Francisco vuelve a pedir que recemos "de un modo especial" por Ucrania El Papa en el Ángelus de la Asunción: "La Virgen anuncia un cambio radical, una inversión de valores"

Francisco, durante el ángelus de este 15 de agosto
Francisco, durante el ángelus de este 15 de agosto

"La Virgen profetiza que no son el poder, el éxito y el dinero, los que prevalecen, sino el servicio, la humildad y el amor. Mirándola en la gloria, comprendemos que el verdadero poder es el servicio y que reinar significa amar"

“¿Esa inversión profética anunciada por María toca mi vida? ¿Creo que amar es reinar y que servir es poder? ¿Que la meta de mi vida es el cielo, el paraíso? ¿O solo me preocupan las cosas terrenales y materiales?", se preguntó el Papa

Un canto apasionado a María, a su figura, a su ejemplo de servicio. En eso ha convertido este mediodía del 15 de agosto, el papa Francisco el ángelus en la solemnidad de la Asunción de la Virgen, y en donde, antes de despedirse de todos los presente en la plaza de San Pedro, ha insistido en que "sigamos pidiendo a María para que Dios done la paz en el mundo y recemos de un modo especial por la paz en Ucrania", en lo que ha sido su única alusión a acontecimientos de carácter internacional, tan presentes habitualmente en sus comentarios.

En la solemnidad de la Asunción de la Virgen, recordando el encuentro entre María y su prima Isabel, el papa Francisco brindó esta mañana una catequesis sobre el Magnificat, “ese canto de la esperanza”, señalando que su auténtico sentido no es tanto “hacer una crónica del tiempo”, cuanto “decirnos algo mucho más importante: que Dios, a través de ella, ha inaugurado un punto de inflexión en la historia, ha establecido definitivamente un nuevo orden de las cosas”.

Francisco se asoma a la ventana del Palacio Aspostólico
Francisco se asoma a la ventana del Palacio Aspostólico

“Ella, pequeña y humilde, ha sido elevada y -lo celebramos hoy- llevada a la gloria del Cielo, mientras que los poderosos del mundo están destinados a quedarse con las manos vacías. La Virgen, en otras palabras, anuncia un cambio radical, una inversión de valores. Al hablar con Isabel, mientras lleva a Jesús en su vientre, anticipa lo que dirá su Hijo, cuando proclame bienaventurados a los pobres y a los humildes y haga una advertencia a los ricos y a los que confían en su propia autosuficiencia. La Virgen, por tanto, profetiza: profetiza que no son el poder, el éxito y el dinero, los que prevalecen, sino el servicio, la humildad y el amor. Mirándola en la gloria, comprendemos que el verdadero poder es el servicio y que reinar significa amar. Y que este es el camino al Cielo”, señaló Bergoglio.

Fieles escuchan el ángelus
Fieles escuchan el ángelus

Siguiendo esa línea, el Papa preguntó: “¿Esa inversión profética anunciada por María toca mi vida? ¿Creo que amar es reinar y que servir es poder? ¿Que la meta de mi vida es el cielo, el paraíso? ¿O solo me preocupan las cosas terrenales y materiales? Es más, al observar los acontecimientos del mundo, ¿me dejo atrapar por el pesimismo o, como la Virgen, soy capaz de distinguir la obra de Dios que, a través de la mansedumbre y la pequeñez, realiza grandes cosas?” 

Según continuó Francisco desde la venta del tercer piso del Palacio Apostólico, “hoy, María canta la esperanza y reaviva en nosotros la esperanza: en ella vemos la meta del camino. Ella es la primera creatura que, con todo su ser, en cuerpo y alma, atraviesa victoriosa la meta del Cielo. Ella nos muestra que el Cielo está al alcance de la mano, si también nosotros no cedemos al pecado, alabamos a Dios con humildad y servimos a los demás con generosidad. Ella, nuestra Madre, nos lleva de la mano, nos acompaña a la gloria, nos invita a alegrarnos pensando en el paraíso. Bendigamos a María con nuestra oración y pidámosle una mirada profética, capaz de vislumbrar el Cielo en la tierra”.

Icono de María en la plaza de San Pedro
Icono de María en la plaza de San Pedro

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