"En su primer saludo, el Papa me dijo: 'Aquí estoy en lo que pueda servirte'" Jorge Carlos Patrón Wong: "El sacerdote de hoy tiene que estar muy cercano a Dios y a la gente"

(Virgina Bonard, Noticelam).- Extractos de la entrevista a monseñor Jorge Carlos Patrón Wong (mexicano, 58 años), designado a fines de septiembre del 2013 como secretario de seminarios de la Congregación para el Clero del Vaticano.El prelado quiere sacerdotes "cercanos a Dios y a la gente", reconoce que los abusos sexuales del clero con "una llaga abierta en el corazón de la Iglesia" y considera una "gracia" el convivir con el Papa en la Casa Santa Marta.


¿Lo sorprendió su designación?

Sí, efectivamente. Yo estaba trabajando como obispo de la diócesis de Papantla en México. Fue en el mes de septiembre cuando recibí a las 5 de la mañana una llamada telefónica del nuncio apostólico monseñor Christopher Pierre. Él me estaba llamando desde Francia. Él acostumbra en unas semanas del mes del septiembre pasar sus vacaciones con su familia. Yo contesté el teléfono pensando que era el despertador. Él simplemente me dijo: "monseñor Jorge Carlos, te hablo desde Francia, soy el nuncio apostólico, me acaba de hablar el secretario de estado el cardenal Bertone  y me dice que un mexicano será el encargado de esta nueva Secretaría para Seminarios que se va a iniciar en la Congregación del Clero. Así de sencillo: era el deseo del Santo Padre. Yo automáticamente brinqué de la cama y dije "¿qué?", totalmente sorprendido, pellizcándome, pensando que estaba soñando. Monseñor Christopher repitió lo que había dicho unos minutos antes y yo simplemente contesté lo que he contestado en cada ocasión que la Iglesia me pide algo. Desde que me ordenaron sacerdote, el arzobispo monseñor Castro Ruiz me enseñó algo que aprendí en el seminario de Yucatán en México, durante toda mi formación: que a lo que nos pida la Iglesia hay que decir que sí al estilo de María y después ver cómo cumplir la voluntad de Dios. La actitud siempre debe ser de un sí total. Porque uno descubre las razones por las cuales Dios le llama a una misión cuando es capaz, en la total confianza, fe y en el amor a la Iglesia, decir que sí. Esto es lo que he hecho de mi vida en estos 26 años de sacerdote.

¿Tuvo temor?

La verdad es que he aprendido a decir sí, y después uno vence los temores y los miedos porque ya dijo el sí aprobatorio. Recuerdo que desde seminarista aprendí a hacer eso: decir que sí. Esto me sucedió cuando me pidieron ser formador, que estudiara en Roma, ser rector del seminario, obispo coadjutor de Papantla, también cuando recibí la nominación para ser el obispo titular de Papantla... Después de decir que sí aparecen las preguntas pero en la confianza total de que uno no está buscando esto sino que es Dios el que hace una llamada de sus planes a través de los instrumentos de la Iglesia que son las personas que tienen que tomar las decisiones para que una misión se realice.

¿Cómo fueron sus primeros momentos en Roma?

Terminé mi tarea en México el domingo de Cristo Rey cuando clausuramos el Año de la Fe en la diócesis de Papantla. Hasta que me subí al avión que me traía a Roma fui consciente de que dejaba a un pueblo, a mi pueblo que Dios me había regalado desde hacía cuatro años como obispo. Y la primera pregunta que se me vino a la mente, al corazón en el avión fue ¿quién va a ser mi pueblo? Porque ningún sacerdote, ningún obispo, es un servidor sin pueblo de Dios. Y ahí, cuando en silencio en el avión, la respuesta fue muy sencilla: tu nuevo pueblo son los seminaristas, son los sacerdotes del mundo entero. Con esa visión llegué a Roma.

