Repitiendo a su homenajeado español Jesús Huerta de Soto – esta vez citado – hizo una terrorífica exégesis de la escena bíblica de las tentaciones de Jesús, haciéndole decir al texto exactamente lo que no dice
Milei llegó tarde a la sepultura del Papa Francisco para homenajear a Huerta de Soto, y cuando se encontró con el nuevo Papa León XIV le regaló dos libros de este “egregio” charlatán
A esto, además, volvió a cuestionar la “justicia social” afirmando insólitamente – no sorprendentemente en su caso – que “la justicia social es un robo” (contra los mandamientos citados)
Anotemos que la caridad (= el amor) es un derecho, la justicia es un deber. Yo puedo amar o no a alguien por un acto de mi libertad, pero no puedo negar a alguien lo que le corresponde en justicia, sería –precisamente– un robo
En un canto muy armado, el discípulo de Isaías manifiesta su alegría desbordante por la intervención maternal de Dios en su historia llenándolo de sus dones que se manifiestan como abundancia y como paz.
Pablo concluye la carta a los Gálatas, pero –extrañamente- retoma y sintetiza todo el tema que ha desarrollado. Unos adversarios han predicado la circuncisión, y Pablo les dice que eso no cuenta, que lo que cuenta es Cristo, y que quién se deje modelar por Cristo ese tal recibe paz, misericordia y gracia, ese tal es el Israel de Dios, que nace por la circuncisión del corazón.
Jesús envía un grupo más grande que los doce, envía Setenta y dos, que es el número de los pueblos al finalizar el diluvio. Lucas quiere mostrar que el Evangelio no sólo debe llegar a Israel (los Doce, como los hijos de Jacob) sino a todos los pueblos. Y los enviados deben ser testigos del reino, de la paz y del triunfo definitivo de Dios sobre el mal en la historia.
Hechos ya nos prepara a la aparición de Pablo en la escena eclesial y empieza a “despedir” a Pedro. Pero para mostrar a ambos en continuidad como eslabones de una cadena. Pedro, encarcelado, es liberado milagrosamente porque Dios es garante y protector de la Iglesia que debe ocuparse del crecimiento de la palabra.
El discípulo de Pablo comienza la despedida de su maestro dando a la carta forma de Testamento. Da testimonio de su fidelidad aun en la muerte inminente, y manifiesta a su sucesor, Timoteo, que, aunque son muchos los que lo han abandonado, Dios ha permanecido junto a él y permanecerá a su lado.
En el contexto de la pregunta de Jesús acerca de quién es él para los demás, Pedro confiesa su fe en Jesús. A raíz de esto, Jesús lo unge como piedra fundamental sobre la que edifica su Iglesia, puerta de entrada al reino de Dios.
El texto – en una lectura literal - manifiesta la gratitud de uno de los reyes cananeos (en el resto del relato se encuentra la gratitud de otro, el de Sodoma), Melquisedec por la lucha en la que Abram liberó a los cautivos y recuperó las posesiones saqueadas por reyes enemigos. Como signo de gratitud, el rey ofrece a Abram un banquete y le otorga la bendición de parte de Dios.
Dentro de un texto más amplio, Pablo alude a la tradición de la cena del Señor. Con firmeza cuestiona el modo de celebrar de los corintios (no por “violaciones litúrgicas” sino por no hacer lo que Jesús quería expresar con esta cena). El sentido del texto, y más aún en su contexto permite entender cómo es la Cena que Jesús quería.
Lucas modifica el relato de la multiplicación de los panes reforzando los paralelos eucarísticos. Los “discípulos” deben alimentar a la multitud “recostada” con el pan partido que Jesús les ofrece.
Los cantos de la llamada "sabiduría personificada", muy frecuentes en la literatura sapiencial empiezan a preparar – en un primer momento como una “licencia poética” - una “nueva persona” junto a Dios desde antes de la creación. Estos textos serán luego tenidos en cuenta para los himnos cristológicos del NT.
La importancia de la fe para ser justos ante Dios se expresa en “nosotros” que por Cristo y por el espíritu santo recibimos el amor de Dios “derramado en nuestros corazones”.
