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Monseñor Viola habló en nombre de todos los presentes en los Ejercicios Cuaresmales
Vatican News).- Unirse a todas las manifestaciones de buenos deseos enviadas al papa Francisco en el duodécimo aniversario de su elección a la sede papal. Esto es lo que hizo la curia romana antes de la Meditación vespertina de los Ejercicios Espirituales en el Aula Pablo VI que precedió también al rezo del Rosario por el Papa esta tarde.
En nombre de todos los participantes en los Ejercicios Cuaresmales en el Vaticano, monseñor Vittorio Francesco Viola, Secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, expresó su gratitud y afecto filial al Pontífice y a su misión apostólica. Se recordó con alegría el momento de la elección, "cuando la Plaza de San Pedro, repleta, acogió con alegría la bendición del nuevo Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal". Hoy, en la prueba de la enfermedad, «desde ese mismo lugar, como desde tantas otras partes del mundo, se eleva incesantemente la oración del pueblo de Dios, a la que también nosotros nos unimos en comunión de espíritu», son las palabras del Prelado.
En este Año Jubilar —añade Viola—, alimentamos la esperanza de que el mensaje de paz y fraternidad, al que estamos constantemente llamados, recordado por su enseñanza, se difunda entre los pueblos y entre las personas de buena voluntad. Y que en todos crezca el deseo de ser discípulos del Señor, testigos del Evangelio y constructores del Reino de Dios. Y además agradecen cómo el sucesor de Pedro les confirma en la fe: «guiados en la unidad», le aseguran «la cercanía afectuosa y la oración». Y finalmente lo encomiendan a la Virgen para que pueda «custodiarlo en la caridad de Cristo».
Monseñor Filippo Iannone, Prefecto del Dicasterio para los Textos Legislativos, dirige la oración mariana que introduce invocando a María, "salud de los enfermos". Se recitan los Misterios de la Luz por la salud del Papa. Tras las cinco decenas de Avemarías, se canta, como de costumbre, la Salve Regina, seguida de las Letanías Lauretanas y la invocación a Dios para que, por la intercesión de María, sostenga nuestra fe y reavive nuestra esperanza, para que ningún obstáculo nos desvíe del camino que conduce a la salvación. Por último, el canto Oremus pro Pontifice y la bendición de la asamblea.
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