El Papa invita a los creyentes a “ser testimonio de que Dios ha impreso su imagen en nuestro corazón” Francisco proclama en la fiesta de la Virgen de Guadalupe que “su mensaje no tolera ideologías de ningún género”

Francisco en la fiesta de la Virgen de Guadalupe
Francisco en la fiesta de la Virgen de Guadalupe

“Dios quiere que acojamos ese don, que perfumemos nuestra débil realidad con obras de bien, creciendo en la virtud y eliminando odios y temores”

“si somos capaces de llegar al hombre, de llevarle el amor de Dios, no buscándonos a nosotros mismos, sino su bien, que es lo que Dios quiere, entonces, podemos decir que hemos empezado a construir ese Santuario que la Virgen pidió a Juan Diego y nos pide a cada uno de nosotros”

"Este mensaje nos defiende de tantas ideologías sociales y políticas, con las que con tanta frecuencia se usa esta realidad guadalupana, para justificarse y para ganar dinero"

Como hijo de la patria grande, el Papa Francisco siente una debilidad especial por la ‘Virgen morena’. Y, en la homilía de la solemne misa de su fiesta, celebrada en la Basílica de San Pedro, volvió a recordar la tilma de flores, con la que instó a que “perfumemos nuestra débil realidad con obras de bien, creciendo en la virtud y eliminando odios y temores”. Sólo así podremos decir que “hemos empezado a construir ese Santuario que la Virgen pidió a Juan Diego y nos pide a cada uno de nosotros” y a ser testigos de que “Dios ha impreso su imagen en nuestro corazón”. Porque, el mensaje guadalupano “no tolera ideologías de ningún género”.

Ambiente español en la Basílica, con cantos en español y concelebrantes latinoamericanos, como los cardenales Prevost,  Fernández, Sandri o Braz.

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Papa
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 Homilía del Papa

Celebramos hoy esta querida fiesta y el primer elemento que nos viene a la mente es la imagen de la Virgen impresa en el humilde vestido de un campesino —la tilma—, ahora expuesta a la devoción de los peregrinos que se acercan a la Madre de Dios.  

Es la imagen de la primera discípula, de la madre de los creyentes, de la misma Iglesia, que queda impresa en la humildad de aquello que somos y tenemos, que no vale mucho, pero que será algo grande en la medida que pueda trasmitir el mensaje de Dios. 

Para conseguir esto, la Virgen pide a Juan Diego un pequeño trabajo, recoger unas flores. Me parece que es una evocación clara de las parábolas del Reino, en las que Dios nos pide dar fruto. Las flores, en la mística, significan las virtudes que el Señor infunde en el corazón, no son obra nuestra.  

El acto de recogerlas nos revela que Dios quiere que acojamos ese don, que perfumemos nuestra débil realidad con obras de bien, creciendo en la virtud y eliminando odios y temores. Es significativo que Juan Diego no sea consciente de que esto imprimirá la imagen de la Virgen en su ropa, no es algo artificial, sino resultado de un gesto sencillo, que nace de la obediencia y de la fe.  

Si se fijan, en el mensaje de Guadalupe, las palabras de la Virgen: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”, cobran un nuevo sentido. Ese “estar” de la Virgen es quedarse permanentemente impresa en esas pobres ropas, perfumadas por unas virtudes recogidas en un mundo que parece incapaz de producirlas. Virtudes que llenan nuestra pobreza en la sencillez de pequeños gestos de amor, que van iluminando nuestra tilma, sin que nos demos cuenta, con la imagen de una Iglesia que lleva a Cristo en su seno. La imagen, la tilma, las rosas. Este mensaje así de sencillo, sin glosa. En la seguridad de que Ella es mi madre y está aquí. Y este mensaje nos defiende de tantas ideologías sociales y políticas, con las que con tanta frecuencia se usa esta realidad guadalupana, para justificarse y para ganar dinero. El mensaje guadalupano no tolera ideologías de ningún género.

Virgen de Guadalupe en Roma
Virgen de Guadalupe en Roma

Hay un último detalle que identifico como una prueba del Señor, más que como una debilidad de Juan Diego. La Virgen le da una cita, y él no acude a ella porque, enterado de la enfermedad de su tío, busca ayuda espiritual y material para él. El Señor tienta a Juan Diego poniéndole entre la disyuntiva de una obediencia a Dios, desencarnada del hombre, o un ser capaz de dejar a Dios por Dios, un saber íntimamente que, aunque lo que yo preferiría humanamente es poder encontrar a la Virgen, tener gracias de oración o consuelos espirituales, incluso el éxito pastoral de construir un Santuario como es hoy en día Guadalupe, lo que la Virgen quiere realmente, es que yo lleve a Dios a ese enfermo. Y esto no se hará con una falsa imagen de la Virgen en un gran templo que quedará vacío, sino yendo a buscar a los sacerdotes, aunque eso me aleje del proyecto que siento en mi corazón.  

La Virgen sonrió al ver que Juan Diego superó la prueba, y fue ella misma a visitar a ese enfermo, a él le reveló su nombre. Efectivamente, si somos capaces de llegar al hombre, de llevarle el amor de Dios, no buscándonos a nosotros mismos, sino su bien, que es lo que Dios quiere, entonces, podemos decir que hemos empezado a construir ese Santuario que la Virgen pidió a Juan Diego y nos pide a cada uno de nosotros, en nuestra responsabilidad de construir la Iglesia, de recoger las virtudes que deben perfumar nuestra pobreza y ser testimonio de que Dios ha impreso su imagen en nuestro corazón.  

Fiesta de la Virgen de Guadalupe
Fiesta de la Virgen de Guadalupe

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