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"Si muero en Alemania, que me entierren allí", el último deseo del emérito que Bergoglio concederá
Benedicto XVI está en Ratisbona. El anciano pontífice emérito, de 93 años, llegó el jueves a Alemania en un avión, rodeado de fuertes medidas de seguridad y sanitarias, para acompañar a su hermano Georg, de 96 años, cuyo estado de salud ha empeorado, al parecer irremediablemente.
Las pocas imágenes que se han difundido muestran a un Joseph Ratzinger visiblemente desmejorado, lo que ha destapado todas las hipótesis. La principal, con la que ya trabaja el Vaticano, es la respuesta a la pregunta: ¿Y si Benedicto XVI no regresara?
La hipótesis no es nada peregrina, pues Benedicto XVI permanecerá en Alemania hasta que muera su hermano, una situación que puede ser inmediata, o demorarse. Y, en todo caso, su regreso no sería inmediato, pues su salud seguramente no resistiría un nuevo viaje de vuelta tan pronto.
¿Podría morir Ratzinger en Alemania? Es una de las posibilidades que se plantean, con una derivada que, si bien no es deseada en la Santa Sede, de algún modo 'descomprimiría' la polémica sobre la cada vez más difícil convivencia de dos papas (especialmente, de sus entornos), en el Vaticano. No es baladí que Ganswein, que ya no ejerce como jefe de la Casa Pontificia, haya acompañado de Ratzinger en su último viaje.
Del mismo modo, la muerte de Ratzinger en Alemania, unido a su deseo de ser enterrado en su país de origen, aliviaría las complicaciones que, en los próximos meses, tendría un 'funeral de Estado' en la plaza de San Pedro. El coronavirus no facilita este tipo de eventos, presumiblemente multitudinarios, y que además podría convertirse en una ocasión para la movilización de los sectores antibergoglianos, algunos de los cuales podrían llegar a reivindicar la situación de 'sede vacante' tras la muerte del -para ellos- único papa legítimo.
A ello se suma la íntima unión entre Joseph y Georg. Los hermanos Ratzinger son como aquellos matrimonios que llevan toda la vida juntos: muere uno y muere el otro. Benedicto XVI ha impuesto su voluntad para acompañar a su hermano en sus últimos días, pues no se perdonaría que volviera a ocurrir como en la muerte de su hermana, a la que no pudo visitar.
De hecho, algunas fuentes apuntan que, durante el encuentro de despedida Francisco-Benedicto, el pontífice alemán sólo le pidió una cosa al argentino: "Si muero en Alemania, que me entierren allí". Un deseo, tal vez el último de un anciano, que Bergoglio hará cumplir a toda costa.
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