Un santo para cada día: 15 de julio San Buenaventura

San Buenaventura
San Buenaventura

El 'segundo fundador' de la orden franciscana

Los siglos XII y XIII representan  la culminación de la Escolástica que jugó un  importante papel en la filosofía y teología cristiana de todos los tiempos. El triunvirato filosófico-teológico formado  por Juan Duns Scoto, (Doctor sutil) Tomás de Aquino (Doctor angélico)  y Buenaventura (Doctor seráfico)  elevaron las disputas escolásticas a unos niveles difíciles de alcanzar.

Juan de Fidanza que así se llamaba nuestro personaje de hoy, nació en Bagnoregio,  población  italiana (Viterbo) en la  Toscana, entre los años 1217 o 1218. El padre que llevaba su mismo nombre ejercía la profesión de médico y su madre  María tuvo que cuidarle con desvelos durante una grave enfermedad que sufrió durante su infancia  y de la que sanó por especial intercesión de S. Francisco de Asís a quien fue consagrado. 

Sujeto dotado de cualidades intelectuales excepcionales ingresa como alumno  en la Universidad de Paris a los 14 años, donde impartían sus lecciones acreditados maestros como Alejandro de Hales. En este periodo de su vida a la vez que su inteligencia se  llenaba de conocimientos su corazón se iba empapando del espíritu franciscano. Según sus propias palabras, la orden de S, Francisco le atraía porque veía en ella el hermoso maridaje  entre la sencillez evangélica y la ciencia. En esta orden acabaría ingresando siendo todavía muy joven para entregarse por entero y ponerse a su servicio  en cuerpo y alma. 

Al poco tiempo de haber  terminado sus estudios a pleno rendimiento le vemos  ya impartiendo clases en esta misma universidad. Durante un decenio que ejerció como profesor universitario  fue la admiración no solo de los alumnos sino también de los profesores. Esta lumbrera que causaba admiración en el mundo universitario estaba también dotado de unas cualidades humanas envidiables, entre las que había que destacar el buen juicio, prudencias, sencillez, paciencia, naturalidad, espíritu de oración y por supuesto la humildad, tal como viene a corroborar el hecho de que en una ocasión unos legados del papa  llegaron al convento para informarle de su nombramiento cardenalicio  y se lo encontraron lavando platos.

Logo de la Universidad de San Buenaventura
Logo de la Universidad de San Buenaventura

Aparte de intelectual de altos vuelos  era un hombre organizativo. La orden francisca hacía no más de 50 años que había sido fundada y necesitaba   una estructuración en toda regla, por lo que la Comunidad Francisca pensó en este hombre para desempeñar el puesto de  maestro general de la Orden en 1257 y la elección fue un acierto porque en estos momentos era exactamente la persona que  se necesitaba. Desde este nuevo cargo armonizó las corrientes enfrentadas que habían surgido con la muerte de su fundador.  Durante 18 años viajó por Francia, Alemania, Italia y España, celebrando capítulos generales y provinciales, elaboró unos estatutos equilibrados  y supo dotar de sólida  estructura la obra recibida en herencia, hasta el punto que podía decirse que si S. Francisco fue quien fundo la orden franciscana, Buenaventura fue quien la dotó de la organización necesaria para su correcto funcionamiento, por lo que mereció justamente que fuera considerado como “el segundo fundador”.

En cuanto escritor baste decir  que tanto en  sus obras teológicas como místicas encontramos una síntesis del pensamiento y la espiritualidad cristiana, expresados con claridad, precisión  y elegancia. Nada de particular tiene que las gentes buscaran su consejo, que papas y reyes le pidieran asesoramiento. En lógica consecuencia fue nombrado cardenal  y se le encargó la preparación del segundo concilio ecuménico de Lyon,  siendo él mismo quien se encargaría de dirigir los debates. Este sería su último servicio a la Iglesia y a su orden,  pues la muerte le iba a sorprender un 15 de Julio de 1274  poco antes de finalizar el concilio.  Semejantes a los honores y reconocimientos que este humilde franciscano tuvo en vida fueron los que tuvo después de su muerte, siendo reconocido y admirado  como, “santo” “doctor seráfico”, “ segundo fundador de la orden franciscana” y  “ príncipe de los místicos”

Reflexión desde el contexto actual.

Los escritos bonaventurianos siguen leyéndose en nuestro mundo dominado por la técnica, la velocidad y las prisas  como lo prueba el hecho de que  están siendo reeditados. El secreto de este hecho prodigioso está en que la obra de S. Buenaventura no es solo fruto de la inteligencia, sino también producto de los pálpitos del corazón y éstos no envejecen nunca. 

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