La relación entre el Padre y el hijo es particularmente insistente en el Evangelio de Juan; particularmente en la cristología del “Enviado”. Hoy, un nuevo “enviado”, el Paráclito refuerza la relación mutua entre ambos.
Los apóstoles están juntos en Jerusalén, según Jesús les ha indicado, esperando “la promesa” de Dios, a fin de que habiéndola recibido, puedan salir a anunciar a todos el Evangelio, la predicación de Jesús. El espíritu viene sobre ellos y se manifiesta en las lenguas que deben proclamar a todo el mundo y en la palabra única que deben anunciar, “la buena noticia del reino”. Al recibir el espíritu, la Iglesia recibe el impulso desde Dios para el desempeño de su misión evangelizadora “hasta los confines de la tierra”.
El espíritu es el que anima y fortalece a la comunidad. El que hace que los diferentes miembros de la ekklesia estén al servicio los unos de los otros enriqueciendo el “cuerpo” y siendo gestores de unidad en la plena vivencia de la diversidad.
Jesús se va, pero el espíritu es derramado para continuar en la comunidad con sus mismas características, y así poder vivir conforme al testamento que Jesús deja en su discurso final.
Como el comienzo del Evangelio, el comienzo de Hechos muestra el despliegue de los preparativos para el fiel cumplimiento de la misión. Los Apóstoles deben continuar la obra de Jesús expandiendo por todas las regiones la Palabra de Dios hasta que Él vuelva. Aunque antes, deben esperar la fortaleza que Dios mismo le garantiza con el envío del Espíritu Santo.
La estrecha unión entre Cristo y su Iglesia marca un camino. Allí donde ya está el Señor se dirige su “Cuerpo”. Utilizando los Salmos el autor muestra que Jesús ya está junto a Dios habiendo vencido a las fuerzas del mal y la muerte y hacia donde nos dirigimos.
Los testigos de la aparición de Jesús reciben el encargo misionero de predicar. Pero deben permanecer en Jerusalén a la espera del Espíritu Santo prometido. Así Jesús puede irse y “pasar la posta” a los suyos que – bautizados por el espíritu” - podrán continuar con la obra misionera. Ahora Jesús puede separarse de los suyos.
Partiendo de un acontecimiento histórico – la Asamblea de Jerusalén - Lucas muestra como en las comunidades, con gran cantidad de miembros provenientes del judaísmo y del paganismo, puede haber tolerancia y respeto por las sensibilidades de los hermanos. Así conduce el Espíritu Santo a los primeros seguidores de Jesús.
La última visión del Apocalipsis nos muestra la plenitud de los bienes esperados que llegan con la intervención de Dios en medio de su pueblo, la Iglesia.
Jesús se está despidiendo de sus discípulos, pero no lo hace para dejarlos huérfanos, sino que les deja a modo de testamento el mandato del amor, en el cual se hace presente en medio de ellos; y envía – además - el Paráclito a fin de que continúe entre ellos la misma otra comenzada por Jesús.
Pablo y Bernabé comienzan la misión evangelizadora por el territorio de Asia menor. Allí crecen las comunidades porque crece la palabra de Dios y entonces, eligen ministros para que la palabra se mantenga, la fe se consolide y se conforten los ánimos, aún en los malos momentos.
En un franco contraste entre dos mujeres, dos ciudades, hay dos proyectos, el del dragón, encarnado por Roma (= Babilonia) y el de Dios, encarnado por la Esposa (= Jerusalén, la Iglesia). Uno es proyecto de destrucción y muerte; en el otro, nada negativo tiene lugar. Es proyecto de fiesta y de vida.
El Evangelio presenta un "testamento", Jesús está por partir y deja una herencia a los que quieren ser sus "hijos": vivir como él en el amor. Ese amor, a los miembros de la familia, manifiesta la gloria de Jesús.
Siguiendo un esquema frecuente, Lucas presenta la predicación a los paganos en una ciudad luego del fracaso de la predicación a judíos. Luego, los discípulos son expulsados de la ciudad para dirigirse de allí a otro lugar. Todo esto permite que “la palabra crezca”.
