En el Día Mundial del Agua, el Papa implora no hacer de este elemento "un objeto de guerra" Francisco, en la audiencia: "En la Iglesia tenemos que evitar lógica del 'siempre se ha hecho así'”

Francisco, en la audiencia
Francisco, en la audiencia

"Es una Iglesia que encuentra dialógicamente el mundo contemporáneo, que teje relaciones fraternas, que genera espacios de encuentro, aplicando buenas prácticas de hospitalidad, acogida, reconocimiento e integración del otro y de la alteridad, y que cuida de la casa común que es la creación"

Citando la Evangelii nuntiandi, Francisco recordó que "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, [...] o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio"

"Sin el Espíritu Santo sólo podríamos hacer publicidad de la Iglesia, no evangelizar", improvisó el Papa durante su catequesis

En el Día Mundial del Agua, el papa Francisco ha lanzado un mensaje implorando no hacer de este elemento, cantado por san Francisco de Asís, "un objeto de guerra ni de especulación", sino que su sostenibilidad debe ser "asegurada a las generaciones futuras", a la vez que mostró su deseo de que la conferencia internacional que se está desarrollando sobre el agua "sirva para resolver los problemas de quienes padecen la escasez de este bien primario".

Igualmente, y dirigiéndose a los peregrinos polacos tras la catequesis de este miércoles, 22 de marzo, el Papa, recordando una jornada por la vida convocada en la cuna de Juan Pablo II, reiteró "la necesidad de proteger la vida humana desde la concepción hasta la muerte natural", recordando que "toda vida es sagrada e inviolable".

También, como es habitual, Francisco invitó a todos a que "no olvidemos estos días a la martirizada Ucrania, que tanto sufre".

El Papa saluda a los fieles presentes en la audiencia
El Papa saluda a los fieles presentes en la audiencia RD/Captura

Por otra parte, una reivindicación plena es la que ha hecho el papa Francisco en su audiencia general de la que ha llamado la "carta magna” de la evangelización en el mundo contemporáneo, la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de san Pablo VI, escrita en 1975.

Una exhortación que nos dice que el primer camino de la evangelización es el testimonio, y donde se constata que "la evangelización es más que una simple transmisión doctrinal y moral. Es en primer lugar testimonio del encuentro personal con Jesucristo".

Francisco besa a un bebé durante su recorrido previo a la audiencia
Francisco besa a un bebé durante su recorrido previo a la audiencia RD/Captura

En este sentido, y citando la Evangelii nuntiandi, Francisco recordó que "el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, [...] o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio", incidiendo también que en que "los destinatarios de la evangelización no son solamente los otros, aquellos que profesan otros credos o que no los profesan, sino también nosotros mismos, creyentes en Cristo y miembros activos del Pueblo de Dios".

Continua conversión y renovación

En este camino, el Papa indicó que Una Iglesia que se evangeliza para evangelizar es una Iglesia que, guiada por el Espíritu, está llamada a recorrer un camino exigente, de continua conversión y renovación", lo que "conlleva también la capacidad de cambiar los modos de comprender y vivir su presencia evangelizadora en la historia, evitando refugiarse en las zonas protegidas de la lógica del 'siempre se ha hecho así'”.

"Esta Iglesia -prosiguió- está completamente dirigida a Dios, por tanto, es partícipe de su proyecto de salvación para la humanidad, y, al mismo tiempo, enteramente dirigida hacia la humanidad. Es una Iglesia que encuentra dialógicamente el mundo contemporáneo, que teje relaciones fraternas, que genera espacios de encuentro, aplicando buenas prácticas de hospitalidad, acogida, reconocimiento e integración del otro y de la alteridad, y que cuida de la casa común que es la creación".

"Sin el Espíritu Santo sólo podríamos hacer publicidad de la Iglesia, no evangelizar", improvisó el Papa.

La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro
La audiencia se celebró en la Plaza de San Pedro RD/Captura

CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy nos ponemos a la escucha de la “carta magna” de la evangelización en el mundo contemporáneo: la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi de san Pablo VI (EN, 8 de diciembre de 1975). La evangelización es más que una simple transmisión doctrinal y moral. Es en primer lugar testimonio del encuentro personal con Jesucristo, Verbo Encarnado en el cual la salvación se ha cumplido. Un testimonio indispensable porque, sobre todo, el mundo necesita «evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente» (EN, 76); y además porque «el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, [...] o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio» (ibid., 41). El testimonio de Cristo, por tanto, es al mismo tiempo el primer medio de la evangelización (cfr ibid.) y condición esencial para su eficacia (cfr ibid., 76), para que sea fructífero el anuncio del Evangelio.

