El Cardenal Vicario del Papa a los empleados del Vaticano Gambetti: "En Navidad, es necesario tomar una posición; ser Herodes enfadados, o levantar el corazón"

Misa
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En la misa celebrada para los empleados de la Santa Sede, el Cardenal Vicario del Papa para la Ciudad del Vaticano ha subrayado la importancia de acoger el nacimiento de Jesús

La Navidad nos impulsa a elegir quién ser, si "enojados como Herodes" o capaces de " levantar los ojos del corazón" abriéndose a la vida con Dios y a sus sorpresas"

El cardenal no oculta los sentimientos que habitan en el corazón de todos, como la desolación, el miedo y la vergüenza; sentimientos que experimenta la humanidad, pero también la Iglesia, que se ve afectada por ellos

"La Iglesia no es el pueblo de los perfectos, sino el de los creyentes. Quién no se ha alejado de Dios por obtusidad, por miedo, por orgullo. Pedro es un testigo de la fe, no de la perfección", ha afirmado

(Vatican News).- Entre los bancos de San Pedro están los que atienden a los clientes de los "Spacci Annonari", los que mantienen limpios los jardines y los que custodian con amor y cuidado los tesoros de los Museos Vaticanos. Esta mañana esta variada humanidad de empleados de la Santa Sede ha participado en la misa de preparación a la Navidad, celebrada por el cardenal Mauro Gambetti, vicario general del Papa para la Ciudad del Vaticano. "Una misa -subraya el franciscano- para reafirmar la importancia de la misión de servir juntos a la Iglesia y al Papa".

Dios y la vida que estalla

En su homilía, el cardenal recordó las páginas de Isaías y la estrecha relevancia de aquel "breve instante en que os abandoné". Palabras que reflejan crisis como las que vive "la Iglesia, que -afirma el cardenal Gambetti- parece atravesar momentos de desánimo y oscuridad", pero la Navidad es la novedad que llega para trastocar porque "Dios está cerca y la vida estalla exuberante, la alegría es incontenible". Envuelve la ternura, la compasión y el amor del Señor "en una relación tan íntima que se expresa de forma palpable y poderosa en una relación esponsal". "Dios, el autor de la vida, se entrega a cada uno para hacer brotar su vida en cada uno de nosotros. "La Navidad - subraya - es la vida que nace siempre, es Dios en nosotros".

La Iglesia de los testigos no de los perfectos

El deseo del cardenal Gambetti es que esta vida habite cada vez más en el corazón de cada uno de nosotros, porque "esta misión que se nos ha confiado junto con el Santo Padre es la de ser custodios de la fe, de la Iglesia católica y testigos de la fe", una misión que hay que llevar al mundo con una claridad cada vez más viva.

El cardenal no oculta los sentimientos que habitan en el corazón de todos, como la desolación, el miedo y la vergüenza; sentimientos que experimenta la humanidad, pero también la Iglesia, que se ve afectada por ellos.  "Incluso nosotros aquí - añade - quizás lo somos especialmente cuando oímos y vemos comportamientos incorrectos por parte de alguien, cuando oímos insistentemente hablar de escándalos aquí. Así que me gustaría que compartiéramos la profecía que se nos dirige, para captarla. La Iglesia no es el pueblo de los perfectos, sino el de los creyentes. Quién no se ha alejado de Dios por obtusidad, por miedo, por orgullo. Pedro es un testigo de la fe, no de la perfección".

Elegir quién ser

"Cuando llega la Navidad, es necesario tomar una posición, porque uno puede ser como la gente que escucha a Juan, o como los doctores de la ley que no creen y no se bautizan, que no permiten que Dios realice su plan de salvación para ellos. De ahí la invitación a elegir en quién convertirse, quién ser: "Enfadados como Herodes; distraídos como los habitantes de Belén que no acogen a María y José; humildes trabajadores en espera de la vida como los pastores o como María y José, abiertos a la voluntad de Dios".

En lugar de perder el tiempo en murmuraciones -explica el cardenal Gambetti- o de dispersar la energía en el crisol de la tristeza o en la vacuidad de los juicios, es necesario levantar los ojos del corazón, dejándose asir por la promesa de la redención, abriéndose a las sorpresas de la vida".

Para afrontar la próxima Navidad, el deseo del Cardenal es dejarse sumergir en su vida y "convertirse en el lugar, el altar, el tálamo del desposorio con Dios y generar una nueva vida con él". Que nos convirtamos, pues, como "María y José, como los pastores, acogiendo la vida naciente porque así nos hacemos capaces de difundirla cada vez más, de hacerla crecer en nuestro trabajo, pero también en la familia y en los ambientes en los que vivimos".

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