Un santo para cada día: 30 de octubre Serapión de Antioquía ( Maestro considerado Columna de la verdad )

Serapión de Antioquía ( Maestro considerado Columna de la verdad )
Serapión de Antioquía ( Maestro considerado Columna de la verdad )

Serapión asciende al obispado de Thmuis en  el año  338. Digno discípulo de S. Antonio Abad, del que fue amigo personal

Serapión es uno de tantos personajes que es necesario revindicar porque la historia no le ha hecho justicia.  Ha permanecido olvidado para muchos, siendo así que junto con Atanasio jugó un papel importante  en la política orientada a poner en práctica  en  todo Egipto las conclusiones del Concilio de Nicea, fue un colaborador eficaz  por lo que se refiere al control sobre los monjes y prelados, lo que le convierten en un servidor leal de la iglesia y en un obispo guardián de la fe, celoso evangelizador y luchador infatigable. “Columna de la verdad” le considera Basilio, “Santa llama de los egipcios” es para Atanasio, “ “Maestro espiritual” es tenido por Dídimo el ciego,  como “ Ángel de la iglesia de Thmuis” es saludado por Evagrio y  Jerónimo alaba su inteligencia y su vasta cultura.     

De Serapión sabemos que nació en el año 140 y que desde niño dio muestras de estar superdotado. Desde muy temprano mostró  su afición por la soledad y el  estudio de las Sagradas Escritura, lo que hace suponer que se crio en un ambiente familiar piadoso. Llegada la juventud abandonó su hogar para irse a vivir al Carmelo con los hijos de S. Elias, donde en un ambiente de paz y de silencio pudo profundizar en el conocimiento de las sagradas verdades, viviendo una vida humilde y sencilla, sin alardear delante de los demás de sus extraordinarias dotes intelectuales. Escondido en este refugio, pasaría un largo periodo de tiempo, hasta que la Providencia dispuso de él para llevar a cabo una elevada misión.

Serapión asciende al obispado de Thmuis en  el año  338. Digno discípulo de S. Antonio Abad, del que fue amigo personal. Pronto habría de distinguirse por su santidad en el ejercicio de su ministerio episcopal, pero sobre todo se iba a dar  a conocer como defensor de la ortodoxia, lo que le obligó a salir al paso y enfrentarse a ciertos errores que circulaba por ahí y que ponían en peligro la fe de  los fieles a él encomendados. Tal es el caso del montanismo defendido por Montano, Maximila y Priscila, los cuales defendían  en una especie de profetismo, que el fin de los tiempos se acercaba y que la venida de Cristo a la tierra era inminente, proponiendo una moralidad rigorista. Eusebio alude a una carta que Serapión escribió a los obispos y abades condenando dicha doctrina. Algo parecido sucedió con el docetismo, doctrina que defendía que la encarnación de Jesucristo solo era aparente.

¿Restos de San Serapión?

Serapión, no obstante, se distinguiría sobre todo por  su oposición al llamado “ Evangelio de S. Pedro”. Se trata de un texto antiguo que comenzó a circular y llegó a darse como auténtico, llegando a  leerse en algunas iglesias. En un primer momento Serapión se mostró permisivo, autorizando su lectura sin saber muy bien de qué iba la cosa, hasta que leyó el texto detenidamente y  entonces cambió de opinión, prohibiendo su lectura en las iglesias, no solamente esto, sino que escribió una carta a los  Fieles de Rhosos en estos términos: “En cuanto a nosotros, hermanos, recibimos a Pedro y a los demás apóstoles como a Cristo. Pero rechazamos los escritos que circulan falsamente bajo su nombre, como hombres experimentados que sabemos que tales escritos no nos han sido transmitidos por tradición”. Este asunto quedó zanjado con una disposición, ordenando que se borrara el nombre de S. Pedro que figuraba como autor de dicho escrito.

Si nos atenemos a la leyenda Carmelitana  Serapion habría muertoen el año 213

Reflexión desde el contexto actual

No cabe duda que después de tantos siglos de magisterio de la Iglesia y  de desarrollos teológicos y exegéticos, hoy  existe una conciencia mucho más clara sobre los misterios de la fe que la que hubo en  tiempos pasados, pero hemos de ser justos y reconocer que sin lo que ellos nos prestaron, seguramente no podríamos tener lo que hoy tenemos.

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