En una visión ubicada en un paréntesis, se menciona una multitud que continúa el canto litúrgico por ser continuadora de la vida de Cristo, por seguir sus huellas y por dar la vida.
En una nueva unidad Juan retoma el discurso del buen pastor señalando los aspectos centrales de la relación de Jesús y las ovejas. La capacidad de arriesgar su propia vida en favor del bien y la vida de las ovejas lo une plenamente a la voluntad de Dios.
"¿No podrías convencerlo al Espíritu Santo que sople con claridad? ¿Qué marca rostros de encarnación y sean muy, muy parecidos a Jesús (oa Pedro, si quieres)?"
"Podés armar un buen equipo y soplarle al oído a esos de rojo… Pero, por favor, soplales fuerte y claro. A veces se distraen; Lamentablemente lo hemos vivido"
"Fuerte y claro ¿sí? Contales que hubo un concilio (podés pedirle ayuda a Pablo ya Juan con eso) que mostró otro rostro de la Iglesia"
"Dale, manda un último esfuercito, y después podrás descansar y seguir con los compañeros. ¿Puede ser?"
Los “apóstoles” son continuadores del ministerio de Jesús, y como él predican en el Templo, y como él son maltratados por las autoridades judías. Pero el espíritu santo los anima a continuar su misión.
La visión inaugural del centro del libro del Apocalipsis culmina con un canto litúrgico en homenaje al cordero degollado, pero de pie, resucitado. Todas las alabanzas de todos los pueblos cantan un amén festivo porque el libro de la vida podrá abrirse.
Nos encontramos con dos escenas en las que se manifiesta el resucitado a los suyos. Un signo en el “mar” permite reconocerlo como “Señor”. Pedro, por su parte empieza a seguir a Jesús en un amor capaz de dar la vida por su amigo.
La comunidad anuncia a Jesús pero también continúa con su ministerio de predicar y hacer signos y prodigios ante el mundo. Lo anuncia con hechos y palabras.
Una visión inaugural muestra a Jesús que se dirige a "Juan" presentándose a sí mismo para que luego él se dirija a las Iglesias con características que el A.T. atribuye a Dios.
En dos escenas Jesús se aparece a su comunidad otorgando los dones plenos esperados para el final de los tiempos. Por otra parte, se resalta la identidad entre el resucitado con el crucificado en los signos visibles de la cruz, pero - como el discípulo amado - el Evangelio se dirige a quienes creerán sin ver y así alcanzarán la vida plena de Dios.
El lavatorio de los pies es algo que deben hacer “unos con otros”, es la expresión del amor que es verdadero cuando se vuelve “servicio”; ese es el “amor extremo”.
La pasión según san Juan nos muestra un Jesús siempre soberano, del principio al fin es quien decide “voluntariamente” su situación; la comunidad de discípulos –representados en su madre y el discípulo amado- están al pie de la cruz y reciben el espíritu, y todo el AT alcanza en Jesús su plenitud.
Una síntesis del ministerio y pascua de Jesús da pie a la predicación a los paganos, y a que se derrame sobre ellos el Espíritu dando así lugar a la absoluta novedad de la universalidad.
La “comunión de los santos” permite que entre Cristo resucitado y la comunidad peregrina haya una relación tan estrecha que ya desde “ahora” vivamos como resucitados.
Los signos de la resurrección están presentes y allí deben los discípulos amados aprender a “creer sin ver”.
El sepulcro vacío no habla; incluso puede ser mal comprendido. Debe ser interpretado (los personajes celestiales son los que lo hacen), pero hay algo más que eso. Hace falta la palabra interpretativa, la fe de las mujeres y la comunicación del hecho.
Como un rey contracultural, montado en un burro Jesús se aproxima a Jerusalén donde la multitud de los discípulos lo reconoce como rey que trae la paz al ver las manifestaciones de Dios en su vida; mientras los fariseos se separan del grupo y quieren hacer callar el canto de alabanza.
