza para todos.
Si como proclama un Salmo: “la justicia y la paz se besan” (85,10), esta sinodalidad ha nacido del encuentro de “la precariedad y la sororidad”. Y lo de sororidad es porque, dicho sea sin ánimo de molestar, la mayoría de estos proyectos los hemos emprendido congregaciones femeninas.
21, Noviembre 2021
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