Comunicándonos
Nombramiento pontificio
La predicación de buenas noticias no es aséptica, y lo que es bueno para unos puede ser malo para otros. Jesús deja claro desde dónde mirarlas: desde los pobres.
La necesidad de comunicar buenas noticias precisa de personas "embarradas" entre las malas noticias para saber comunicarlas siendo "honrados con lo real".
La comunicación no es sólo con palabras; también lo es con los gestos y el nombramiento de la directora de EWTN en el dicasterio de Comunicación es una "mala noticia" aunque se la quiera disfrazar.
Comunicándonos
Eduardo de la Serna
En Argentina, en algunos ambientes, tenemos una muy mala experiencia con el término “comunicado”. Así se expresaba la Dictadura cívico-militar con bendición eclesiástica: “Comunicado No 1 del Estado Mayor Conjunto”, y, lo que se solía comunicar, era dolor y muerte. Obviamente las palabras eran elegantes, y disfrazaban intenciones y acciones. El terrorismo de Estado era perverso, no tonto. Pero el comunicado invitaba al temor a quien quería mirar la realidad escondida en palabras falsas (“algo habrán hecho”; “ahora hay orden”, etc.).
Es evidente que los seres humanos nos comunicamos, y la comunicación nos constituye; es imposible vivir sin ella a menos que elijamos vivir en una isla o el desierto. El ser humano es “en comunión”, aunque el individualismo vigente busque simularlo o ignorarlo… Pero, por cierto, la comunicación puede transmitir algo que, por ejemplo, alegre al auditorio o que lo preocupe, que lo expanda o que lo comprima. Es lo que podemos llamar “buenas noticias” (en griego, evangelio) o “malas noticias”. Ciertamente nadie quiere o se predispone positivamente para recibir malas noticias, mientras que cuando estas son buenas hasta el cuerpo lo expresa.
La Iglesia, que “existe para evangelizar”, debe comunicar buenas noticias. Para eso es, para eso existe… Y la Buena Noticia / Evangelio no es “en las nubes”, etérea, insustancial sino concreta (“he venido a anunciar buenas noticias a los pobres” dice Jesús). Sin duda eso no implica que siempre la Iglesia haya sido fiel a esta misión. Las vasijas de barro en las que se lleva el tesoro, en ocasiones se rajan o se rompen. Ciertamente ese fue el sentido del “pedido de perdón” impulsado por el papa Juan Pablo II al aproximarse el pasado fin de milenio. Hay muchas veces en las que no somos fieles, o que no lo son otros, pero, por cierto, mientras creamos en el Espíritu Santo como “alma de la Iglesia”, podemos seguir esperando a pesar de las tempestades. A veces tormentas también en la misma institución eclesiástica.
Valga todo esto para pensar la “comunicación” en la Iglesia. Ironicemos: no es una buena noticia para un ciego que va a caminar, no es una buena noticia para una persona con lepra que va a oír. La buena noticia que se debe comunicar debe ser “honrada con lo real”, de otro modo no sería “buena noticia” sino “opio del pueblo”. Por eso el comunicador (o comunicadora) de buenas noticias debe estar “embarrado”, inmerso en la realidad del dolor de aquellas personas que esperan, que claman y ante las cuales somos urgidos a la “compasión”.
Es sabido que la comunicación no es solamente con palabras. El testimonio, decía Pablo VI, es el primer momento de la Evangelización. Los gestos comunican. Que el primer viaje de Francisco fuera a Lampedusa, ¡dijo!; que el primer viaje del papa León fuera a Móntaco, ¡dijo! Y, en ese sentido, un nombramiento papal “comunica”; el Papa “dice” al elegir a fulana (o mengano) en un dicasterio. Pero, por supuesto, eso no impide, además, que haya quienes entienden mal, o que no quieran oír (“el peor sordo”); pero sin duda alguna “dice”. En lo personal tengo la sensación que muchos, fascinados con el papado anterior (no fue mi caso, lo aclaro) no pueden tolerar la frustración de los retrocesos cada vez más evidentes de León XIV y buscan resquicios aquí o allá para poder respirar desde el ahogo, “quieren entender”. Entonces, por caso, su lectura es, “¡qué bueno que eligió una mujer laica al frente de un dicasterio!”, sin mirar el punto de partida: la comunicación de buenas noticias. Ciertamente es importante y necesario el reconocimiento del lugar indispensable de las mujeres en todas las instancias vitales de la Iglesia, pero… Lamentablemente suelo creer que lo que para EWTN es una buena noticia para mí no lo es. Y lo aclaro mejor: el nombramiento de María Monserrat Alvarado (directora de EWTN) al frente del dicasterio de la Comunicación fue celebrado como “buena noticia” por Javier Olivera Ravasi, que se autopercibe cura católico, lo cual es claro indicio de que lo que el papa ha comunicado en el nombramiento es, sin duda ninguna, para muchos otros una pésima noticia. “Se acabó la joda” dijo, es decir, la que había empezado con Francisco. Que el papá de Olivera Ravasi esté preso (vergonzosamente con “prisión domiciliaria”, bastante laxa, por cierto) por cómplice de genocidio, torturas, violación y desaparición forzada de personas, para mi es una buena noticia, y ciertamente para su hijo, no lo es. La comunicación nunca es “aséptica” y con mucha frecuencia, lo que para unos es buena noticia, no lo es para otros, y viceversa… Precisamente por comunicar buenas noticias para muchos es que Jesús fue ejecutado por aquellos que las recibían negativamente.
Es evidente que “dentro” de la Iglesia hay, y ¡debe haber!, pluralidad de miradas, pero sin olvidar que esto es cierto dentro de una comunidad, o como los miembros de un cuerpo, al tomar la metáfora paulina. La mano y el pie son parte del cuerpo, pero una silla no lo es. Señalo esto porque a lo que somos invitados como seguidores de Jesús con la fuerza del Espíritu Santo es a vivir en comunión, no en una “obediencia debida”. Ha habido papas diversos en la Iglesia, ciertamente. Y muy diversos, en ocasiones. Estar en comunión con un papa no implica coincidir en todo, no implica siquiera estar a gusto… Debo confesar, como “hijo de la Iglesia”, que, en general, en este caso, no lo estoy.
Imagen tomada de https://es.wikipedia.org/wiki/Mensajero