Día Mundial de las Misiones Cardenal Tagle: "La caridad genera caridad"

Cardenal Tagle
Cardenal Tagle

El Día Mundial de las Misiones, este año se celebra de modo especial mientras todo el planeta esta empobrecido por las olas de la pandemia de Covid

La llamada resuena claramente: "Aquí estoy, mándame", el eslogan de la Jornada Misionera nos recuerda que debemos ser "Tejedores de la Fraternidad" para vivir la solidaridad con los pobres

Listos para escuchar su voz, como lo señala el Cardenal Luis Antonio G. Tagle en esta entrevista que amablemente concedió en exclusiva a los lectores de "Popolo e Missione"

(Vatican News).- “Se necesita una ‘humanidad global’ acompañada de una solidaridad sin fronteras. Para hacer esto debemos ponernos a la escucha. Sí, el mes misionero nos llama a ponernos en escucha de Dios y de los pobres. De sus voces, de sus historias y de sus necesidades”, lo afirma el Cardenal Louis Antonio G. Tagle, Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, en una entrevista exclusiva concedida a la Revista italiana “Popolo e Missione” en su edición especial de septiembre/octubre de 2020, dedicado a Octubre Misionero.

Entrevista concedida a la Revista "Popolo e Missione"

“El mes misionero es una renovada invitación a escuchar la llamada de Dios, la voz de los pobres y el grito de la tierra. Ese ‘Aquí estoy’, de hecho, es una respuesta, generada por la escucha”. El Cardenal Luis Antonio Tagle comenta así el lema del Día Mundial de las Misiones de este año: "Aquí estoy, mándame. Tejedores de la fraternidad". El Cardenal filipino se centra en el eslogan, en torno al cual basa sus reflexiones en el significado mismo de la misión ad gentes.

Nacido en Manila en 1957, Presidente de Caritas Internationalis desde 2015, Tagle fue nombrado a finales de 2019 por el Papa Francisco Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. El Purpurado recibió a la redacción de “Popolo e Missione”, junto con el Director de Missio, Don Giuseppe Pizzoli, en la sede de la Congregación que da a la Plaza de España en Roma.

Eminencia, empecemos por la emergencia del coronavirus que ha marcando, desde hace meses, las noticias del mundo. ¿Qué cosa le dice la pandemia al mundo misionero y a la Iglesia?

«Se trata de una emergencia general, que afecta a toda la familia humana, trayendo consigo sufrimiento, víctimas, miedos. Un fenómeno, inesperado y doloroso, que une a todos – pueblos y Estados – en la debilidad, en la fragilidad, con efectos particularmente fuertes en países ya marcados por la pobreza. Para la Iglesia surge una lección de unidad, de solidaridad comunal: estamos llamados a responder a las necesidades de los demás.

Aquí en Roma veo el sufrimiento de los enfermos, de los que han perdido a un pariente o amigo, pero también de los que, quizás se han quedado sin trabajo, hacen la cola frente a las oficinas de Cáritas. Desde mis Filipinas recibo el mismo llanto que la pobre gente de Manila. Si abrimos bien nuestros corazones no podemos permanecer indiferentes a lo que sucede en otros continentes. El fondo extraordinario para Covid, junto con el grupo de trabajo del Vaticano para el período post-pandémico, son signos de la solicitud del Santo Padre, que a su vez crea una comunión entre todas las Iglesias locales. Es necesario llegar a las mujeres y hombres de todas las creencias que se ven afectados por esta enfermedad y sus efectos indirectos en las esferas económica y social.

Las historias de los misioneros en el mundo son una prueba más de una Iglesia en salida: como dice el Papa, "todos estamos en el mismo barco". Es una enseñanza para todo aquel que se llame cristiano: es necesario salir de sí mismo, de la autoreferencialidad para encontrar a la humanidad en el signo del amor de Cristo que nos hace hermanos».

El Fondo de Emergencia creado por el Papa Francisco para apoyar a las Iglesias de los países de misión frente a la pandemia ha sido confiado a las Pontificias Obras Misioneras. ¿Hay alguna petición de ayuda?

