Audiencia a la comunidad del Pontificio Colegio Nepomuceno Francisco: "Una mujer sabe mejor que nosotros, los hombres, cómo construir puentes"

Un momento de la audiencia
Un momento de la audiencia Vatican Media

El Papa recibió en audiencia a la comunidad del Pontificio Colegio Nepomuceno, que lleva el nombre del mártir bohemio ahogado en el río Moldava en 1300 por no haber violado el secreto de confesión: "Hoy, mientras la guerra en Ucrania hace estragos, es necesario trabajar con firmeza evangélica y rezar para que nazca la reconciliación", les dijo Francisco

El Papa invitó a "intentar, en la vida concreta, tender puentes donde hay divisiones, distancias, malentendidos. En efecto, ser nosotros mismos puentes, instrumentos humildes y valientes de encuentro, de diálogo entre personas y grupos diferentes y opuestos"

(Vatican News).- Ponerse donde se abre un conflicto "para que dos orillas distantes y hostiles vuelvan a comunicarse". La oración, especialmente la "oración de intercesión", tiene este poder, el de crear un contacto en el terreno de las conciencias, hasta el punto de una insospechada posibilidad de diálogo, lo contrario de la liturgia de los misiles y los cañones, que convierten en escombros cualquier atisbo de entendimiento.

"Hoy, mientras la guerra hace estragos en Ucrania", el Papa se refiere a la "actualidad" de una homilía del cardenal Martini en 1991 para resaltar una característica de San Juan Nepomuceno, que murió mártir a finales del siglo XIV, venerado como "protector de los puentes" y con cuyo nombre se denomina desde hace unos 140 años el Colegio Pontificio recibido en audiencia por Francisco.

Primacía de la conciencia

San Juan Nepomuceno es un sacerdote íntegro que se niega a la exigencia del corrupto rey Wenceslao de que viole el secreto de confesión para revelar lo que la reina le ha dicho bajo el sello sacramental -una reina de cuya infidelidad el rey, un incurable infiel, sospecha que  existe- y por esta negativa, Juan paga con su vida, arrojado desde el puente de San Carlos de Praga al Moldava. Este testimonio, dice Francisco, "nos recuerda, hoy más que nunca, la primacía de la conciencia sobre cualquier poder mundano; la primacía de la persona humana, su dignidad inalienable". Pero hay, subraya el Papa, una forma aún más apremiante de honrar la memoria de un santo mártir muerto de esa manera:

"Intentar, en la vida concreta, tender puentes donde hay divisiones, distancias, malentendidos. En efecto, ser nosotros mismos puentes, instrumentos humildes y valientes de encuentro, de diálogo entre personas y grupos diferentes y opuestos (...) Pero las mujeres lo hacen aún mejor, eh..., para ustedes [dirigido a las mujeres presentes...]: construir puentes, porque una mujer sabe mejor que nosotros los hombres cómo construir puentes, y ustedes [de nuevo dirigido a las mujeres] les enseñan a construir puentes.

Miembros del Pontificio Colegio Nepomuceno junto al Papa Francisco

Miembros del Pontificio Colegio Nepomuceno junto al Papa Francisco

Luchadores, no líderes mundanos

Francisco advierte por enésima vez a los religiosos contra el peligro de la mundanidad espiritual -"lo peor que le puede pasar a un consagrado, a una consagrada", dice- y señala, sobre el ejemplo de Nepomuceno, ese "no a los poderes de este mundo para confirmar el sí al Evangelio", poderes que a veces son políticos o ideológicos o culturales que condicionan de manera sutil. Que su colegio, es el deseo del Papa, sea "casa y escuela de la libertad", sobre todo hoy que con la "decreciente presencia europea", los sacerdotes africanos y asiáticos que son sus huéspedes pueden constituir, indicó, "si se gestiona bien, una riqueza humana y formativa"

“El Señor -añadió- quiere que todos seamos siervos, hermanos y hermanas, no 'prima donna' o primeros actores, no protagonistas, y a veces protagonistas de historias tristes y mediocres. No. El Señor quiere que seamos luchadores: huyamos de la tentación de este protagonismo mundano”.

El humor que libera

Y capaces de una sonrisa liberadora, de un humor que resta importancia y no se toma en serio a sí mismo, prosiguió. Como, recuerda Francisco, el cardenal cardenal Tomàš Špidlík, "a quien yo", recuerda, "conocía muy bien".

"Lo conocía de cerca: ejerció su ministerio durante tantos años en su Colegio y con ese sentido del humor que era capaz de reírse de esto, de aquello, pero también de sí mismo. Uno muy bueno".

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