Jesús no parece alterarse cuando le interrumpen, le fuerzan a detenerse y a cambiar de planes.
Interrupciones
Jesús no parece alterarse cuando le interrumpen, le fuerzan a detenerse y a cambiar de planes.
En tiempos en los que los religiosos/as teníamos que pedir permiso para casi todo, contaban que un superior muy estudioso, cansado de que le interrumpieran con los dichosos permisos, puso este letrero en la puerta: “Menos para casarse, hay permiso para todo”.
Nos fastidia que nos interrumpan y nos molestan los imprevistos, a pesar de saber que el secreto de la serenidad – decía Tony de Mello - es “colaborar incondicionalmente con lo inevitable”.Jesús debió practicar a su manera esa sabiduría porque no parece alterarse cuando le interrumpen – la cananea, Jairo, la mujer del flujo de sangre, el padre del niño epiléptico…- y le fuerzan a detenerse, retrasarse y cambiar de planes. Incluso en el más inoportuno de esos cambios, cuando escaparon él y los suyos en busca de un lugar tranquilo y, al desembarcar, allí estaba una multitud esperándoles.
En ocasiones era él quien interrumpía las derivas inconfesables de los suyos – ser el más importante, conseguir privilegios , sentarse a su derecha, …- y un día se plantó indignado ante Simón: “- ¡Ponte detrás de mí, Satanás!”, cuando pretendía impedirle recorrer un camino que le parecía disparatado. Esa interrupción no se la consintió nunca a nadie y en la subida a Jerusalén “él iba por delante y todos los que lo seguían tenían miedo” (Mc 10,32).La última vez que interrumpió una acción de otros fue en el huerto: “Si me buscáis a mí, dejad marchar a estos”.
Fue derribado por la muerte porque había elegido vivir como uno más entre los hijos de los hombres pero en la noche de Pascua los creyentes afirmamos con júbilo: el Padre ha interrumpido el poder de la muerte y ha despertado a su Hijo de entre los muertos.
La Iglesia de Oriente lo celebra de modo narrativo:
“Con el madero de la cruz, Cristo, que es la puerta, rompe las puertas infernales y con las ataduras de sus divinas manos disuelve, como si fueran de cera, las cadenas indisolubles. Él avanza con su plena humanidad para hacer salir de aquel lugar, con su fuerza y su poder, a los que estaban encadenados allí morando en los sepulcros: – ¡Levantaos salgamos de aquí, vayamos de la muerte a la vida, de las tinieblas a la luz eterna, del dolor al gozo, de la esclavitud a la libertad!”
Si el poderío de las tinieblas fue interrumpido así aquella noche,el aviso se cierne sobre aquellos que hoy lo siguen ejerciendo.
(Vida Nueva, Abril 2026)
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