Arzobispo de La Habana celebra su 50 aniversario como sacerdote Cardenal Juan de la Caridad, a los fieles: "Yo sin ustedes no soy nadie"

Cardenal Juan de la Caridad
Cardenal Juan de la Caridad

En la emocionada homilía de su 50 aniversario de sacerdote, el cardenal ha tenido palabras de agradecimiento para todo el pueblo de Dios

"He llegado a estos cincuenta años por la Gracia de Dios y por la enseñanza de mi mamá que, con su ejemplo y por las enseñanzas de mi papá, que me enseñó las obras de misericordia espirituales"

"Me han ayudado mucho los misioneros, los matrimonios, los jóvenes, los diáconos, los sacerdotes y las monjas"

Por primera vez el también Arzobispo de La Habana cuenta que su padre fue preso político a comienzos de la Revolución y murió en esa condición

"Monseñor Mestril me ha dicho que espera que yo siga sembrando el Evangelio durante cincuenta años más, lo cual me gusta mucho"

"Pero, estoy dispuesto a estos cincuenta años más si ustedes me acompañan, porque yo sin ustedes no soy nadie"

25 de enero de 2022. Catedral de La Habana

Queridos hijos e hijas de la Virgen de la Caridad:

He llegado a estos cincuenta años por la Gracia de Dios y por la enseñanza de mi mamá que, con su ejemplo, me enseñó las obras de misericordia corporales; y por las enseñanzas de mi papá, que me enseñó las obras de misericordia espirituales, sobre todo esa obra que dice "corregir al que yerra" por las palizas y cintazos que me dio por desobedecer a mi mamá.

He sentido la llamada del Señor al principio de mi vocación en tres ocasiones:

Primero, siendo monaguillo de la iglesia de San José, cuando me vestí la casulla negra, escondido del sacerdote, me miré en el espejo y dije: "¡Qué bonito soy!".

Después, cuando durante un mes no hubo sacerdotes en Camagüey porque fueron expulsados, venían los misioneros y el padre Cabero a traer la comunión, y un grupo de católicos la distribuía en las diferentes casas, y en ese grupo estaba yo y decía: "si yo fuera sacerdote no habría que traer la comunión de Sancti Spíritus".

El padre Adolfo me preguntó después si quería ser sacerdote. Le dije que quería ser pelotero y él me dijo: "Hay muy buenos campos de pelota en el Cobre". "Voy para allá", y me di cuenta de que los seminarios no eran para formar peloteros, aunque en los tres seminarios había muy buenos campos de pelota.

El 25 de enero de 1972, en la iglesia Ntra. Sra. de la Candelaria, de Morón, Mons. Adolfo, por imposición de manos y oración consecratoria, me ordenó sacerdote. Fui designado a la parroquia de Morón y atendí tres pueblos: Violeta, Cunagua y Velazco. La iglesia de Velazco estaba destruida por personas que no sabían lo que hacían, y con un matrimonio extraordinario arreglamos cómo se pudo la iglesia. Y el día de las madres la reabrimos al culto. Al tocar las campanas, que hacía años que no sonaban, me sentí muy feliz. Y eso es un gozo interior que llevo dentro de mí. Que se renueva, sobre todo, cuando el padre Fernando toca las campanas de la iglesia del Ángel.

Viví, porque Mons. Adolfo lo pedía así a sus sacerdotes, en equipo sacerdotal, en Morón, en Ciego de Ávila, en Florida. Éramos, pues, un solo cuerpo, una sola alma. Rezábamos juntos. Planificábamos juntos. Misionábamos juntos. En la vicaría Ciego - Morón, los franciscanos, los diocesanos y las Misioneras de la Inmaculada Concepción, también éramos, pues, como las comunidades primitivas de los Hechos de los Apóstoles. Era una época en la que no se sabía quién era franciscano, quién era jesuita, quién era diocesano.

Me han ayudado mucho, pues, los misioneros. Hay misioneros que han marcado mi vida. Los misioneros de Cunagua, de Ballina, de Piedrecitas, de Céspedes; y un misionero haitiano que distribuía la Vida Cristiana por todos los pueblos y en una ocasión fue detenido para, pues, preguntarle por qué hacía eso… Por amor y fidelidad a Jesucristo.