Es necesario recordar que el testimonio comprende también la fe profesada, es decir la adhesión convencida y manifiesta a Dios Padre e Hijo y Espíritu Santo, que por amor nos ha creado y redimido. Una fe que nos transforma, que transforma nuestras relaciones, los criterios y los valores que determinan nuestras elecciones. El testimonio, por tanto, no puede prescindir de la coherencia entre lo que se cree y lo que se anuncia.

Los fieles, en la Plaza de San Pedro
Los fieles, en la Plaza de San Pedro RD/Captura

Cada uno de nosotros está llamado a responder a tres preguntas fundamentales, así formuladas por Pablo VI: ““¿Creéis verdaderamente en lo que anunciáis? ¿Vivís lo que creéis? ¿Predicáis verdaderamente lo que vivís?” (cfr ibid.). No nos podemos conformar con respuestas fáciles, preconfeccionadas. Estamos llamados a aceptar también el riesgo desestabilizante de la búsqueda, confiando plenamente en la acción del Espíritu Santo que obra en cada uno de nosotros, impulsándonos a ir siempre más allá: más allá de nuestros confines, más allá de nuestras barreras, más allá de nuestros límites, de cualquier tipo.

En este sentido, el testimonio de una vida auténticamente cristiana conlleva un camino de santidad, basado en el Bautismo, que nos hace «partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos» (Const. dogm. Lumen gentium, 40). Una santidad que no está reservada a pocos; que es don de Dios y requiere ser acogida y que fructifique para nosotros y para los demás. Elegidos y amados por Dios, estamos llamados a vivir «como conviene a los santos» (Ef 5,3), a revestirnos de sentimientos de bondad, humildad, mansedumbre, magnanimidad (cfr Col 3,12), llevando los frutos del Espíritu (cfr Gal 5,22; Rm 6,22). Pablo VI enseña que el celo para la evangelización brota de la santidad. Alimentada por la oración y sobre todo del amor por la Eucaristía, la evangelización a su vez hace crecer en santidad a quien la realiza (cfr EN, 76). Al mismo tiempo, sin la santidad la palabra de la evangelización ««difícilmente abrirá brecha en el corazón de los hombres de este tiempo», pero «corre el riesgo de hacerse
vana e infecunda» » (ibid.).

Entonces, debemos ser conscientes que los destinatarios de la evangelización no son solamente los otros, aquellos que profesan otros credos o que no los profesan, sino también nosotros mismos, creyentes en Cristo y miembros activos del Pueblo de Dios. Lo somos tanto personalmente como en cuanto incorporados en la Iglesia, llamada a dar«testimonio de la propia solidaridad hacia los hombres y al mismo tiempo del Dios Absoluto» (ibid., 76). Para dar este testimonio, también la Iglesia en cuanto tal debe comenzar «con la evangelización de sí misma». Esta, de hecho, «tiene necesidad de escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos, necesita saber proclamar las grandezas de Dios, que la han convertido al Señor, y ser nuevamente convocada y reunida por Él. En una palabra, esto quiere decir que la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su
impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio» (EN, 15).
Una Iglesia que se evangeliza para evangelizar es una Iglesia que, guiada por el Espíritu, está llamada a recorrer un camino exigente, de continua conversión y renovación. Esto conlleva también la capacidad de cambiar los modos de comprender y vivir su presencia evangelizadora en la historia, evitando refugiarse en las zonas protegidas de la lógica del “siempre se ha hecho así”. Esta Iglesia está completamente dirigida a Dios, por tanto, es partícipe de su proyecto de salvación para la humanidad, y, al mismo tiempo, enteramente dirigida hacia la humanidad. Es una Iglesia que encuentra dialógicamente el mundo contemporáneo, que teje relaciones fraternas, que genera espacios de encuentro, aplicando buenas prácticas de hospitalidad, acogida, reconocimiento e integración del otro y de la alteridad, y que cuida de la casa común que es la creación.

Queridos hermanos y hermanas, os renuevo la invitación a leer o releer la Evangelii nuntiandi, en casa y en vuestras comunidades.

Audiencia papal

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