Palabras del decano del Colegio Cardenalicio en el funeral del cardenal fallecido Cardenal Re: "Cardenal Cacciavillan, espíritu de servicio y entusiasmo inquebrantable"

Francisco en el funeral del Cardenal Cacciavillan
Francisco en el funeral del Cardenal Cacciavillan

"El largo ministerio eclesial del cardenal Cacciavillan estuvo constantemente sostenido por la fuerza de su amor a Dios, a la Iglesia y al Papa", dijo el cardenal Re en su homilía con ocasión del funeral del presidente emérito de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (Apsa)

Posteriormente, Francisco presidió el rito de la Ultima Commendatio y la Valedictio

(Vatican News).- La mañana del lunes 7 de marzo el cardenal Giovanni Battista Re, decano del Colegio Cardenalicio, celebró la misa de funeral por el cardenal Agostino Cacciavillan, presidente emérito de la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (Apsa), fallecido la madrugada del 5 de marzo a la edad de 95 años.

La Santa Misa tuvo lugar a las 11:00 horas en el Altar de la Cátedra de la Basílica Vaticana. Al final de la celebración eucarística, el Papa Francisco presidió el rito de la Ultima Commendatio y la Valedictio.

Un cardenal entregado al servicio de la Iglesia

"El largo ministerio eclesial del cardenal Cacciavillan estuvo constantemente sostenido por la fuerza de su amor a Dios, a la Iglesia y al Papa, y fue llevado a cabo con un espíritu de servicio y un entusiasmo inquebrantable", dijo el cardenal Re en su homilía, destacando el significado del lema episcopal del purpurado "In virtute Dei", que se hace eco -como él mismo explicaba- de una expresión del Apóstol San Pedro, afirmando que es el poder de Dios el que actúa en sus ministros y reconociendo que es Dios quien salva al mundo con nuestra cooperación.

Ordenado sacerdote en la diócesis de Treviso en 1949, el difunto cardenal fue durante tres años vicario cooperador en la parroquia de Bassano del Grappa, después se graduó en la Universidad Gregoria y dedicó toda su vida al servicio de la Santa Sede. Pasó 31 años en las Nunciaturas Apostólicas, teniendo así la alegría de experimentar de primera mano la universalidad y la unidad de la Iglesia.  

Primero fue secretario en las nunciaturas de Filipinas, luego en España y Portugal. Posteriormente, durante ocho años, trabajó en la Secretaría de Estado con incansable dedicación durante el pontificado de Pablo VI. 

Una fe sólida y el valor de la verdad

"En todos estos encargos y tareas -afirmó el cardenal Re- el espíritu que animaba a nuestro difunto Hermano era idéntico: una fe sólida, el valor de la verdad en todas las circunstancias y el amor a las almas".

Por otra parte, el decano del Colegio Cardenalicio, recordó algunas cualidades que caracterizaban el espíritu y la personalidad del cardenal Cacciavillan:

«Se distinguió por su competencia doctrinal y su total fidelidad al Magisterio de la Iglesia. El "sensus Ecclesiae" fue el principio inspirador de todas sus actividades. Era apreciado en todas partes por su genuina espiritualidad, su viva inteligencia, su juicio equilibrado, su profundo sentido del deber y una sutileza de trato que despertaba estima y simpatía».

Cardenal Cacciavillan

De la mano de María, el encuentro con el juez misericordioso

Asimismo, el cardenal Re encomendó a Dios, "que es bueno y rico en misericordia", el alma de este "amigo y hermano nuestro", implorando para él "el perdón y rezando para que lo acoja en la inmensidad de su amor".

Y citando varias de las devociones del purpurado difunto (Don Bosco desde su juventud, luego a San José, pero sobre todo su devoción a la Virgen), el decano del Colegio Cardenalicio confió, pues, en que en el umbral del Paraíso "habrá encontrado a la Santísima Virgen María llevándole de la mano ante su Hijo, el Juez misericordioso".

Al final de esta celebración eucarística y tras la bendición del cuerpo que impartió el Santo Padre Francisco, el coro cantó:"In paradisum deducant te Angeli, in tuo adventu suscipiant te martyres et perducant te in sanctam civitatem Jerusalem", en español,"Que los Ángeles te acompañen al Paraíso y que los mártires te den la bienvenida a tu llegada y te conduzcan a la ciudad santa de Jerusalén".

"Esta es también nuestra oración por los queridos difuntos que, sirviendo fielmente a la Iglesia, sirvieron a Cristo", conlcuyó el cardenal Re.

Primero, Religión Digital

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