«Ciertamente. Desde varias diócesis de África, Asia y América Latina llegan informes de dificultades. Muchas comunidades han tenido que detener toda acción pastoral, muchas iglesias han sido cerradas, las actividades caritativas y educativas han sido frenadas: escuelas, orfanatos, ayuda alimentaria... El Fondo interviene en muchos casos. Y añado un aspecto importante: muchos nos llaman para contribuir en el Fondo, porque la caridad genera caridad».

Durante hace pocos meses se encuentra al frente de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. ¿Cuál es el perfil de la misión hoy?

«En el curso de la historia la idea de la misión ha ido unido a la Europa cristiana que enviaba sacerdotes y religiosos, y luego laicos, para llevar el Evangelio al mundo. Desde el norte planeta tenían que partir también dinero y oraciones. Pero con el Vaticano II entendimos que cada bautizado está llamado a dar testimonio del mensaje de Jesús: todos somos misioneros porque todos recibimos la "buena noticia" y la responsabilidad de vivirla y dar testimonio de ella, siempre y en todas partes. Evangelizar es un hecho de la vida cotidiana: la misión se convierte así en una experiencia espiritual, una vocación, un don».

Descubrimos también que el mundo está cambiando y que cada tierra es una tierra de misión...

«En la historia del cristianismo, el mensaje de Jesús parte de Palestina para extenderse a todos los rincones del planeta. La misión es un movimiento continuo en todas las direcciones. Durante algún tiempo hemos visto a sacerdotes y monjas de África y Asia llegar a Europa e Italia. Este intercambio es normal, enriquecedor. Ya no hay "quién envía" y "quién recibe". Así que la palabra "misión" debe yuxtaponerse con el término "evangelización", más amplio, 360 grados. Entendemos en este sentido que cada persona tiene algo que dar en la fe: su humanidad, su amor. Nadie es tan pobre como para no tener nada que dar, nadie es tan rico como para no necesitar algo que recibir. El amor que Jesús nos enseña es de todos y para todos».

Evangelización

Eminencia, hemos hablado de la pandemia y sus efectos. ¿Pero no existe el riesgo de olvidar otros problemas no menos importantes de nuestro tiempo?

«Mientras nos enfrentamos al Covid, no podemos bajar la guardia ante las guerras, el hambre, las enfermedades, las grandes injusticias que había antes y que aún persisten. Tal vez se puede decir que puede haber falta de fondos para máscaras, tratamiento o prevención de contagio, mientras que los gasto en armamento no terminan. ¿Cuánta gente muere cada día bajo las bombas, ya sea por una simple enfermedad no tratada o porque falta un puñado de arroz? ¿Cuántos niños no tienen escuela? Se necesita una "humanidad global" acompañada de una solidaridad sin fronteras. Para hacer esto debemos ponernos a la escucha. Sí, el mes misionero nos llama a ponernos en escucha de Dios y de los pobres. De sus voces, de sus historias y de sus necesidades».

Sacerdote en las calles de Manila, y ahora en Roma para un servicio "universal": su biografía es un signo de la globalización. Pero en el mundo los muros regresan: lo opuesto al sentido misionero. ¿Qué opina al respecto?

«Cuando descubrimos la globalización, hace más de 30 años, intentamos comprender sus caracteres y sus consecuencias. Imaginamos que las distancias se acortarían, que las barreras entre los estados y los pueblos caerían. En cambio, las fronteras se abrieron sólo para los ricos, para las multinacionales, para los países más fuertes; en cambio, los muros permanecieron para los pobres y las reacciones a la migración nos lo recuerdan. Tenemos barreras y muros en nuestros corazones. Es cierto que la globalización genera ansiedad, revoca las certezas de identidad, por lo que requiere el estudio y la comprensión de nuevos fenómenos y un mayor diálogo. Lo contrario de lo que les gustaría imponer el nacionalismo y el populismo. Necesitamos una governance multipolar y un corazón abierto a los demás pra que la globalización beneficie a todos los seres humanos. Aquí es también donde reside el sentido de la misión».

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