El Papa emérito denuncia la "moral laxa" ante la sexualidad que consintió la pederastia Benedicto XVI culpa al Concilio Vaticano II de la explosión de abusos en la Iglesia

Francisco y Benedicto, en el Vaticano
Francisco y Benedicto, en el Vaticano Agencias

El Papa emérito rompe su silencio con un texto de 18 páginas en el que sostiene que tras mayo del 68 “la teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad”

“En varios seminarios se establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos”, denuncia Ratzinger, quien llega a hablar de veto a sus libros durante el postconcilio

El texto, que ha sido publicado con el consentimiento tanto del secretario de Estado, Pietro Parolin, como del Papa Francisco, a quien Ratzinger no ha pedido permiso, se centra en la cumbre antipederastia celebrada el pasado mes de febrero

A sus 92 años, Benedicto XVI ha vuelto a romper su silencio. Y lo ha hecho con un durísimo escrito, de 18 páginas, en el que culpa al Concilio Vaticano II de la crisis de abusos en la Iglesia, al entender que tanto Juan XXIII como Pablo VI permitieron una moral laxa frente a “la revolución sexual” de mayo del 68.

La teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad”, se puede leer en 'La Iglesia y los abusos sexuales', un texto que se publicará en la revista mensual "Klerusblatt" dedicada el clero católico en Baviera y ha sido adelantado hoy por varios medios de comunicación, entre ellos el "Corriere della Sera" o en español por Aciprensa.

El texto, que ha sido publicado con el consentimiento tanto del secretario de Estado, Pietro Parolin, como del Papa Francisco, a quien Ratzinger no ha pedido permiso, se centra en la cumbre antipederastia celebrada el pasado mes de febrero.

Maciel, Estados Unidos, Irlanda...

En el mismo, Benedicto traza una tesis rupturista con las reformas del Vaticano II, sin caer en la cuenta de que depredadores como Maciel comenzaron sus abusos en los años 40, que la crisis de abusos en EE.UU hunde sus raíces en los años 30 del siglo pasado o que el drama de la pederastia en Irlanda, por poner algunos ejemplos, se prolongó durante casi un siglo.

Para Ratzinger, que durante años fue el encargado de tramitar y juzgar los casos de abusos, la Iglesia dispuso una “justicia garantista” para con los curas pederastas durante años. Aunque no da pautas sobre cómo erradicar esta lacra en la Iglesia, sí subraya que los abusos han alcanzado estas proporciones “ante la ausencia de Dios”.

Bergoglio besa la mano de Ratzinger
Bergoglio besa la mano de Ratzinger Osservatore Romano

El documento está dividido en tres partes, en las que Raztinger analiza el contexto histórico que, en su opinión, llevó a la plaga de los abusos. “Intento mostrar que en la década de 1960 ocurrió un gran evento, en una escala sin precedentes en la historia. Se puede decir que en los 20 años entre 1960 y 1980, los estándares vinculantes hasta entonces respecto a la sexualidad colapsaron completamente”, denuncia el Papa emérito, quien asegura que, tras el Concilio, se fomentó “la libertad sexual total, una que ya no tuviera normas".

Grupos homosexuales en los seminarios

Frente a ello, denuncia Benedicto XVI, “la teología moral católica sufrió un colapso que dejó a la Iglesia indefensa ante estos cambios en la sociedad", hasta el punto de que “en varios seminarios (el Papa emérito se centra en Alemania) se establecieron grupos homosexuales que actuaban más o menos abiertamente, con lo que cambiaron significativamente el clima que se vivía en ellos".

“Parte de la fisionomía de la Revolución del 68 fue que la pedofilia también se diagnosticó como permitida y apropiada”, afirma, tajante, el Papa emérito, quien sostiene que “hasta el Concilio Vaticano II, la teología moral católica estaba ampliamente fundada en la ley natural, mientras que las Sagradas Escrituras se citaban solamente para tener contexto o justificación. En la lucha del Concilio por un nuevo entendimiento de la Revelación, la opción por la ley natural fue ampliamente abandonada, y se exigió una teología moral basada enteramente en la Biblia”.

Concilio Vaticano II
Concilio Vaticano II

“Al final, prevaleció principalmente la hipótesis de que la moralidad debía ser exclusivamente determinada por los propósitos de la acción humana. Si bien la antigua frase «el fin justifica los medios» no fue confirmada en esta forma cruda, su modo de pensar si se había convertido en definitivo”, subraya Ratzinger

“De hecho, en muchos lugares se entendió que las actitudes conciliares tenían que ver con tener una actitud crítica o negativa hacia la tradición existente hasta entonces, y que debía ser reemplazada por una relación nueva y radicalmente abierta con el mundo”, lamenta Benedicto XVI, quien afirma que “un obispo, que había sido antes rector de un seminario, había hecho que los seminaristas vieran películas pornográficas con la intención de que estas los hicieran resistentes ante las conductas contrarias a la fe”.

"Mis libros fueron escondidos"

Ratzinger, que durante décadas condenó a multitud de teólogos, se queja amargamente que, durante el postconcilio, “en no pocos seminarios, a los estudiantes que los veían leyendo mis libros se les consideraba no aptos para el sacerdocio. Mis libros fueron escondidos, como si fueran mala literatura, y se leyeron solo bajo el escritorio”.

En otra de las partes del documento explica que "el garantismo", un sistema basado "en garantizar por encima de todo los derechos del acusado" llegó "hasta el punto en que se excluyera del todo cualquier tipo de condena". Fue entonces, sostiene, cuando "de acuerdo con el papa Juan Pablo II" se decidió que era "adecuado asignar estas ofensas a la Congregación para la Doctrina de la Fe", que Ratzinger dirigía entonces. Ello hizo posible “imponer la pena máxima, es decir la expulsión del estado clerical, que no se habría podido imponer bajo otras previsiones legales".

Éste es el documento completo, según la traducción de Aciprensa.

Benedicto
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