León XIV : "Nadie salva el mundo solo. Y ni siquiera Dios quiere salvarlo solo"

"Dios nos involucra en su historia, en sus sueños"

"En los problemas y en las bellezas del mundo, Jesús nos espera y nos involucra, nos pide que trabajemos con Él. ¡Por eso esperar es participar!"

Los signos de los tiempos
Los signos de los tiempos

En la audiencia jubilar, León XIV aprovechó el que la Iglesia acaba de entrar en la época de Adviento, para recordar a los fieles que es un tiempo oportuno para "estar atentos a los signos de los tiempos", la célebre clave del Concilio Vaticano II. Pero el propio Concilio -recuerda el Papa- asegura que esa lectura "nadie puede hacerlo solo, sino que juntos". Porque "nadie salva el mundo solo. Y ni siquiera Dios quiere salvarlo solo".

Y es que "Dios nos involucra en su historia, en sus sueños. Esperar, entonces, es participar" y eso es, precisamente lo que significa la expresión 'peregrinos de esperanza', es decir "gente que camina y espera, pero no con las manos en los bolsillos, sino participando".

Y, como ejemplo de lo que significa participar en el Adviento, León XIV citó a "Alberto Marvelli, un joven italiano que vivió en la primera mitad del siglo pasado" y "nos muestra que esperar es participar, que servir al Reino de Dios da alegría incluso en medio de grandes riesgos".

Creemos. Crecemos. Contigo
Alberto Marvelli
Alberto Marvelli

Texto íntegro de la catequesis del Papa

Queridos hermanos y hermanas, acabamos de entrar en el tiempo litúrgico de Adviento, que nos enseña a estar atentos a los signos de los tiempos. De hecho, recordamos la primera venida de Jesús, Dios con nosotros, para aprender a reconocerlo cada vez que viene y prepararnos para cuando vuelva. Entonces estaremos juntos para siempre. Juntos con Él, con todos nuestros hermanos y hermanas, con todas las demás criaturas, en este mundo finalmente redimido: la nueva creación.

Esta espera no es pasiva. De hecho, la Navidad de Jesús nos revela a un Dios que nos involucra: María, José, los pastores, Simeón, Ana y, más adelante, Juan Bautista, los discípulos y todos aquellos que encuentran al Señor están involucrados, están llamados a participar. ¡Es un gran honor, y qué vértigo! Dios nos involucra en su historia, en sus sueños. Esperar, entonces, es participar. El lema del Jubileo, «Peregrinos de esperanza», no es un eslogan que desaparecerá dentro de un mes. Es un programa de vida: «peregrinos de esperanza» significa gente que camina y espera, pero no con las manos en los bolsillos, sino participando.

El Concilio Vaticano II nos enseñó a leer los signos de los tiempos: nos dice que nadie puede hacerlo solo, sino que juntos, en la Iglesia y con muchos hermanos y hermanas, se leen los signos de los tiempos. Son signos de Dios, de Dios que viene con su Reino, a través de las circunstancias históricas. Dios no está fuera del mundo, fuera de esta vida: hemos aprendido en la primera venida de Jesús, Dios-con-nosotros, a buscarlo entre las realidades de la vida. ¡Buscarlo con inteligencia, corazón y manos arremangadas! Y el Concilio ha dicho que esta misión corresponde de manera particular a los fieles laicos, hombres y mujeres, porque el Dios que se encarnó nos sale al encuentro en las situaciones de cada día. En los problemas y en las bellezas del mundo, Jesús nos espera y nos involucra, nos pide que trabajemos con Él. ¡Por eso esperar es participar!

Signos de los tiempos
Signos de los tiempos

Hoy me gustaría recordar un nombre: el de Alberto Marvelli, un joven italiano que vivió en la primera mitad del siglo pasado. Educado en el seno de una familia según el Evangelio, formado en la Acción Católico, se licenció en ingeniería y se incorporó a la vida social en la época de la Segunda Guerra Mundial, que él condenaba firmemente. En Rimini y sus alrededores se comprometió con todas sus fuerzas a socorrer a los heridos, los enfermos y los desplazados. Muchos lo admiraban por su dedicación desinteresada y, después de la guerra, fue elegido concejal y encargado de la comisión de vivienda y reconstrucción. Así entra en la vida política activa, pero justo cuando se dirige en bicicleta a un mitin es atropellado por un camión militar. Tenía 28 años. Alberto nos muestra que esperar es participar, que servir al Reino de Dios da alegría incluso en medio de grandes riesgos. El mundo mejora si perdemos un poco de seguridad y tranquilidad para elegir el bien. Esto es participar.

Preguntémonos: ¿estoy participando en alguna iniciativa buena que comprometa mis talentos? ¿Tengo el horizonte y el aliento del Reino de Dios cuando presto algún servicio? ¿O lo hago refunfuñando, quejándome de que todo va mal? La sonrisa en los labios es el signo de la gracia en nosotros.

Esperar es participar: este es un don que Dios nos hace. Nadie salva el mundo solo. Y ni siquiera Dios quiere salvarlo solo: Él podría, pero no quiere, porque juntos es mejor. Participar nos hace expresar y hace más nuestro lo que al final contemplaremos para siempre, cuando Jesús regrese definitivamente.

Los signos de los tiempos
Los signos de los tiempos

Saludo en español

Queridos hermanos y hermanas:

Como peregrinos de esperanza, los cristianos estamos llamados a “participar” en la realidad, es decir, a implicarnos en ella, buscando a Dios con nuestra mente, nuestro corazón y nuestras obras, y reconociendo su presencia en los diferentes acontecimientos de la vida cotidiana.

Un ejemplo de esta participación es el testimonio de Alberto Marvelli, un joven italiano de Acción Católica que vivió su juventud después de la segunda guerra mundial. Comprometido en la política, se dedicó a socorrer a los necesitados. Murió en un accidente cuando tenía 28 años. Su vida es como el grano de trigo, que sigue dando mucho fruto, porque eligió servir al Reino de Dios.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española. Pidamos a nuestra Madre Inmaculada que nos enseñe a participar en la construcción de la Ciudad de Dios, ofreciendo nuestros dones con alegría y gratuidad. Que el Señor los bendiga. Muchas gracias.

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