Así comenzó ese día. Era un mundo totalmente nuevo aunque había estado en Roma como estudiante y mi vida transcurrió entre el Colegio mexicano de Roma y la Universidad Gregoriana. Nunca había entrado a una congregación de la Santa Sede, ni en la casa Santa Marta, ni en los interiores del Vaticano. Como estudiante visité únicamente la Basílica de San Pedro. Ese día empecé a entrar, hasta físicamente, a un ambiente totalmente nuevo. Conocí personas nuevas que trabajan y viven en el Vaticano. Ese mismo día, al terminar lo que fue conocer ese segundo piso de esa Congregación en el Palacio de los Dicasterios, a la una y media de la tarde entré a la casa Santa Marta a la hora de la comida y allí viene una sorpresa: mientras yo estoy entrando, el Papa Francisco estaba saliendo de una reunión, me vio, vino a mí y me dijo "bienvenido". Y también me dijo una frase que me dejó mudo: "Aquí estoy en lo que pueda servirte". Cuando me recompuse le dije: "Santo Padre, yo soy el que está aquí para servirle". Y él sonrió y hasta se rió de mí y de mi respuesta, un poco de la broma que había hecho. Me dio una palmada en el hombro y me dijo: "Bienvenido y después hablamos".

Su función es absolutamente nueva en esta área de la Congregación para el Clero. ¿Cómo es crear un espacio nuevo junto al prefecto Beneamino Stella, conociendo la fuerte expectativa que significa esta renovación en los modos de trabajo de la curia romana que, con firmeza, va introduciendo el Papa Francisco?

La atención a los seminarios se realizó en las últimas décadas a través de un dicasterio de la Congregación de la Educación Católica. Y fue en enero del 2013, cuando el Papa Benedicto XVI toma la decisión de transferir la atención de los seminarios a la Congregación del Clero. Evidentemente, cuando llegamos monseñor Beneamino Stella y un servidor, la novedad es que somos nuevos: nuevo el prefecto y nuevo el primer secretario para los seminarios.

Durante estos primeros meses nos hemos dedicado tanto a presentar nuevos proyectos al Papa como para organizar un nuevo equipo y revisar todo aquello que se ha realizado para de eso retomar lo bueno, e impulsar una renovación de los seminarios desde una colaboración más estrecha de los obispos, de los rectores, de los formadores, instancias nacionales como las organizaciones nacionales de seminarios como las instancias continentales; en este caso sería el propio CELAM en el Departamento de Vocaciones y Ministerios.

A mí me ha ayudado muchísimo la experiencia de haber trabajado en América latina. Agradezco a Dios tal vez cuando hace años me pidieron bajo la Organización de Seminarios de América Latina (OSLAM) presidir esta organización de servicio pues nunca me imaginé que los planes de Dios eran únicamente a corto plazo: que yo aprendiera y compartiera muchas cosas en la OSLAM. Nunca me imaginé que todo ese trabajo allí y después los dos años que estuve en el Departamento de Vocaciones y Ministerios del CELAM me iban a ayudar a esta nueva tarea y misión de un corte universal.

Vayamos al tema de la formación de formadores para los seminarios. ¿Percibe usted aquí una deuda en la formación intraclesial con perspectivas de cambio? ¿La pluralidad de miradas dentro de la Iglesia se interpretan como riquezas, o también como incógnitas a resolver en equipos interdisciplinarios como el que usted está conformando?

Uno de los grandes retos de la formación hoy es la formación de formadores. En todas las reuniones que tenemos con obispos, formadores y rectores de seminarios aparece la necesidad urgente de que los formadores descubran esa vocación específica de ser formador. Porque las generaciones actuales necesitan de un acompañamiento personalizado bien fuerte. Es una realidad que la mayoría de los jóvenes de hoy no cuentan con una presencia materna o paterna en las familias como las teníamos en el pasado. Es cierto que nuestras familias tienen una conformación radicalmente nueva lo que trae una serie de consecuencias que es necesario tener en cuenta; el joven futuro sacerdote debe tener una amplísima y profunda experiencia de relación y de encuentro cotidiano con Dios pero de relación y de encuentro cotidiano con los demás: con la comunidad, con las personas, con las familias, con los niños, con los jóvenes, con los pobres. Simplificaría todo esto diciendo que el sacerdote de hoy tiene que estar muy cercano a Dios y a la gente.

A veces no es muy fácil. Muchas de las situaciones que nosotros vemos, donde no se transparenta el amor de Dios en las vidas sacerdotales, se deben a las lejanías que se tienen al propio Jesús del Evangelio, y a la lejanía al pueblo de Dios. Pero hay muchas razones para esto: culturales, familiares, situaciones de la propia historia de la persona, que los distraen o los hacen caer en una serie de tentaciones que terminan conformando una persona lejana al Jesús que le llama y lejana al pueblo de Dios que también le llama para ser parte de él y para servirle. Necesitamos de una experiencia importante en los seminarios, donde la cercanía con Dios y la vida comunitaria en las múltiples relaciones se haga realidad tanto en lo interno como en lo externo. Y digo interno porque la experiencia comunitaria del seminario es la primera gran experiencia de Iglesia amplia que tiene un joven.