Me han ayudado mucho los matrimonios. Su fidelidad, su entrega, su amor mutuo. Recuerdo, sobre todo, un matrimonio de Violeta. Se casaron a los dieciocho años. A los diecinueve vino el primer hijo. A los veinte el segundo hijo, y ella quedó inválida. Y durante sesenta y dos años él la bañaba, él atendía sus niños, ayudado por la familia, trabajaba, y se sentía muy feliz en su amor a la esposa. Ella murió. Él fue al entierro y al regreso, al entrar a la casa, acompañado de la familia, murió. ¿Quién dice que no se puede vivir el matrimonio natural, fiel, fecundo, sacramental?

Los misioneros de Florida iban visitando bateyes y pueblos, invitando a bautizos, para después formar Casas de Misión. En el patio de la PNR, de Margaritas Líneas bautizábamos a unos cincuenta niños. Al lado pasaba la línea del tren. Paró el tren en una parada, y no sé por qué, todavía no lo sé, el tren quedó todo el tiempo durante el bautizo. Los viajeros todos asomaban la cabeza por las ventanillas y por los estribos del tren.

Me han ayudado mucho los jóvenes que han sido fieles a la fe a pesar de amenazas de dejar la Iglesia, a pesar de sustos. Y me han ayudado mucho los novios vírgenes que han sido, pues, seguidores de la Palabra de Dios y que, como empezaron bien, ahora les va muy bien en el matrimonio.

Celebración
Celebración

Me han ayudado mucho los visitadores de enfermos. Sobre todo aquellos que visitan el Hospital Oncológico llevando rosarios, Nuevos Testamentos, estampas y ropa interior.

Me han ayudado mucho los diáconos que, pues, por su amor a la Iglesia y a la familia, son una luz para mi vida. Muy especialmente, el ejemplo y la enseñanza del primer diácono permanente Vicente Pérez y su esposa Iraida, pues también eso para mí ha sido una gran iluminación.

Me han ayudado mucho, pues, los sacerdotes y los diáconos que se encargan de la Pastoral Carcelaria. Ante las dificultades, perseverar, perseverar, perseverar…

Mi papá fue preso político, y en ese tiempo la familia se unió más, en ese tiempo recibimos la ayuda de la Iglesia, sobre todo la espiritual. Trabajando fuera de la cárcel, estando preso todavía, le dio un infarto y murió. Los gestos de ternura con los presos son, pues, caminos de paz y de esperanza.

A un sacerdote que celebra la Misa todos los días no se le olvidan sus difuntos, porque en cada Misa hay una intercesión por los difuntos. Los fieles que participan en Misa todos los días, todos los días rezan por sus difuntos.

Me he sentido, pues, porque así me han tratado, padre de las monjas, hijo de las monjas, hermano de las monjas. Ellas, pues, son para mí, un ejemplo de heroica caridad, un ejemplo de oración, un ejemplo de esperanza.

Celebración en directo
Celebración en directo

Mons. Juan de Dios quisiera ser párroco de Guanacahabibes. Mons. Manuel Hilario quisiera ser párroco de la Ciénaga de Zapata. Mons. Domingo quisiera ser párroco de Congojas. Mons. Juanín quisiera ser párroco de Los Perros. Mons. Willy quisiera ser párroco de Palma City. Mons. Álvaro quisiera ser párroco de Pilón. Mons. Serpa se siente muy feliz porque es párroco de Bahía. Y yo me siento muy feliz cuando, momentáneamente, soy párroco de Quivicán, de Managua, de Güira y de otros pueblos cuando hay un sacerdote enfermo o no puede asistir.

Mons. Mestril me ha dicho que espera que yo siga sembrando el Evangelio durante cincuenta años más, lo cual me gusta mucho. Pero, estoy dispuesto a estos cincuenta años más si ustedes me acompañan, porque yo sin ustedes no soy nadie.

Pido, pues, que recen por mí, para que el Señor logre lo que me pidió y pueda yo también lo que ustedes me pidan dentro de mis limitadas posibilidades y limitadas acciones; es mi oración personal por mí. Espero que ustedes ahora también recen por mí.

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