Secretas palabras de vida: Menujah

Es algo que se recibe siempre como un regalo inmerecido

Nos la venden desde todas partes, y nosotros sin saberlo: tiene que ver con los paisajes solitarios, serenos perfectos para el descanso de los anuncios turísticos. Los bancos nos la prometen como tranquila seguridad para nuestras inversiones y los  planes de pensiones nos la garantizan para disfrutar de una vejez sin sobresaltos. Los que frecuentan los spa aseguran haberla conseguido junto con el relax y también los que, después de un chequeo médico satisfactorio, se sienten en completa armonía corporal.

 La conocía ya la gente que puebla la Biblia y la llamaban menujah: un estado de tranquilidad, reposo, descanso y sosiego que tiene mucho que ver con lo que se vive el Sábado, ese día santo en que el Señor descansó y al que, como si fuera un ser viviente,  “bendijo y santificó” (Gn 2,3). Por eso el Sábado no debe parecerse a ninguno de los otros días de la semana: los otros seis, dice la tradición judía,  nos han sido entregados para continuar la obra de la creación y el trabajo que realizamos en ellos nos convierte en cooperadores de Dios. Pero el séptimo día ya no estamos vueltos hacia el mundo para transformarlo, sino enteramente dirigidos a Dios para asimilarnos con Él. “El mundo es el dueño de nuestras manos, dice el judío Abraham Heschel, pero nuestro corazón pertenece a Otro. Durante seis días de la semana luchamos contra el mundo, arrancando sus riquezas a la tierra: el Sábado cuidamos la semilla de eternidad plantada en el alma”. Por eso el Sábado es el día de la menujah.

Es un término que  abarca muchos sentidos: Jer 51,59 habla de un “jefe de la menujah” refiriéndose a la intendencia que hace desaparecer la inquietud del desabastecimiento. La paloma que soltó Noé después del diluvio fue la primera en buscar la menujah  de un lugar para posarse: no lo encontró y Noé tuvo que extender su mano, tomarla y meterla otra vez consigo en el arca (Gen 8,9).

Se desea para las personas a las que se quiere: Noemí  quería que sus dos nueras viudas volvieran a encontrar menujah en la casa de nuevos maridos (Rut 1,9) y, cuando Rut decide quedarse con ella, su suegra le dice: “Hija mía, ¿no tengo que  buscar yo menujah para ti para que te vaya bien?” (Rut 3,1).

A  David se le ocurrió que tenía que  construir un templo para menujah del arca (1Cro 28,2),  pero el Señor le deja muy claro que eso de “conceder menujah” es cosa suya y no tarea humana. Y eso desde el tiempo en el que cuando caminaban por el desierto, “el arca de la aliaza del Señor iba delante de ellos buscándoles un lugar de menujah (Num 10,33). Por eso será Él  mismo quien elegirá Sión como lugar de su menujah  (Sal 132,14).

A veces Israel es consciente de ese don y lo agradece: “Bendito sea el Señor, que ha dado menujah a su pueblo Israel, conforme a todo lo que prometió (1Re 8,56), decía Salomón; él había recibido como nombre  “hombre de menujah” según la promesa de Dios:  “Yo le daré paz de todos sus enemigos en derredor, pues Salomón será su nombre y en sus días daré paz y menujah a Israel” (1 Cro 22,9). Por eso el orante del Salmo 23  es consciente de que si se dirige a  “las fuentes de la menujah”  es porque su pastor lo conduce a ellas.

Cuando el pueblo se aleja de la alianza con el Señor, lo primero que pierde es la menujah y escucha una tremenda amenaza: “Ciertamente no entrarán en mi menujah “(Sal 95,11). Su dura cerviz le acarreará el no hallar menujah ni reposo para la planta de su pie (Dt 28,65) y cuando marche al destierro de Babilonia, los que se lamentan de su destino le compadecerán porque  “habita entre las naciones sin hallar menujah” (Lam 1,3) .

A lo largo de su historia, Israel va aprendiendo trabajosamente que “entrar en la menujah” de su Dios (Sal 95,11) no es nunca resultado de su esfuerzo ni de la ansiedad con que lo busca, sino que la recibe siempre como un regalo inmerecido

 La última invitación a disfrutar ese don viene de la promesa de Jesús en el evangelio de Mateo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os daré descanso” (Mt, 11,29). El término empleado, anapausis,  es uno de los que con más frecuencia emplea la Biblia griega para traducir la menujah hebrea

Nosotros podríamos preguntarnos por el rincón secreto de nuestro corazón en que se esconde esa menujah y también  a qué o quiénes hemos dado poder para arrebatárnosla

Y también si vamos persiguiéndola y buscándola por cuenta propia o si nos vamos  arrimando a Aquel que es su fuente y se la pedimos como un regalo maravilloso que luego podremos compartir con otros.

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