Hace unas semanas mi papá fue llamado a la casa del Padre. ¿Y sabes quién le dio la absolución? ¿Sabes quién le dio la unción de los enfermos? Fue uno de los muchachos, de allá en Mérida, Yucatán, que yo recibí en el seminario menor. Y recuerdo muy bien que este muchacho con pelo largo... Muchos de los formadores decían "este tipo de muchacho no debe entrar al seminario". Y el padre espiritual del seminario el padre Pedro Echeverría y este servidor decíamos. "No. Todo muchacho que tenga una inquietud vocacional y que esa inquietud le haga cambiar profundamente su estilo de vida, sus perspectivas, lo transforme... ese joven tiene un espacio en el seminario". Ese joven, que algunos no querían que entrara al seminario, y que hoy es un excelente sacerdote, fue el que le dio los auxilios espirituales últimos a mi papá. Yo estuve feliz de la vida de que en la misa pública que se celebró estuviera él, joven, el padre Raúl. Aquel sacerdote amigo con el que compartí el ser formador. Apoyamos a este adolescente para que llegara a ser sacerdote. Estoy colocando aquí un ejemplo muy personal pero podría mencionarte muchísimos ejemplos de gran satisfacción como padre espiritual. Me sentí siempre como un padre espiritual de muchísimos sacerdotes porque compartí muchas cosas con ellos.

Se habla de "crisis de vocaciones" religiosas. ¿Cuál es su valoración de esta afirmación?

Me ha tocado en dos meses entrar en contacto con una gran cantidad de obispos de toda América y de Europa. Cuando se habla de crisis vocacional habría que tener mucho cuidado porque podríamos estar hablando de situaciones muy locales que son muy ciertas. Hay países en los cuales es dramática la escasez de la vida consagrada y la vida sacerdotal. Y, en cambio, hay otras partes del mundo donde se ve una presencia muy alentadora de jóvenes en los seminarios. Esto nos hace ver y prever que Dios sigue llamando a los jóvenes y colocando semillas vocacionales.

en todos los estratos sociales, de los pobres a los ricos. Entonces la pregunta es: la Iglesia, en su pastoral vocacional, ¿está llegando a esos ambientes con la fuerza que debería?

Si nosotros no llegamos con la novedad de que la vida debería vivirse desde una vocación, el mundo hace que los niños, los jóvenes y las familias, tomen la vida como una profesión. Simplemente y con todo lo que implica. Hay cosas muy básicas que tenemos que retomar e impulsar.

El abuso sexual en los seminarios de formación sacerdotal es un tema recurrente. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Cómo aborda el tema?

La realidad es muy dolorosa. Es una llaga abierta en el corazón de la Iglesia. El Papa Benedicto XVI ha tenido la valentía, justamente en el año sacerdotal, de pedir que entremos en una purificación en la Iglesia y esto nos hace mucho bien. No hay que descuidar en este tema que, gracias a Dios, tenemos excelentes sacerdotes, ejemplos de santidad y cercanía con la gente, que mantienen viva la presencia sacerdotal coherente y alegre en medio de nuestro pueblo. Sin embargo, existe la otra parte, dolorosa, y que no existe solamente en los seminarios sino en muchas instituciones -inclusive en la familia- y circunstancias en donde están los niños.

Lo que es una realidad es que la vocación sacerdotal tiene que fundamentarse en una sana humanidad y en una vida cristiana que poco tienen que ver con este tipo de patologías. Por una parte tenemos que ayudar a los jóvenes que atravesaron algunas de estas situaciones de vida a sanarlas para después poder ellos ofrecer sus propias vidas para sanar a otros. Y esto no necesariamente tiene que hacerse dentro del seminario. Por eso hablamos mucho de la formación humana, cristiana. La maduración se hace antes del seminario.

La globalización, la cotidianeidad de la presencia de los medios de comunicación, la vida en la red (Internet), ya como contexto socio-cultural actualísimo, ¿son tomadas en cuenta a la hora de decidir currículas y marcar orientaciones en los seminarios?