Una serie de escenas nos presentan a Jesús despidiéndose de sus discípulos confirmando la “Nueva Alianza” que se sella con su sangre que será derramada, mientras que invita a los suyos a un modo de vida alternativo al de “las naciones”. Ante el Sanedrín se empiezan a pronunciar los principales títulos cristianos de la comunidad en forma de interrogatorio o de burla. Ante Pilato (y Herodes) Jesús se muestra como siervo sufriente, despreciado por la multitud. Ya en la cruz Jesús empieza a derramar más claramente el perdón que viene a traer, a la multitud, a las mujeres de Jerusalén, a los asistentes, y a un ladrón. Jesús muere como el “justo sufriente” que reconcilia. La presencia de las mujeres en la sepultura prepara su decisiva intervención a partir de la resurrección.
Aunque con frecuencia – y especialmente en los momentos de opresión y muerte - Dios parezca ausente; Él está presente haciendo nueva la historia, re-creando, y manifestando allí que en el pasado, presente y futuro camina con su pueblo en la búsqueda de liberación.
La experiencia de Cristo muerto y resucitado ha marcado a Pablo a fondo; tanto que todo lo que era valioso antes del encuentro, lo desvalora totalmente. Así enfrenta las críticas de los que lo acusan de mal judío. Tender hacia Jesús estando “en Cristo” es el camino en el que Pablo se encuentra y donde lo encontrarán los que estén dispuestos a seguir su camino.
Los grupos más religiosos pretenden poner una trampa a Jesús, Jesús no entiende la “religión” desde la Ley sino desde la persona; mientras la mujer era “objeto” –aunque le costara la vida - para atrapar a Jesús, Él la trata como sujeto, no la condena y la invita desde la misericordia a empezar de nuevo sin cargar con el estigma de la condena pública.
A modo de “espejo” con el relato del éxodo, desde la vocación de Moisés, la salida, el paso del mar, y el maná, se pone fin al tiempo de desierto. La llegada a la Tierra prometida, con características semejantes, marca el final de esta etapa y un nuevo comienzo, el del asentamiento. Cesa de caer el maná y se celebra la fiesta de pascua. El pueblo que vuelve del exilio en Babilonia también debe volver a empezar, reunirse, celebrar.
Pablo se presenta como “ministro de la reconciliación”, es decir “acerca de la reconciliación" que nos trae Jesús en la pascua a partir de su solidaridad extrema con la humanidad. Solidaridad que también manifiesta Pablo en su vida y su predicación marcadas por la gratuidad, a diferencia de sus adversarios.
La introducción presenta a Jesús comiendo con pecadores; este hecho desencadena la murmuración de los religiosos de entonces. La parábola que Jesús propone contrasta la actitud del Padre, derrochando ternura, con la del hijo mayor, que reclama justicia y no acoge a su hermano que ha vuelto. Presentando dos actitudes, Jesús nos confronta con “nuestra” actitud frente a los hermanos despreciados, y pecadores.
Moisés se encuentra con Dios que le revela su misión y su propio nombre para que sepa que lo acompaña en el camino de la historia.
En una homilía mirando el pasado de "nuestros padres" Pablo invita a sus destinatarios a no repetir los pecados de ellos sino a "mantenerse de pie". No se trata de creer que por recibir el bautismo y la eucaristía creamos estar en camino.
En un contexto histórico que algunos interpretan como "castigo de Dios" Jesús invita a la conversión. Pero esta ha de caracterizarse por los frutos que se dan en la historia.
El texto nos muestra a Abram que es invitado a poner en Dios su confianza en que la descendencia y la tierra prometida serán una realidad. Dios es fiel a sus palabras y a sus promesas.
Pablo es criticado por los que insisten en la necesidad de la circuncisión, y - en su apología - no solamente se defiende mostrando su fidelidad, sino que también les cuestiona el punto de partida que tiene que ver con una ciudadanía diferente.
El conocido episodio de la Transfiguración presenta, en Lucas, una serie de elementos características. Ya no es a los profetas sino a Jesús al que hay que escuchar. Él se encamina hacia Jerusalén donde ocurrirá un nuevo éxodo.