Es un tema recurrente cada vez que vienen los obispos a hablar de los seminarios. Es un tema sobre el que se han dicho algunas cosas, se han experimentado otras. Una de las tareas prioritarias que tenemos dentro de las normas básicas de la formación es que este tema (y otros) puedan ser incluidos de una manera explícita. Trabajo que ya hemos comenzado. Hay muchas experiencias, en muchos seminarios, con muchos tipos de resultados.

Debemos ser humildes en esto para reconocer que tenemos que compactar las experiencias para dar respuestas más adecuadas a una realidad que se nos adelantó, nos sobrepasó. Sin embargo, existe, hay muchas cosas positivas y tenemos que entrar en ella. La relación con los medios de comunicación es uno de nuestros pendientes y sobre todo la relación con el mundo digital, Internet, que entra en el corazón, en las conciencias, en la vida, en la estructura interna del seminario. Esa es la gran novedad. Nunca como hoy lo de fuera está dentro del seminario a través de las redes sociales y todo ese mundo de la comunicación. Entonces replantea el seminario una nueva relación con el mundo: porque ese mundo no está afuera sino que está adentro ya de la familia, de las mentes, del corazón, de las comunidades.

Hablando de cultura del encuentro, aparece inmediatamente el Papa Francisco. ¿Cuál es su relación con el Santo Padre al día de hoy y qué interpreta usted que le interesa a él fundamentalmente sobre los seminarios y la vida religiosa?

Voy a decirlo con una palabra. La gracia que algunos de nosotros estamos experimentando al vivir en la misma casa donde está el Papa, verlo prácticamente todos los días en el comedor, en la capilla, en la vida ordinaria, en su trabajo, donde se levanta a las 4.30 de la mañana, de 5 a 7 hace oración, estudia; lo vemos en su agenda de trabajo, en su simplicidad y sencillez porque come, desayuna, cena lo mismo que nosotros: todo esto es una gran inspiración. Nos permite ver que es posible vivir en la sencillez del evangelio la profundidad del evangelio, por una parte.

Segundo, esta inspiración que el Papa nos da con su vida diaria creo que debe ser un modelo de inspiración para que obispos y sacerdotes seamos inspiradores para la nueva generación, para los jóvenes que tienen semillas vocacionales. Seguir la escuela de Francisco -cuyo propio testimonio de vida en la convivencia cotidiana- hace que los valores del evangelio pasen no por una teoría, no por un esquema intelectual sino que se transmitan por la misma vida, por la misma experiencia espiritual cotidiana. Su ejemplo cotidiano nos da una gran luz en lo que deben ser las relaciones entre obispos-sacerdotes-formadores-seminaristas.

Cuando tuve oportunidad del hablar con el Papa Francisco sobre los seminarios, una palabra que él me repitió mucho fue "diálogo". Desde la Congregación del Clero que estemos abiertos a dialogar, a compartir, a encontrarnos. Esto nos va ayudar mucho a discernir qué es lo que quiere Dios en los siguientes años para la formación sacerdotal. La formación sacerdotal, como cualquier proceso de educación, es dinámica. Tenemos que estar siempre en dialogo entre nosotros mismos y con el Espíritu Santo para dar los pasos adecuados, los que con cada generación van a ser diferentes. Nuevos retos.

Y, por supuesto, el deseo del Papa Francisco de que cada sacerdote sea un gran discípulo de Cristo a través de su encuentro con él para ser un gran misionero. Estas palabras, discípulo y misionero, implica ser un aprendiz-alumno cercano de Jesús y estar siempre en contacto con la gente, con la misión. Estas son palabras recurrentes del Papa, no únicamente vinculadas a la formación sacerdotal sino a toda la vida cristiana. De una manera muy sencilla, da pautas muy claras que iluminan sobre qué dirección tomará todo el entramado complejo -otra palabra que el Papa ha usado- de la formación.

Lo diría así: necesitamos ejemplos-testimonios inspiradores de vida, hoy, en nuestros seminarios de formación, y necesitamos ese encuentro constante con Cristo y con la gente. Ser discípulos y misioneros.

Una curiosidad. Su apellido, Wong, ¿tiene origen oriental?

Es cien por ciento oriental, de Cantón, China. El 50% de mi sangre es oriental porque mis abuelos maternos tienen sangre china. El Patrón es occidental y mexicano.

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